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Opinión

DE LA VISITA DE LOS REYES A MARRUECOS (José María García de Tuñón)

DE LA VISITA DE LOS REYES A MARRUECOS (José María García de Tuñón) Recientemente todos los medios de comunicación nos han informado minuciosamente, de forma triunfalista y exagerada, todos los pormenores que produjo la reciente visita de nuestros monarcas al reino de Mohamed VI: «Bereberes dieron la bienvenida a los Monarcas españoles.».«Un colorista recibimiento».«Toda la familia real marroquí dio la bienvenida a sus huéspedes». «El Rey bebe leche de camella en el palacio real marroquí». Son algunos de los titulares que todos hemos podido leer con motivo de la real visita. Incluso frases tan cursis como la siguiente: «Los surfistas de Tarifa huelen el aroma de las especias y oyen las voces de los almuédanos que llaman a la oración. Y es que el sol sale por Mahoma».

Al segundo día de la visita de nuestros Monarcas, Don Juan Carlos acudió a Rabat para comparecer ante el Parlamento marroquí, donde estaban congregados los representantes de las dos Cámaras. La llegada a la capital de Marruecos se producía tras lógicas especulaciones sobre la cancelación de la visita a Tetuán –capital que fue del antiguo Protectorado de España en Marruecos–, con el consiguiente disgusto, digo yo, de mi pariente Alberto Aza nacido en aquella ciudad en 1937. En el esperado discurso de nuestro Rey señaló haber visto en Marruecos los «avances de las libertades democráticas, de las que hay muestras notables». Afirmación que no encaja después de que se conocen los informes proporcionados por entidades internacionales en sentido contrario. Llamó asimismo la atención la referencia de Don Juan Carlos a la «alianza de civilizaciones», propuesta formulada bastante recientemente por José Luis Rodríguez Zapatero.

Pero una vez dicho esto de manera escueta, quiero recordar que no he leído ni una sola línea del viaje que fue aplazado “sine die” en octubre de 1978 porque según nuestro Rey: «España no transigirá jamás en nada que pueda atentar a nuestra integridad territorial»; después de que el ministro de Asuntos Exteriores marroquí reivindicara los derechos de soberanía de Marruecos sobre las españolísimas ciudades Ceuta y Melilla. Este deseo sigue presente en el país vecino, aunque en estos momentos se encuentre en estado latente. La cínica actitud que aquel año tuvo el ministro marroquí, señor Bucceta, que al mismo tiempo que reivindicaba Ceuta y Melilla en Estados Unidos –haciendo de caja de resonancia de Hasan II–, aseguraba a la prensa española que «las relaciones de Marruecos con España son excelentes». Pues bien, después de tantos años la cínica actitud sigue en vigor porque la dinastía alauita, a través de algún miembro de su gobierno, siempre ha dicho que «la solución del contencioso será por vía negociada», pero estas palabras no son de fiar, y el que no lo quiera ver es que es ciego o mira para otra parte. Véase, en menor escala, y como prueba, el caso del islote Perejil.

José María García de Tuñón es historiador
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UN COMPROMISO ROTO (Manuel Parra Celaya)

UN COMPROMISO ROTO (Manuel Parra Celaya) La retirada de España del Sahara Occidental, cuando Franco agonizaba y quien más quien menos estaba iniciando su camino de Damasco, presentó aspectos muy turbios y vergonzantes que no es el momento de traer a colación, pero sobre los que habrá que insistir por aquello de la “memoria histórica”; lo cierto es que, a raíz de aquello, pareció crearse una especie de deuda histórica por parte de quienes creían en las grandes afirmaciones como el sentido del honor y de la dignidad colectivas. Se olvidaron incluso los agravios que el Frente Polisario había cometido contra España, pues flotaba en el inconsciente colectivo la idea de que el Estado español había cometido un agravio mayor con su retirada ante la Marcha Verde (presidida, no se olvide, por una gigantesca bandera de los Estado Unidos de América).

Pesaba especialmente en el ánimo la imagen de las mujeres y niños del Frente Polisario malviviendo en la hamada argelina mientras duraba la guerra, situación que no ha variado excesivamente desde que se firmó el armisticio y se fue abriendo paso la propuesta del Plan Baker, mientras, paralelamente, Marruecos lanzaba su población para “colonizar” amplias zonas del antiguo Sahara español.

