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12/01/2005
 El título no es mío, es de Miguel de Unamuno cuando en julio de 1933 escribió un magnífico artículo donde se hacía eco de lo que ocurría entre el Gobierno y la Iglesia, con estas palabras: «la guerra civil que está enconando y entenebreciendo a nuestra pobre España. Porque es evidente que hay una guerra civil religiosa». Algo más de setenta años después, parece que la historia quiere repetirse porque no es normal que una vicepresidenta del Gobierno, sin ningún respeto, insulte a los curas llamándolos «unos señores tenebrosos» y que «siempre son los mismos los que ponen pegas a los avances». Añadía asimismo que con la nueva Constitución Europea «ganan los valores de la política, la laicidad, el peso del parlamento y las acciones de la mayoría». Es evidente que desde hace mucho tiempo España es laica, pero el ambiente que se palpa en nuestra patria sigue siendo católico hoy y siempre. Por eso Unamuno su artículo también nos lo ilustraba con esta anécdota: «Y esto nos recuerda lo de aquel liberal, acatólico y hasta agnóstico a quien como le dijeran: “¡pero usted es un católico”, replicó: “no, yo soy un anti-anti-católico, que no es lo mismo”». De alguna manera, esta anécdota viene a parecerse a lo que hace bien poco leía en un periódico y que declaraba un hombre de la calle: «Soy católico porque nací en una sociedad católica y estoy educado en esa cultura, aunque no crea en Dios». Todo esto que ahora parecen tímidas escaramuzas dialécticas no sabemos hasta dónde nos puede llevar. Hoy no se queman iglesias, pero se quiere suprimir la clase de religión cuando los frailes –vuelvo otra vez a Unamuno– «eran los pedagogos mejores y más baratos» y además «la Religión no es una medicina que haga daño», nos dice el cardenal Francisco Álvarez Martínez. Después vendrá el matrimonio homosexual, después el aborto libre en las primeras semanas de embarazo –muy recientemente en Asturias el fallo de un juez ha permitido que una deficiente embarazada de seis meses aborte, mientras la presidenta del Colegio de Médicos de Asturias dice que los médicos «no estamos preparados para matar niños ni mayores» y el vicepresidente «pide una reflexión sobre el hecho de matar un feto de seis meses»–, y después una serie de medidas contrarias a la moral católica entre las que no se descarta llegar hasta la legalización de la eutanasia porque llamar muerte digna a la eliminación de un ser humano es un perversión ética del lenguaje. Esto es, al parecer, lo que persiguen los socialistas que nos desgobiernan. José María García de Tuñón es historiador Los titulares de los periódicos del último día del año 2004 nos traen la noticia de la aprobación del Plan Ibarreche por el Parlamento Vasco. Dicha aprobación fue efectiva, como era previsible, gracias a los votos de tres diputados de Batasuna, llámese como se quiera. EL parlamento catalán se ha apresurado a manifestar su “respeto” por la decisión y ERC ha felicitado por el evento. EL lendakari ya ha anunciado un referéndum para la primavera y ha pedido entrevistarse con el sonriente ZP para iniciar las negociaciones. Hasta aquí la noticia. En cuanto a sus repercusiones inmediatas, nada nuevo: lamento de pretendiente despechado del PSOE, protesta del PP porque la mayoría parlamentaria en la votación se consiguió con los votos batasunos, “a pesar de las promesas del lendakari”, con lo que éste ha quedado mal, pero que muy mal... En definitiva, “fuese y no hubo nada” que dijo don Miguel. Empieza a notarse la urgencia de pedir responsabilidades. El asunto va mucho más allá del honor del Sr. Ibarreche en cuanto a su palabra –que a mí se me da un ardite- mucho más allá de una trampa legal, como las muchas a que nos tiene acostumbrados este “Estado de Derecho”; mucho más allá de juegos de partidos y de pactos en la sombra, de intereses económicos o de fanatismos racistas… El asunto se centra, nada más y nada menos, que en “la unidad indisoluble de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, como reconoce el artículo 2º de la Constitución vigente, si es que, efectivamente, aún sigue vigente y no nos hemos enterado. Los gobiernos y los regímenes políticos tienen la obligación de tomar las riendas de un Estado en un momento determinado de la historia; no importa, si me apuran, cómo las tomen, si por las urnas, por la violencia o por aclamación, porque ejemplos sobrados tienen todos los pueblos de las tres modalidades y, si nos ponemos a hilar fino, no existe “ legalidad de origen” en ningún rincón; lo que importa es la “legitimidad de ejercicio”, en decir, si ese régimen o ese gobierno ha servido fielmente a ese Estado, instrumento a su vez de una colectividad histórica llamada Patria. Así, regímenes y gobiernos deben plasmar y administrar la actualización del proyecto nacional, institucionalizado con carácter de fundación. De modo que regímenes y gobiernos pueden acertar, equivocarse, enmendar, corregir o reincidir; lo que no pueden hacer es arrogarse la capacidad de decidir un suicidio; trocear