Daba la impresión de que España lo tenía claro en su defensa de los saharauis, tanto por razones históricas y altruistas (el derecho de aquella población a constituirse en Estado) como por razones estratégicas y propias (la protección de Canarias). La sociedad civil española estaba en consonancia con los planteamientos estatales, y, así, surgían asociaciones de apoyo al pueblo saharaui, tanto desde las perspectivas humanitarias de las ONG como desde los resortes de la izquierda, con ecos de aquella “liberación” que antaño era bandera “progresista”. Incluso desde ámbitos juveniles escolares se protagonizaban envíos de material escolar a aquellas escuelas que enseñaban en español y estaban afincadas en jaimas; recientemente, nos llegó la iniciativa de la Organización Juvenil Española (OJE) con su “Operación ladrillo a ladrillo”, también dirigido a la infancia y a la juventud saharaui, y que parece seguir su trayectoria de compromiso y servicio.

Todo ello chocó brutalmente –como tantas otras cosas- con el atentado terrorista de Madrid. En los acontecimientos siguientes, saltó por los aires el muro diplomático que mantenía –maquiavélicamente- sujetos los intereses de Francia y de Maruecos; en la ¿carambola? se pronosticaba que saldrían perdiendo los saharauis. Y así ha sido. Los aplausos de los parlamentarios marroquíes al Rey de España tras sus palabras, aparentemente inocuas, sobre el tema, así lo demuestran.

Me temo que ya nadie va a preocuparse de una pequeña población, como es la saharaui, que va a ser deglutida, si Dios no lo remedia, por el imperialismo marroquí. Pasará a la historia oculta, ésa que no figura en los textos que van a estudiar (es un decir) nuestros escolares. De momento, la izquierda española ha cometido una gran traición, mostrando la distancia que va de la demagogia a la democracia. La derecha posiblemente se desentenderá del problema, pues tendrá suficientes puntos calientes en su supuesta oposición, y el tema saharaui “no vende”, no es popular. A escala internacional, nadie resultará valedor del éxodo de un pueblo que no es el “elegido”; todo lo más, algún “observador” de circunstancias se limitará a certificar la desaparición del República Sahauri, si es que alguna vez la han tenido en cuenta.

Los niños del desierto –y esto no es demagogia- dejarán de estudiar en español, y, lo que es peor, no podrán dejar de desdeñar a una España que los ha abandonado. Es mucho pedir que ellos y sus mayores sepan distinguir entre la “España real” y la “España oficial”…

Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria

LOS OLVIDADOS (Miguel Ángel Loma)

LOS OLVIDADOS (Miguel Ángel Loma) Juan y María fueron protagonistas involuntarios durante dos minutos en las noticias de una tarde ya demasiado lejana. Hoy nadie les recuerda, pero desde entonces ya no saben lo que es vivir sin el asalto de una imagen terrible que sigue reabriendo cada día una vieja herida en sus corazones. Algunas veces, cuando se descuidan y no apagan a tiempo la televisión o la radio, oyen hablar de tregua, de negociaciones, de escenarios de diálogo, de gestos humanitarios y desplazamientos de presos a cárceles más cercanas a sus familiares. Pero este no es el caso de Juan y María. Ellos no tienen que hacer largos viajes para ver a su hijo, ni esperar unos minutos para abrazarle, ni andan preocupados por cómo lo encontrarán... Saben que su hijo, lo que quedó de él, está siempre en el mismo sitio: en una fosa del cementerio de su pueblo. Porque Juan y María son padres de un joven asesinado por el terrible pecado de ser Guardia Civil y servir a España en una época en que asesinatos como el suyo, ocupaban dos minutos en los telediarios. Padecen la huella imborrable que supone ver a un hijo con el cuerpo destrozado y el rostro irreconocible, y aunque ya ha pasado mucho tiempo, son también muchos los días que se acuestan entre lágrimas de rabia e impotencia. Ni tienen tregua en su dolor, ni han recibido el mínimo gesto humanitario de los asesinos... Sólo recibieron miradas escupiendo odio desde la calle, un ataúd y una bandera, tras un funeral celebrado a escondidas en una fría iglesia medio vacía. Como Juan y María son gente sencilla que no saben de escenarios de diálogo, ni de graves cuestiones de Estado, su opinión no cuenta. Ellos no entienden de esas cosas. Sólo entienden de dolor, de noches en vela y de combatir recuerdos prohibidos. Como su hijo no era un político, ni un personaje importante, no gozan del consuelo de los aniversarios donde las autoridades de su ciudad se reúnen para homenajearle y recordarnos que murió por defendernos. Si algo saben, y demasiado bien, es que ni siquiera la muerte hace iguales a los hombres.
Miguel Ángel Loma es abogado

CRISTIANISMO, BASAMENTO DE LA CONSTRUCCIÓN DE EUROPA (José Luis Orella)

CRISTIANISMO, BASAMENTO DE LA CONSTRUCCIÓN DE EUROPA (José Luis Orella) Europa es un continente complejo y multicultural, pero en cuya matriz cristiana y clásica se ha formado la personalidad común de una sociedad, que cree en unos valores que han servido de pauta en la evolución histórica del mundo conocido. Esta herencia esta siendo la base de un proceso integrador de los diversos países europeos en un complejo sistema, que algunos piensan puede llevar a la constitución de los Estados Unidos de Europa.

En la historia de Europa siempre ha existido la idea de crear un espacio que abarcase a los diferentes pueblos del continente, en directo recuerdo al espíritu romano de su mitad sur. Los romanos consiguieron forjar en torno al Mediterráneo un imperio con sus leyes, costumbres, economía y modo de ver la vida, que se convirtió en sinónimo de orden, paz y progreso civilizador. Esta idea positiva de lo que fue el imperio romano fue seguido por el cristianismo, heredero de su cultura y quien supo imbuir este espíritu unificador en las mentes de aquellos bárbaros, convertidos en los demiurgos de una nueva era histórica.

La Renovatio Imperii fue intentada por los bizantinos de Justiniano con un evidente fracaso y por los francos que consiguieron con la legitimidad de la Iglesia la formación del imperio occidental de Carlomagno. La figura del emperador carolingio ha sido de gran importancia en el proceso unificador de Europa al presentar la antigua CEE unas fronteras similares al del imperio de Carlomagno, y asentarse sobre la cooperación francoalemana. El celebre emperador se ha convertido en el predecesor de la Unión Europea y en el personaje histórico más alabado como ejemplo de la amistad francoalemana, que es la base sustentadora del proceso europeísta.

En el profundo significado del imperio para la unidad de Europa. El imperio debía reforzar la unidad de toda la cristiandad, siendo como la realización de la ciudad de Dios. La aparición del que fue llamado Sacro Romano Imperio de Carlomagno, es para muchos el alumbramiento de Europa como unidad de civilización y fraternidad de sentimientos. Se puede decir que Europa nació en la Navidad del 800 en la Basílica Vaticana .

La figura del emperador en el aspecto político y la de San Benito de Nursia en el espiritual forman la dualidad creadora de Europa como algo más que una realidad geográfica. San Benito fue el pionero de las órdenes monásticas y quien vertebró la esencia europea en torno a la médula del cristianismo. Pero, este ideal unificador se ira perdiendo y aunque algunos emperadores conseguiran recuperar la imagen europea del Sacro Romano Imperio, el Renacimiento humanista despertará algunas conciencias nacionalistas contra el ideal de la República cristiana, heredada del Imperium Romanorum.

Carlos V de Alemania y I de España será el último de los grandes emperadores que con su persona simbolizarán la unión europea en torno al ideal cristiano, nacido con Carlomagno. El monarca Habsburgo, heredó una copiosa pluralidad de reinos a los cuales confederó en la fidelidad a la Fe cristiana, respetando sus particularidades jurídicas. Fue el último hombre que puede ser considerado como un estadista europeo, sin favoritismos hacia una nacionalidad determinada. Los intentos posteriores de unidad europea siempre han sido en el marco de la expansión de una nacionalidad, que ha utilizado este ideal como discurso legitimador de las posturas colaboracionistas de ciudadanos de otros países. El final del ideal de la cristiandad, abrió la caja de Pandora de los nacionalismos.

En el siglo XIX, considerado como el período del surgir de los nacionalismos, el gran corso por antonomasia, Napoleón, intentó con su ordenamiento de la Europa continental consolidar el predominio francés en toda la península. No obstante, su discurso político no respondía a los ideales unificadores de Europa, porque se realizaban en el predominio de Francia. Después de un equilibrio europeo mantenido por unos británicos dueños del resto del mundo. La Alemania unificada despertó como la gran potencia continental deseosa de ordenar Europa a su gusto. Hitler fue el que consiguió por un corto período de tiempo dominar casi la totalidad de la Europa continental resucitando un discurso europeísta, teñido de anticomunismo, para respaldar el expansionismo teutónico.