la herencia recibida y entregar las partes a las generaciones siguientes –y a regímenes y gobiernos siguientes-, del modo que los reyes medievales dividían los territorios entre sus hijos y deudos. Dicho más rotundamente, una Nación no es titularidad de régimen, gobierno, dinastía o constitución alguna, no les “pertenece”. El régimen de Monarquía Parlamentaria que en estos momentos rige España no parece entenderlo así. Ni el Partido Socialista que nos gobierna. Por ello, la exigencia de responsabilidades va mucho más allá de tres diputados separatistas del brazo político de ETA, mucho más allá del PNV, de ERC y de los parlamentarios separatistas vascos, catalanes o de cualquier región autonómica… La responsabilidad alcanza a los políticos y “expertos” que introdujeron la palabra “nacionalidades”, en la Constitución del 78, sabiendo que era una bomba de efectos retardados; y, si no lo sabían, también, porque se puede ser malvado pero no idiota… La responsabilidad alcanza a todos los partidos, de izquierda, de derecha o de centro, que han transigido con las maniobras del separatismo por estúpidas razones de número de votos o por otros motivos menos confesables… La responsabilidad alcanza a un gobierno del PP de mayoría absoluta, que dio una de cal y una de arena, que adoptó actitudes vergonzantes o irresponsables, como el desmantelamiento de un Ejército… La responsabilidad alcanza a otras posibles fuerzas políticas, que nunca se han conformado como alternativa por estúpidas rencillas, personalismos y gigantesca falta de visión histórica… La responsabilidad alcanza a la Corona, como representación del Estado español y como “motor del cambio”, que se dijo hace años, y que ha llevado la expresión de que “no está sujeta a responsabilidad” de un sentido puramente legal a un sentido práctico… La responsabilidad alcanza a una amplia mayoría de los españoles, frívolos y ausentes del interés por la cosa pública, patriotas de pandereta y de Selección de Fútbol exclusivamente, que habrán comido las doce uvas de fin de año sin advertir que España se les está desmoronando de entre las manos… A ellos y, lo que es peor, a sus hijos. A lo mejor ha llegado el momento de volver a gritar el “Delenda est” orteguiano, si no queremos que lo que resulte destruido sea España. Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria Como cada año, todo el mundo hace nuevos propositos y prepara nuevos planes de cara a ese nuevo año que empieza. Este plan que esta diseñado hace muchos años y que lleva ejecutándose desde otro tantos, aunque no es nuevo, sí se puede decir que este es SU año. En unos días comenzarán las rondas de entrevistas con los distintos partidos políticos, en casi dos meses se debatirá en el congreso y posteriormente.... bueno esto ya es un tema más resbaladizo en el que no quiero entrar, y no porque tenga miedo sino porque es mas una cuestión de política ficción que de asuntos mundanos. Por todo ello no es mi intención tratar ahora sobre el fondo ni las formas del plan Ibarreche, más bien quisiera haceros llegar algunas inquietudes que me acechan en estos días. Precisamente en muchos foros de debate se ha tratado, y desde miles de puntos de vista, este asunto, pero por eso he conseguido despejar mis dudas y aclarar mis ideas. Pero me quiero quedar con la idea de un articulista que argumentaba en Libertad Digital, que este plan era inviable y que todo el mundo estaba de acuerdo en que era imposible, que dicho plan saliera delante, y que por eso deberíamos estar tranquilos, pero entonces ¿Por qué sigo teniendo esta sensación que me corroe por dentro?. Este mismo pensamiento es el que comparto plenamente y es el que me lleva a imaginar el peor de los escenarios políticos posibles, aunque todo el mundo asevere que NUNCA se llevará a cabo. El día en que se aprobó el plan en el Parlamento regional de Vitoria miles de pensamiento y sensaciones se entremezclaban confusos, ese día estuve paseando por las calles de Bilbao y lo peor de todo era la sensación de indiferencia que se palpaba en el ambiente, no se desbordaba la euforia por las calles, ni tampoco se percibía un sentimiento de reprobación. Era esa indiferencia la que me hacía sentir miedo, la que me mareaba la cabeza. ¿No han conseguido lo que ya querían, por lo que tantos años llevan luchando?, entonces ¿no sería lógico y razonable que lo celebraran?, ¿por qué ahora esta desidia?. No quiero ser una aguafiestas pero nos queda un año muy dificil, tan dificil que es posible que se cumpla la rima de este año 2005 que empieza. Un año que viene cargado de incertidumbre, un año en el que mucho estamos denunciado el peligro que se nos cierne, y no sólo a los que habitamos estas preciosas tierras del norte de España, sino al resto de los españoles. El problema del plan Ibarreche no sólo afecta a los vascos, sino que directamente a los catalanes y andaluces que van detrás de ellos, e indirectamente al resto de "naciones" que irian unas detrás de otra como ya ocurrió con las autonomías. ¿Y entonces que? entonces ya será demasiado tarde. Miren