Tendrá que ser después de la II Guerra Mundial cuando el europeísmo aparezca como una realidad tenida en cuenta por las políticas oficiales de los países occidentales. La intelectualidad europeísta no existía, aquel amor a Europa formado en los años de la preguerra en derredor a la unión de los espíritus y de las personas había muerto.

El trauma de la Primera Guerra Mundial había invadido de pacifismo a la juventud europea, la paz sellada entre el alemán Stresseman y el francés Briand, ayudó a formar un Comité franco-alemán y congresos mixtos de juventudes en ambos países, fueron organizados por Otto Abetz y Jean Luchaire. Incluso durante la II Guerra Mundial, el espíritu europeo entre los belgas, holandeses y luxemburgueses fue tan fuerte que estuvo presente en las dos partes del canal. En 1944, los representantes de estos países refugiados en Londres firmaron la creación del proyecto del Benelux, una unión económica aduanera de los tres países. Idea que resultó común con los compatriotas que defendían el Nuevo Orden Fascista y que defendieron la formación de la Borgoña histórica de las diecisiete provincias de Carlos V.

Después de todos estos avatares el europeísmo fue tomando cuerpo en la postguerra como único medio de mantener la paz y evitar el resurgimiento del nacionalismo alemán. Los países de Europa eran demasiado reducidos como para garantizar a sus pueblos la prosperidad que las condiciones hacían posible. El desarrollo y los indispensables avances sociales exigían a los estados una federación que los convirtiesen en una unidad económica común. Para ello Alemania debía ser amputada en su potencial industrial, y sus recursos subordinados a las autoridades europeas para que fuesen gestionados en beneficio de las demás naciones .

El compromiso de amistad franco-alemán era la base arquitectónica sobre la cual se podía levantar la futura Unión Europea. Pero, después de tantos enfrentamientos bélicos las ganas de venganza eran muy fuertes entre los franceses y los ingleses. El objetivo era la desaparición de Alemania como potencia ab aeternum. El modo de hacerlo era la separación en diversos estados, pero lo impedía la necesidad americana de formar un colchón entre el expansionismo soviético y occidente.

Sin embargo, los americanos disponían de la colaboración de un antiguo político católico que había tenido veleidades separatistas en su Renania natal . Konrad Adenauer, fue el instrumento fiel de los americanos, lo que le llevó a tener bastantes problemas con las autoridades británicas de su sector, favorables a los socialdemócratas de Schumacher. El líder democristiano había concebido en 1919 la formación de un estado occidental alemán, dentro del Reich, pero con sus atribuciones estatales para evitar su anexión por Francia. No obstante, siempre fue acusado de separatista por ello. Ahora tenía la oportunidad de hacerlo, unificar los tres sectores alemanes occidentales en un Estado unido, para servir de colchón ante los rusos y lo suficientemente descentralizado y débil para evitar el renacimiento del nacionalismo alemán. Además, Adenauer fue el primero en sostener la desaparición de Prusia como entidad política y el más firme enemigo del despertar militar de su propio país. El canciller renano prefería que los soldados germanos luchasen en un ejército europeo bajo mando americano, antes que hacerlo por su país .

La base de una posible recuperación alemana estaba en su cuenca carbonífera del Ruhr, el único modo de controlarla era anexionarla a Francia o crear una autoridad internacional. La primera entidad europea, fue la CECA (Comunidad Europea de Carbón y Acero) de Schuman, una idea de Jean Monnet para controlar de un modo supranacional la cuenca carbonífera alemana y que se complementase con la siderurgia francesa. De este modo, la siderurgia teutona debía compartir la oferta de hulla con la frágil siderurgia francesa. Francia con un producto más caro había protegido históricamente su mercado de los alemanes con fuertes medidas proteccionistas, lo que un anglófilo declarado como Monnet quería evitar, porque ello significaba la vuelta a una economía nacionalista y creía que el librecambismo era la forma financiera apropiada para unir Europa, al estrechar sus intereses económicos . La unión económica europea debía servir para evitar el despertar político alemán y consagrar a Francia como su líder político junto a Inglaterra. Esta colaboración obligada impedía un resurgimiento militar alemán al tener sus reservas económicas controladas y enlazadas con otros países, y además, Francia unía su desarrollo económico al fuerte expansionismo alemán, confirmando su liderato político militar.

El resurgimiento de la industria alemana y la relativa debilidad de la industria manufacturera francesa de los años 50 y 60, hizo de Alemania el socio comercial principal de Francia, así como el principal mercado de exportación para su industria más desarrollada y para el sector agrícola. Jean Monnet había concebido la CEE como un mecanismo para alcanzar la paz futura, incorporando el poder económico alemán a una unión monetaria, en la que la estabilidad de los precios para los productos agrícolas y unos tipos de cambio fijos conducirían a una moneda única. Esta moneda estaría controlada por un Banco central franco-alemán, de modo que Francia tendría una considerable capacidad de control sobre la política monetaria en Alemania y su industria más importante recibiría fuertes subvenciones, con lo que la economía francesa podía seguir el ritmo del gigante alemán .

En los años sesenta, De Gaulle impidió la entrada de los británicos para evitar que arruinasen la Gloire de Francia con una política agraria que no subvencionase a los labradores. Inglaterra compraba sus alimentos en sus antiguas colonias a precios más baratos que los que los galos vendían a Alemania. Esta aceptaba porque se sentía obligada a pagar reparaciones por las guerras mundiales en sentimiento de culpa colectiva. No obstante, la paridad estable entre las monedas de los dos países ha sufrido un brusco cambio con la unificación de las dos Alemanias en 1989. Francia no puede mantener el ritmo y los sucesivos recortes sociales se suceden por parte de su gobierno. Pero, Alemania con sus problemas en la digestión de la RDA ha comprometido su estado de bienestar, al no poder aplicarlo en su parte oriental. La fortaleza de la economía alemana se resiente y amenaza la estabilidad social del primer país europeo.

LAICISMO Y CRISTIANISMO

En la actualidad la Europa unida se enfrenta a uno de los peores peligros para conformar su unidad, como es el laicismo militante, que pretende socavar la raíz cristiana de Europa. La caída de los regímenes comunistas de la Europa oriental y el choque ficticio con las sociedades musulmanas, ha producido una brutal catarsis en la conciencia de los países europeos.

En la sociedad europea se proyecta una comprensible voluntad de autodefensa que se levanta por doquier ante la tendencia a la globalización, ante el peligro de uniformización, ante la despersonalización. Pero la mundialización de los circuitos económicos y de los valores hace impracticable toda solución basada en la creación de fronteras étnicas, nacionales o religiosas . La aparición de las nuevas tecnologías están produciendo una socialización mayor de ciertos valores comunes y la extensión del término aldea global de la cultura. En un contexto moderno como éste, la sociedad debe afrontar el reto con una gran apuesta por la cultura, acompañada por una apertura de la universidad, como entidad formadora de la conciencia de un país, a las nuevas revoluciones culturales y técnicas originarias en un formato sin fronteras. En definitiva una vuelta a la recuperación de las raíces primigenias cristianas, perdidas durante el siglo XIX.

La madurez humana no es admisible en el momento presente sin una connotación de apertura y conciencia de universalidad, que proporciona nuestra herencia cristiana. No basta la relación interpersonal con el propio grupo, ni siquiera con otros grupos de la misma etnia o cultura: se hace cada vez más necesaria la adquisición de una conciencia de pertenencia a una realidad universal y globalizadora, denominada universo. La cosmovisión que Teilhard de Chardin había colocado las bases de una concepción global generalizadora e interdependiente de un universo en plena y constante evolución. Esta evolución está dominada por el sentido de complejidad, es decir, en ella se procede de los seres más simples a los más complejos, llevando también aparejados grados progresivos de inmanencia y conciencia .