ustedes, dejando a una lado las tendencias políticas, y siendo meramente objetivos se puede afirmar sin caer en la temeridad que nuestro gobierno es un gigante con pies de barro, casi hubiera preferido una victoria del PSOE por mayoría absoluta que este resultado. Esta debilidad del gobierno y no solo en la cuestión de recibir apoyos en los presupuestos, es el que hace inviable el delicado equilibrio de la gobernabilidad. La otra cara de esa misma moneda es el tripartito que impera en el gobierno vasco, esa misma debilidad pero que bien administrada se ha convertido en un arma poderosa, tan poderosa que sólo necesitaba el apoyo de tres votos proetarras para inclinar hacia un lado o hacia el otro la balanza. Haciendo un pequeño inciso me gustaría refrescarles la memoria sobre ciertas tomas de decisiones que me resultan bastante increibles: Con la entrada del gobierno del nuevo talante desaparece del código penal un artículo que penalizaba los referendums ilegales; 6 eran 6 los miembros batasuneros, y desparece el puesto de Josu Ternera justo días antes del debate sobre el plan, aunque ya se encargó Arnaldo Otegui de refrescarnos la memoria leyendo una carta de su jefe en el debate, y justo en el climax de la votación, Batasuna cambia su voto en lo que se puede calificar como el mayor esperpento y espéctaculo político que jamás se haya podido presenciar; el Fiscal General del Estado opta por no recurrir la sentencia del caso Atutxa, pese al desacuerdo del Supremo con la sentencia dictadada por el Tribunal Superior de Justicia; casualmente unos meses antes era nombrada Jueza del Supremo una reconocida "amiga" del movimiento abertzale; cambian el sistema de elección de los miembros del CGPJ, por el cual una minoría de jueces liberales pueden bloquear decisiones de la mayoría. Les aseguro que yo preparo este explosivo cocktail en mi casa y me quedó sin ella. Resumiendo. Este plan es imposible que se lleve a cabo, pero se da el caso que tenemos al gobierno más débil, en cuanto a apoyos se refiere, de la reciente historia de la democracia española, y que dicho gobierno ha allanado el camino, consciente o inconscientemente, para que dicho plan pueda llegar tan lejos como su tenacidad les permita. Personalmente creo que el plan no se aprobará en las Cortes Generales, pero el daño ya está hecho y es irreparable. Aunque lo rechace la Cámara Alta el presidente vasco ha afirmado que lo someterá a referendum, ¿y como piensa impedirlo nuestro Presidente del Gobierno?. Lo repito se avecinan tiempos dificiles y sólo deseo para este nuevo año que empiezan Fortaleza y Valor para todos. Juan Pareja es experto en asuntos vascos Aunque a algunos les parezca que se ha hecho esperar, ya está aquí, ya llegó ese gesto que otros esperábamos no ver jamás. Llevábamos veinticinco años deseando no tener razón, pero Ibarreche y los suyos se han empeñado en dárnosla, aunque el señor Rodríguez el Talantoso continúe sin enterarse. La dichosa aprobación del Plan Ibarreche supone la prueba evidente de la debilidad de todo un sistema político y jurídico nacido de un consenso que en su virtud original incubaba la ponzoñosa serpiente que hoy nos amenaza. En su momento lo dijimos, aunque la euforia de la Transición —impulsada por la maquinaria partitocrática— llevase a la masa a aprobar en tromba devastadora una Constitución cuyos defectos y debilidades son cada vez más evidentes. Y, para mayor ironía y escarnio, cuanto ahora sucede es propio del sistema que “el pueblo español se ha dado a sí mismo”, una responsabilidad difusa que sobre los hombros del pueblo en lugar de hacerlo en la cerviz de sus dirigentes. Con la candidez del irresponsable —si no es con la responsabilidad del cómplice—, al señor Rodríguez el Talantoso le resulta imposible plantar cara al reto lanzado por los nacionalistas vascos, igual que sólo le muestra la flor que al final de su espalda porta ante la lujuriosa mirada de los nacionalistas catalanes. Incapaz de cortar el problema de raíz, denunciando la irregularidad jurídica que vicia los acuerdos parlamentarios de Guernica —donde HB mantiene su grupo parlamentario pese a las órdenes emanadas de quien puede dictarlas—, los socialistas han retirado las cortapisas penales a un hipotético referéndum sobre la soberanía de la Vasconia occidental, de modo que un acuerdo al respecto —un delito contra la ciudadanía española— podrá ser perseguido sólo por vía civil y administrativa, un sistema de defensa a todas luces insuficiente. Tras lustros de conveniente adoctrinamiento, va a resultar muy difícil volver a poner las cosas en su sitio. Después de no haber atendido las reiteradas amenazas del criminal contra nuestra madre, ¿de qué nos va a servir su detención cuando ya la haya asesinado? En el mejor de los casos, penará su culpa, pero nuestra madre habrá muerto y nada nos la devolverá. ¿Son capaces de entenderlo quienes tienen en sus manos la posibilidad —cada vez más menguada— de impedir la inexorable secesión vasca y catalana? Ellos no lo sé, pero yo he comprendido perfectamente la explícita amenaza de Ibarreche cuando aludió a las tortas como procedimiento para solucionar el supuesto conflicto vasco. Ciertamente, la dialéctica de los puños precisa de su uso por ambas partes, y no creo que el señor Rodríguez el Talantoso esté dispuesto a marcarle la jeta al lendakari. Ya sabemos todos cuáles son las “tortas” a las que tan aficionados son los nacionalistas vascos: puramente metafóricas, porque lo suyo son las pistolas, cuya dialéctica exigiría aún un mayor compromiso a los defensores de la unidad de la nación española. Por otro lado, no sé si la aplicación del artículo 155 de la Constitución no sería contraproducente, aunque me temo que a estas alturas de la película difícilmente supondrá una solución efectiva. Rafael Ibáñez Hernández es historiador En el prólogo de su libro de 1980 La paz ha terminado, decía el gran escritor Rafael García Serrano: “Muchos pensaban ya entonces que cuanto más se agravasen las cosas antes se arreglarían, sistema que equivale a dejar prosperar el cáncer para mejor curarlo, y abundaban los españoles solitarios, sin encuadramiento, esperando que surgiese la ocasión de tornar al buen cauce o a la aparición de alguna figura capaz de tomar las riendas a tiempo de evitar la catástrofe”; se refería el insigne periodista y escritor falangista a la desintegración que, desde el mismo seno del Movimiento, se estaba produciendo en el régimen del 18 de Julio. El asesinato de Carrero Blanco y la próxima muerte del mismo Franco haría desembocar a España en la llamada transición democrática. La caverna, el bunker, el inmovilismo, eran los “alias” que por aquel entonces se endilgaban a los más recalcitrantes del Régimen; al parecer, toda España, que poco antes se agolpaba en la Plaza de Oriente para aclamar al dictador, clamaba democracia, partidos políticos, urnas y ¡oh miseria!, autonomías. Los agoreros que veían un grave peligro en el estado de las autonomías que nacía a la luz de la nueva constitución, eran una minoría de facciosos irreductibles, catastrofistas, que auguraban el comienzo del fin de la unidad de la patria. Y aquí estamos, casi 30 años después, con el nacionalismo catalán imparable con la ayuda del PSOE y la incompetencia del PP, con un Plan Ibarreche en Vascongadas apoyado en los asesinos de ETA, qué imagen, ese Arnaldo Otegui bajando con una sonrisa por la escalera del parlamento vasco, leyendo impunemente en la tribuna de oradores una carta de su compinche Josu Ternera; ese abrazo posterior en el pasillo de Ibarreche y Arzallus y, para que la fiesta sea completa, los Reyes Magos les van a regalar la puesta en libertad del valiente gudari De Juana Chaos. Pues aún hay muchos españoles en su casa, esperando, algunos votando al PP con la nariz tapada, otros aguardando no se sabe qué. Hay quien, en un intento más voluntarioso que convencido, se acerca a alguno de esos partidillos minoritarios que, unas veces guiados por algún viejo iluminado trasnochado y otras por algún jovenzuelo más o menos temperamental que en cuanto encuentra trabajo estable y se casa, atempera el espíritu, se pone corbata y sigue apoyando moralmente a la causa. El intento más serio que en los últimos tiempos ha aparecido en el panorama político español enarbolando ciertos valores de los que muchos echan de menos en los partidos mayoritarios, ha sido la presentación de Alternativa Española. Puesta en escena espectacular en el Palacio del Parque Ferial Juan Carlos I, esperanzadoras palabras de su secretario general Rafael López Dieguez y un público nada casposo, pero... ¿dónde está AE?. Nos consta que este tipo de partidos tienen muchos problemas de financiación, son víctimas del boicot de una prensa en manos de los partidos parlamentarios y sufren el estigma del neofranquismo. Bien es verdad que las cosas en AE se están haciendo con precaución, con planificación y con la vista puesta en un camino largo y difícil, igualmente me consta la solvencia intelectual y humana de López Dieguez, pero quizá haya que dejar que aflore un poco el temperamento encausándolo con imaginación. Ha sonado la hora en que la patria necesita de sus mejores hijos y a esa llamada hay que acudir sin pensar en las consecuencias o en los momentos oportunos; los enemigos son muchos y están envalentonados porque no encuentran ningún tipo de oposición. He oído hoy día a quien, como hace años decía García Serrano de otros patriotas, dice que cuanto peor se pongan las cosas más fácil lo tendrán los que quieren una España mejor, pero quizás se encuentren que cuando quieran arreglar la casa se la ha llevado la ola gigante del separatismo, del terrorismo, del laicismo, del aborto y la eutanasia, de las familias contra natura, de la ineducación de los niños y jóvenes, de la televisión basura, de la delincuencia, de las mafias extranjeras, de los inmigrantes multiplicados por miles con sus culturas y religiones enquistadas en nuestros pueblos y ciudades, de la desaparición de nuestras mejores empresas en aras de la globalización capitalista, de la desertización de nuestros campos, vendidos