La concepción teilhardiana, concebida como una reflexión meta-científica a caballo entre lo científico y lo filosófico, apunta ya con claridad una necesaria conciencia de unidad en la diversidad, que nos aparta totalmente de los personalismos individualistas, fomentadores de una conciencia encorsetada en los estrechos límites de la propia pareja, grupo, etnia o ambiente cultural . Hacia esa concepción globalizadora avanza la ciencia y la cultura en la actualidad en clara incompatibilidad con el discurso político de los nacionalismos micronacionalistas. La ampliación de conciencia constituye un elemento insustituible en el proceso de maduración psicológico, sino en gran medida contribuye tambièn al fomento de comportamientos tolerantes, al avivar y fomentar una conciencia unitaria hacia los demás. Por eso la necesidad obligada de que la educación y especialmente la universidad, mantengan estos valores. No obstante, la dirección actual que las instituciones educativas en manos de militantes laicistas, va por la dirección contraria.

El fomento exclusivo de los conocimientos locales, la uniformidad ideológica, relativista y laica del profesorado contribuyen de manera grave a un empobrecimiento del mundo universitario y cultural, como ocurre en Francia. La conquista del aparato educativo por los laicistas culmina en la Universidad, que responde a su fase final de laicización de la sociedad. Pero, en esta fase, la Universidad y los centros de enseñanza superior han perdido su saber universal y tienen como fin principal la formación de dirigentes políticos, económicos y de cuadros ideológicos, adictos a un laicismo, que han de estructurar y cohesionar la sociedad . Por tanto, cualquier veleidad de saber universal y enlace con la cultura cristiana que vivimos, va en contra de los intereses inmediatos del laicismo, aunque estos vayan en contra de la sociedad real a la que pretenden dirigir.

La visión laicista se contradice con el avance de la cultura y con la línea política que estaban llevando los fundadores de la integración europea. Es cierto que la mayor preocupación de los ciudadanos es la defensa de su nivel de vida. La televisión fomenta unos valores comunes y los ciudadanos, recién integrados del Este, quieren equipararse a nosotros, en el orden material. Pero aquellas sociedades, aunque muy castigadas por la herencia comunista, todavía mantienen una gran capacidad de supervivencia y de mantenimiento de los valores propios de su sociedad en un contexto hostil.

Sin embargo, las nuevas sociedades se encuentran con una Unión Europea que no se asienta sobre la realidad tampoco. La realidad del Viejo Continente está conformada por la existencia de unos valores cristianos seculares, producto de un dilatado proceso de gestación histórica que proviene desde la caída del Imperio romano. La prudencia exige no tomar decisiones que puedan trastocar el delicado equilibrio generado por la historia, la tradición y la acción humana, como sería adopción de un laicismo militante. La Europa comunitaria que empezó siendo un club de seis ha pasado a ser de diez, doce y en la actualidad de veinticinco países. Sus raíces son comunes y la pérdida de su patrimonio identitario provoca una pérdida del respeto a los derechos de la persona humana.

El individualismo radical que fomenta la función utilitarista de la persona, causa que las personas más débiles se las vea como un lastre para la sociedad y se llegue al autoconvencimiento de su necesaria desaparición, por el bien del resto de la sociedad. Estos nuevos criterios atentan contra los principios en los cuales se sustenta la Unión Europea, que se rige en los derechos humanos y en las libertades de las personas. El relativismo laicista que se moldea según los golpes de opinión, carece de unos cimientos morales sólidos y socava el sentido de pluralidad y la capacidad de integrar distintas formas de vida que coexisten en la sociedad actual. Colectivos inmigrantes y grupos sociales sin capacidad de defensa, como ancianos, enfermos terminales y nasciturus.

El proceso de integración supranacional como el que actualmente vive Europa, necesita de un cemento comunitario que aúne a la sociedad europea, como una sociedad madura de centenares de millones de ciudadanos con deberes y derechos, en igualdad de condiciones y respeto. Esa unidad, sólo se la puede dar una conciencia renovada y activada por obra de una sensibilidad acorde con una cosmovisión cristiana.

José Luis Orella es Profesor Universitario

CUÉNTAME... (Javier Compás)

CUÉNTAME... (Javier Compás) En el último episodio que he visto de la popular serie de TVE, Cuéntame como paso, arrestaron al padre (Imanol Arias) de la familia protagonista, se lo llevaban en un 1500 negro mientras el narrador (su hijo de mayor) contaba como en aquellos años de dictadura podía entrar la policía en tu casa en cualquier momento y arrestarte sin más explicaciones, o sea, lo mismo que se hace en democracia con un gobierno socialista.

He de decir que en la casa donde viví desde mi nacimiento hasta los quince años, donde vivíamos más de treinta familias de obreros, y donde me mudé posteriormente, un bloque más moderno, con ocho pisos, no me percaté, y hablo de cuando aún vivía el general Franco, de que arrestasen a nadie, es más, ni en mi calle ni en mis barrio, me enteré de ningún arresto, salvo el de un chorizo que se dedicaba a abrir los coches por la noche y llevarse las radios. O yo y mis padres estábamos en la más absoluta inopia o todos mis vecinos eran militantes del Movimiento.

En mi calle, a finales de los años sesenta y principios de los setenta, vivían dos homosexuales que regentaban una bodeguita flamenca, se decía que tenían unos reservados donde se practicaban esparcimientos sexuales que a mi entonces, niño de doce o trece años, me eran ajenos, estos chicos eran personas alegres, siempre estaban cantando coplas y letrillas flamencas, probablemente para sobrellevar la dura represión a la que estaban sometidos, lógico si tenemos en cuenta que aún no existía ningún colectivo tipo C.O.L.E.G.A.S que velara por sus derechos.

Hoy día todo es diferente. Los homosexuales tienen la libertad de ser los bufones de programas televisivos de máxima audiencia donde todos podemos reír con sus gracias.

Todo ha cambiado, España por fin se libera del yugo (y las flechas) del centralismo y las diversas nacionalidades que conforman el Estado español pueden aspirar a conseguir sus anhelos.

Bien es verdad que aún quedan escollos que salvar en el camino de la libertad, como la intransigencia de las victimas del terrorismo, empecinadas en querer hacer cumplir sus penas a los asesinos de sus familiares, o la Iglesia católica, reducto de oscuras mentes ancladas en el medievo, incluso quedan residuos de patriotas españoles o de cavernícolas opuestos al progresismo social que suponen el aborto y la eutanasia.

Pero gracias a un gobierno de progreso, coaligado con las fuerzas democráticas nacionalistas y comunistas, caminamos a la verdadera revolución del pueblo español que por fin verá saciados sus afanes de verdadera libertad.

No es menos encomiable la labor que nuestro gobierno está haciendo en política exterior, una vez liberados de la tutela imperialista de U.S.A., nos estamos encaramando a la cima de los países más avanzados del mundo, Cuba, Venezuela, Marruecos, etc., nos llevarán a culminar la gran obra de nuestro presidente Rodríguez, la tan ansiada alianza de las culturas del mundo.

El dialogo con E.T.A., el buen talante con los independentistas vascos y catalanes, las gestiones con los líderes de las naciones progresistas, harán por fin que nuestro Estado (el que sea) se sitúe por fin donde le corresponde ¿?.
Mientras tanto, nuestros valerosos soldados se aprestan a salvar de la nieve a los inconscientes ciudadanos que, despreciando las sabias advertencias de nuestro gobierno, han cometido la imprudencia de coger su vehículo para trabajar y desplazarse en pleno invierno.

A la par que veo las imágenes de la Brunete puesta en marcha para despejar nuestras autopistas me acuerdo de la carta a un militar español de José Antonio, valiente tontería.

...NI MÁRTIR (Rafael Ibáñez Hernández)