a la subvención, desmontado por la Europa comunitaria, sigo, o es que aún no es el momento. Javier Compás es Licenciado en Historia Besalú es un precioso pueblo geronés con una gran riqueza humana y cultural. El Ayuntamiento de Besalú (en la fotografía) está gobernado por el Sr. Lluís Guinó i Subirós, miembro de Convergencia iUnió. Besalú es uno de tantos pueblos catalanes en los que se incumple la legislación vigente que establece que la Bandera de España debe presidir la instituciones públicas junto con las enseñas autonómicas y local. Desde lanoticiadigital.com le invitamos a seguir nuestra iniciativa pidiendo al alcalde de Besalú que la Bandera Española ondee en el Ayuntamiento. Puede enviar su petición al correo del Ayuntamiento besalu@ddgi.es Entre todos hacemos España, día a día.  EL SECRETO DE LOS ARCHIVOS Arrecia en estos días la ofensiva contra los archivos de Salamanca que los catalanes reclaman para sí. Pero nada se dice acerca de las verdaderas causas por las que se pretende desmembrar esos archivos que contienen datos únicos sobre la llamada “Guerra Civil” española. Cabe señalar que hay un principio científico bien conocido por los historiadores y profesionales de la investigación documental que prescribe la unidad de los archivos como base de su utilidad. Un archivo que pierda su unidad es un archivo que ha quedado incompleto y que deja de cumplir sus funciones. El rastreo documental de archivos fraccionados es un martirio que hace desistir a muchos de una búsqueda documental. Saltar de Barcelona a Salamanca y de Salamanca a Barcelona en cada uno de los tramos de una investigación plantea cortapisas que muchas veces son imposibles de salvar. Lo cual nos obliga a preguntarnos por las causas de que se haya desatado una tal pugna (que se venía arrastrando, aunque no con el encono de ahora) por “recuperar” esos archivos para el pueblo catalán. No hay tal recuperación: jamás han sido suyos, al menos con el sentido de propiedad que ahora pretenden y con que los reclaman. No son del pueblo catalán; y mucho menos de una parte del pueblo catalán que es la que ahora se empecina en el desfalco (mientras España ha sido una e indivisible, nadie, ni catalanes ni españoles de otras tierras, ha pretendido deshacer su unidad). Los archivos son del pueblo español en general y constituyen un patrimonio histórico que puede tener asiento en cualquier parte del territorio nacional pero que inevitablemente ha de obedecer al principio de unidad mencionado, sin el cual se destruye su propia utilidad. Pretenden que comulguemos con la rueda de molino de que se trata de un episodio más de las reivindicaciones catalanistas, como si quisieran recuperar algo de esencial importancia para su pueblo antes de consumar el desaguisado de la secesión de una parte del territorio. Pero no cuela: para que eso fuera verdad, sería necesario que realmente los catalanes separatistas sufrieran un ataque de erudición que les hubiese hecho volver la vista hacia las fuentes de su propia historia, reclamando un trozo de la misma que queda sepultado en áreas que son las que ellos pretenden que se conviertan en un extranjero. Estamos ya muy de vuelta de esas triquiñuelas del separatismo: ni han tenido nunca ni nunca tendrán interés alguno por la cultura que no han hecho más que destrozar y falsificar desde siempre. Y hay que ser muy zote para no percatarse de que precisamente la verdad de lo que pasó en los años 31 al 39 (muy en especial desde 1934) en España y en Cataluña, es algo que los sedicentes han tratado de ocultar desde el mismo momento en que finalizó la contienda. Como en el resto de España han hecho sus compañeros de viaje, socialistas, comunistas y demás castas de la antiespaña. ¿Cuáles son, entonces, la razones auténticas por las que parecen tener esa celera cerril que les ha llevado a poner a la cabeza de sus reivindicaciones políticas la de recuperar una parte de esos archivos, rompiendo su coherente unidad? Quien, dirá que es una de sus burdas tretas para distraer la atención del público y apartarla de temas mucho más graves. Me niego a admitir una explicación tan simplista: sabemos con certeza que la atención a esos otros temas de superior calado no se distrae con señuelos de ese jaez. Y ellos lo saben también; casi diría que no les interesa despistar al pueblo de su campaña separatista y de odio a España y a la Iglesia. Son asuntos independientes y como tales hay que tratarlos. Como siempre, no resulta difícil desvelar esas razones y desnudarlas de sus pretendidas ansias culturales, destapando verdades que quieren disimular bajo el disfraz contumaz de sus falsificaciones. Sucede que esos archivos han servido desde hace décadas para que eruditos de la historiografía se hayan dedicado a bucear en ellos y descubrir las evidencias en el fárrago de mentiras y patrañas que con torpe machaconería nos vienen contando sobre aquella década tan importante. Historiadores de casta científica y de investigación rigurosa, de los que se me ocurre ahora mencionar a don Ricardo de la Cierva, a don Pío Moa, a don César Vidal y a muchos otros que han sido igualmente serios y certeros en sus juicios, aunque sus obras no han alcanzado la amplia difusión de los primeros (y podemos mencionar a los hermanos, ambos generales del Ejército español, Salas Larazábal, don Ramón y don Jesús, a don Joaquín Arrarás, Burnett Bolloten y un largo etcétera) han encontrado materia más que suficiente en esos archivos para desmontar documentadamente las falsedades de los asertos pseudohistóricos de los Tusell, Tuñón de Lara, Santos Juliá, Antonio Ramos Oliveira, Paul Preston, Herbert R, Southworth, Ian Gibson y compañía y desvelar las verdades dentro del fárrago de mentiras de que nos han hecho víctimas los paniaguados de la historiografía. Ahora que el empeño devastador y segregacionista toma nuevos bríos, ahora que las campañas anticlericales, los culebrones de encono contra la Religión Católica y los intentos de desmembración de España se recrudecen por doquier, usando los mismos instrumentos de propaganda que ya usaron en otras ocasiones, porque parece que la progresía de capillitas masónicas no encuentra nuevos métodos para adormecer los restos de defensa natural que quedan en este pueblo, les es imprescindible que las fuentes que nos proporcionan los valiosos datos de la verdad queden ahogadas y se mueran para siempre. Mientras existan análisis serios en los que se desentrañan los acontecimientos del último ataque a España, muy difícil será que desaparezcan por completo los españoles estudiosos del desarrollo de los acontecimientos que alcancen a vislumbrar con claridad que estamos volviendo a las mismas, con los mismos procedimientos y con la proverbial caradura de los corifeos de la situación que han hecho de la mentira su caldo de cultivo natural. No os extrañe: ya Stalin, el prototirano del proletariado, planteó explícitamente el principio de que la mentira es uno más de los instrumentos de lucha de la revolución. Mienten hasta el punto de que hace unos años se descubrió (porque algún bienintencionado lo publicó) que en las famosas “ikastolas” en las que se prohíbe a los niños y jóvenes hablar en español, se estaban estudiando textos en los que se decía que España invadió en el siglo XIX a Vascongadas. Pronto me propongo comentar un texto, paradigma de la más cínica mentira, que he encontrado en vascongadas con el título de “Euskalerria”. Son contumaces en la propagación de embustes sobre la historia y sobre la ciencia (y ahora no me refiero a España, sino a toda la historia universal y a la ciencia en todo el planeta). Contra toda prudencia, las expanden y defienden una y otra vez a pesar de los mentís de profundos estudios que los derrotan con verificaciones documentales irrebatibles: llegan a la infiltración en los más altos grados de la enseñanza, incluso en cátedras universitarias en las que imparten sus interpretaciones amañadas. Y su pertinaz insistencia, propiciada por la mediática, consigue hacer verosímiles sus planteamientos aún para quienes vivieron los acontecimientos. Si consentimos en la destrucción, como pretenden, de rastros que son instrumentos de búsqueda de la verdad histórica, hasta los mejor dispuestos serían confundidos. Sin unos archivos documentales veraces quedaría desasistido todo esfuerzo por esclarecer la historia y quedaríamos a merced de sus falsificaciones, dando crédito a una concepción de Cataluña que ya recolectó los fracasos más horrendos y que ha proporcionado tantas desdichas a nuestra Patria, tantos crímenes ominosos que no podrían ser conocidos y evitados después de poco más de medio siglo. Tendríamos (como al parecer tendremos) que afrontar ahora una vuelta a los mismos errores y desmanes de entonces porque el desconocimiento de nuestra historia nos obligaría a repetirla incesantemente. Ya contamos con demasiadas generaciones (la mayoría de las que hoy viven) que han sido educadas en el desconocimiento de nuestra historia gloriosa y de los destinos patrios, que han tragado por cultura la larga ristra de infundios que hoy inculcan las escuelas a los jóvenes, adormecidos en el silencio de las cosas trascendentes y fundamentales para la concepción del mundo actual. Nos revelamos contra este nuevo intento de desposeer de los pocos instrumentos que aún quedan a disposición de quienes pretendan una erudición documentada acerca de hechos que fueron decisivos para nuestra Nación. Acabarán llevándose los archivos, porque es voluntad de los valedores de toda esta carroña que salgan de Salamanca; y por más que su alcalde quiera reforzarlos tapiando el edificio que los contiene, sus intenciones están ya sentenciadas por quienes tanto odio esgrimen contra la verdad. Y ¿sabéis cuál es el destino que espera a esa fuente de cultura y de sabiduría que tantos servicios ha prestado hasta la fecha? Su desaparición, su entierro en paradero desconocido, cuando no su inmolación en la hoguera en la que tantas obras de arte y tanta cultura ancestral se ha venido sacrificando en piras de holocausto real y pérfido. Ya nunca podremos acudir a esas fuentes de sabiduría, porque habrán desaparecido y porque nadie podrá ejercer sobre ellas una sana función de erudición y de descubrimiento de verdades refrendadas por documentación fehaciente. Estas son las causas y estos los destinos que provocan y esperan a nuestros queridos archivos de Salamanca. Y no descuidemos otras fuentes que esperan el turno de ser igualmente sacrificadas, como la Causa General. Que mi grito descarnado y mi protesta libre sirvan, al menos, para propalar que de nuevo nos ocultan las fuentes históricas en un esfuerzo ruin de que sus mentiras puedan campar sin respetos y sin derechos por el jardín de nuestra historia. Y para que guardemos como el mejor de nuestros tesoros los libros que historiadores serios y de raíz profundamente científica nos han legado después de fértil investigación. Ponen siempre a nuestra disposición documentos que nos hablan de los hechos reales y que destruyen la ficción creada por nuestros enemigos. Javier de Echegaray Enero 2.005 jechagaray@siapi.es _p.jpg) Yo no sé de qué se quejan tanto los católicos españoles, ni a qué viene tanto revuelo de sotanas episcopales y tanta queja de meapilas calvorotas y casposos. De modo que nuestro incorruptible Zetapé coloca en su gobierno de progreso paritario, plural y diverso a un pedazo de defensor de la fe que no se lo salta ni el caballo blanco del santo patrón de las pateras, y todavía hay quien anda poniéndole pegas y objeciones, tachándolo de laicista, de anticristiano, de ir contra la Iglesia, y de no sé cuantas chuminadas más. ¿Pero es que estos cavernícolas no se han dado cuenta del grado de catolicidad de nuestro pedazo de ministro de Defensa? Yo, de verdad, no sé a donde nos quieren llevar crispando tanto la situación. Mira que el hombre es bondadoso y benéfico, que hasta su propio apellido lo dice, pero nada, crispa que te crispa, y a dar por saco al Gobierno socialista. Porque a ver, mucho hablar pero... ¿quién estaba junto al cardenal González Martín (y mira que era facha el cardenal ese) acompañándole en su lecho de muerte? ¿Quién le atendió y confortó en los postreros momentos de su vida? ¿Quién? Pues Bono; pero si él mismo nos lo contó con humildad franciscana. Y si no le administró los últimos sacramentos fue, seguro, porque no le dejaron; por las estrecheces ésas de la liturgia arcaica y formalista de la Iglesia. González Martín no hubiera tenido mejor salvoconducto para la otra vida que una buena extremaunción administrada por Bono. Me imagino a San Pedro recibiendo al monseñor en las puertas del cielo: «Venga, anda, pasa padentro..., que si te confortó Bono, no necesitas mejor recomendación». Y a ver, ¿quién hizo las lecturas epistolares en la misa de Navidad de un campamento militar de esos que tenemos desperdigados por medio mundo, y quién apadrinó a los soldados que se iban a bautizar, sin duda alguna removidos por el ardoroso ejemplo de testimonio en la fe de nuestro ministro? ¿Eh? Nuestro Bono, el ministro católico del PSOE. Y otro ejemplo poco divulgado pero que conviene conocer, ¿a que no sabían que después de destituir personalmente a los generales por el asuntillo ese del accidente del avión Yakolev, nuestro ministro no sólo no les guardó ningún rencor, sino que después les invitó a comer en su casa? (Como para negarse). Eso es caridad cristiana y no las monsergas que nos largan desde los púlpitos. Y además es que el Bono es un tío redondo lo mires por donde lo mires, porque en materia doctrinal tampoco se queda atrás: sabe más que todos los del Vaticano juntos. Pero con formación ¡de la buena!, de la práctica, de la puesta al día en común y adaptada a los problemas de la modernidad, y no de esa de angelitos y demonios con tenedores con que los curas asustan a los chiquillos, sino de la que sirve para resolver las grandes demandas sociales de nuestro tiempo como sucede actualmente con el matrimonio de los hemosexuales. Todavía me acuerdo de la contestación que dio cuando le preguntaron qué pensaba sobre la aprobación por su Gobierno de este tipo de matrimonios de progreso, que dijo el tío que si el mismo Jesucristo bajase hoy a la tierra no se pararía a condenar esas minucias... Es lo mismito que aquello que decía San Agustín de «Ama y haz lo que quieras», pero adaptado a los nuevos tiempos: «Ama y hazlo como quieras». Y es que es verdad, joé, mientras haya hambre en el mundo, que se casen los hemosexuales. Eso es lógica y no la del Tomás de Aquino y todos los carcas esos que no sabían nada más que comerse el coco dentro de un convento. ¿Y con lo de las células madres...?, que por culpa de la Iglesia se nos ha muerto Supermán. Si le hubieran dado mano libre a mi Bono, Bernat Soria habría salvado no sólo a Supermán sino hasta a Ramón Sampedro; claro que esto nos hubiera privado de la película de Amenábar y del reconocimiento internacional de nuestra intelectualidad cinematográfica, en fin... Y es que nuestro Bono es divino, sirve lo mismo para un roto que para un descosido. Y eso que no he hablado nada de su faceta de patriota. ¿O no es patriota mi Bono que está convirtiendo a un ejército sedentario y apolillado en una humanitaria oenegé itinerante? Esta gente sí que va a conocer mundo, y no los legionarios romanos de los tebeos de Astérix. Porque a ver, ¿para qué queremos al ejercitospañó aquí cerquita, con lo pacífica que está nuestra patria? ¿Para asustar al pobre de Uriarte y de Setién? De nuevo son ganas de crispar. Como me han dicho que para ser Papa no hace falta ser cardenal ni obispo, ni siquiera cura, sino que basta con ser católico, yo no pierdo la esperanza de que la Iglesia abra las puertas a la razón y hasta al abecé de la ilustración espiritual, y cuando en su momento toque se sepan reconocer los méritos de mi Bono, y le nombren nuevo Papa. ¡Jé, no iban a cambiar las cosas ni ná con mi Bono en el Vaticano! Lo que iba a largar cuando se asomara a la ventanita esa del Plaza de San Pedro. Si hasta me veo a Zetapé de Camarlengo, que aunque no sé muy bien lo que es, suena de fábula. Anda que no iba a mandar lejos a los estirados esos de la Guardia Suiza. Se les iban a quitar toda la tontería que tienen encima: «A ver vosotros..., los del traje de colorines con el pincho y el sombrerito... ¡A Afganistán!». Este sí que sería un buen gesto que acercaría a la gente de progreso a la Iglesia. Que no se quejen tanto los carcas católicos españoles, que tenemos al mejor defensor de la fe en un ministerio socialista, en un ministerio que más que de Defensa, es de Defensa de la Fe. ¡Y luego dicen que el gobierno del PSOE va contra los católicos! Panda de casposos y desagradecidos... Miguel Ángel Loma es abogado Que para que yo vote la Constitución europea me lo tengan que aconsejar los señores Gabilondo, Butragueño, Loquillo o Cruyff (!sólo falta Rappel!) es tomarme a mí, y a cualquier persona que se respete, por el pito del sereno. Como lo es que intenten convencerme de que Europa garantiza la unidad de España. ¿Francia y Letonia, verbigracia, son garantes de nuestra unidad?. Para llegar a este grado de desprecio de la opinión pública, los políticos “eurointegristas” han tenido que basarse en que nadie ha leído la Constitución, lo cual es subsanable, deben creer, con una pedagogía para pardillos infantilizados. Ahora bien, si se profundiza en el conocimiento de los políticos respecto a los fundamentos de lo que defienden nos encontramos con un abisal pozo de ignorancia. ¿Han oído hablar Zapatero y Rajoy del “índice de poder de Banzhaf” y de la “regla SRL”?. A buen seguro que no, y sin embargo son esenciales en relación con el poder de España dentro del Consejo de ministros de la UE. El principio básico de equirrepresentatividad impone que el voto de cada ciudadano europeo tenga el mismo peso independientemente de su nacionalidad. Los sistemas de voto en el Consejo basados en la regla de la doble mayoría 55-65 (como mínimo 55% de Estados que sumen al menos el 65% de la población) sugeridos por la Convención Europea dan un excesivo poder a los países más poblados y a los menos poblados, perjudicando a países de rango intermedio (España, Polonia, Holanda, Portugal, Suecia, etc). Matemáticamente se justifica con el modelo “Impartial Anonymous Culture” (IAC), que supone la emergencia de un sesgo en la decisión de los ciudadanos. En el modelo IAC la asignación de mandatos en el Consejo de ministros es “proporcional a la población” de cada Estado (imagínense lo que sucederá cuando entre Turquía). Estoy de acuerdo que el susodicho principio básico de igualdad es brutalmente violado en el sistema de voto del Tratado de Niza, tan favorable a España, pero también con el sistema 55-65, que nos perjudica: Europa nace con déficit democrático por cuanto el voto de un ciudadano español pesa menos que el de un francés o un lituano. Sin embargo, puede probarse matemáticamente que el principio de equirrepresentatividad se cumple rigurosamente si el peso de cada Estado en el Consejo es proporcional no a la población sino a “la raíz cuadrada de la población”. Esto se conoce desde 1946 como la “Regla de Penrose de la Raiz Cuadrada” (Penrose’s Square Root Law, SRL). La idea de dar a cada Estado europeo un número de votos en el Consejo proporcional, “grosso modo”, a la raíz cuadrada de su población reposa en la utilización de un modelo matemático de voto, teoría de juegos cooperativos, al que se asocia el índice de poder de Banzhaf. Desgraciadamente, tal sistema de voto fue propuesto por Suecia, en el año 2000, y rechazado. Por tanto, querido lector, si algún “eurointegrista” le pregunta por qué vota “NO” sin haber leído la Constitución puede responderle, con la mayor solvencia científica, “pues porque según la regla de Penrose y los índices de poder de Banzhaf un ciudadano español vale en el Consejo mucho menos que los de Alemania, Francia, Letonia, Luxemburgo, etc., y no puedo avalar semejante déficit democrático”. Y, por supuesto, no es argumento decir que hay que votar “sí” porque los nacionalitaristas votan “no”: ¿si ellos sólo comieran pescado nosotros deberíamos alimentarnos exclusivamente de cerdo?.
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