...NI MÁRTIR (Rafael Ibáñez Hernández) …Siempre me ha caído simpático el ministro Bono, lo que no manifiesto en alabanza suya sino más bien en confesión de culpa. No he compartido todas sus decisiones políticas, pero reconozco que su habilidad populista lo hace más cercano que muchos de sus congéneres. Carece de complejos políticos, lo que le permite enfrentarse a quien sea para evitar el bombardeo de Cabañeros, hablar sin ambages del falangismo de su padre, mantener la memoria histórica de la División Azul o —lo que aún es más importante— defender la unidad de España. A cambio, utiliza a las víctimas de la violencia doméstica para aumentar su popularidad, se ofrece para dar lecciones de Teología a las jerarquías eclesiásticas —como todo buen católico español— y se avergüenza de lemas como el que, desde las laderas de la montaña del Talarn, recordaba a los futuros Suboficiales de nuestro Ejército su compromiso: “A España servir hasta morir”. Afortunadamente, las últimas nevadas han hecho reaparecer como por milagro la inscripción, un mensaje cuasi sobrenatural que recuerda al ministro la miseria de su empeño. Claro que no faltará quien responsabilice de ello a la Iglesia Católica —de la que Bono dice ser fiel hijo—, que ha visto de esta manera recompensadas sus rogativas “ad petendam pluviam”.
El caso es que el penúltimo escándalo en que se ha visto envuelto —esto es como las cañas de cerveza, que siempre habrá otra posterior— el ministro Bono ha dejado al descubierto, una vez más, la catadura de nuestros gobernantes. Convocada la manifestación del pasado día 22 de enero por la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo para protestar por la política de excarcelaciones de etarras en aplicación de una interpretación sumamente laxa del Código Penal del Franquismo, era más que previsible que los asistentes no cantasen himnos de alabanza al Gobierno. Aparentemente rectificada dicha política —la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional hubo de recordar su competencia exclusiva en la materia—, no le faltaban razones a los miembros de la AVT para mantener la convocatoria, a la que no se sumó la Asociación de Víctimas del 11M, cuyo portavoz es una conocida sindicalista liberada de CCOO y de cuya intervención en la Comisión Parlamentaria los medios apenas han destacado cuanto dijo en consonancia con los propósitos gubernamentales. Declinada la invitación por el defensor de etarras y Alto Comisionado para las Víctimas —¿atendía así anticipadamente las recomendaciones de la DGT para no salir de casa ante el temporal de nieve?—, nuevamente el Gobierno tuvo actuar para “desactivar” el escándalo, acudiendo a la manifestación el ministro de Administraciones Públicas, Jordi Sevilla, que ocupó el lugar correspondiente en la cabecera.
Previsiblemente, la manifestación habría sido la noticia del domingo, flor de un día, una simple bofetada en el rostro del Gobierno que éste soportaría con estoicismo, si todo hubiera transcurrido por los cauces previstos. Acaso se habrían difundido con alguna vehemencia los comportamientos de determinadas autoridades —algunas del PP— para dificultar el éxito de la convocatoria, como la escasez de presencia policial o las reticencias para cortar el tráfico de manera previsora y ordenada; y, sobre todo, habrían resonado las voces de las víctimas, especialmente los mensajes leídos en la Puerta del Sol. Pero he aquí que Bono decidió escuchar las reconvenciones de su hijo —¡qué afán tienen estos socialistas por hablarnos de sus hijos!— y asistir “privadamente” a la manifestación. No había de faltar cámara de televisión que recogiese cómo el ministro de Defensa se mezclaba con el pueblo dolido…
Tan dolido que se quejó. No voy a defender aquí la actitud de quienes aprovecharon la oportunidad que el populismo estrecho del ministro Bono les proporcionaba para elevar su voz con mensajes ajenos a los propios de la convocatoria. Y no lo voy a hacer porque representó un claro menosprecio a las víctimas del terrorismo, pero también porque tal comportamiento ofreció a los socialistas la oportunidad de manipular la situación en su beneficio, como quien da la vuelta a un calcetín. El caso es que el ministro Bono ha tratado de sacar tajada de unos incidentes que no debieron ocurrir, pero que en todo caso no ocurrieron como nos contó. Porque se nos contó cómo el ministro Bono -que decían se encontraba sin escoltas- había sido golpeado. A partir de ese momento, la noticia de la manifestación fue la supuesta agresión y no su éxito. Las imágenes de un ministro azorado, agarrado del brazo de Rosa Díez —que más tarde se reincorporó a la manifestación entre aplausos—, reemplazaron en los medios a las de la tribuna de oradores o la masa manifestante desbordando todas las previsiones. ¡Al pobre ministro Bono le habían pegado! Y, para mayor escarnio, ¡con el mástil de una bandera de España! Nos cuentan cómo un Comisario —de Policía, aclaro— manifestó haber recibido órdenes del Ministerio del Interior para que se practicasen detenciones, y la suerte recae sobre los lomos de dos militantes del PP.
El problema surge cuando se conoce que las diligencias policiales niegan la existencia de tal agresión. ¿A cuento de qué las detenciones, entonces? ¿Se trata de comenzar a imponer un régimen de terror en el que la acción policial, que debería someterse al imperio de la Justicia, esté dictada por los poderes políticos? Cuando la izquierda más rancia quiere impedir que alguien se manifieste en los aledaños del Congreso de los Diputados —el humo del Reichstag les nubla el entendimiento—, ¿podemos esperar que los socialistas traten de amedrentar a las gentes de orden para que no salgan a la calle a manifestarse? Aunque para eso baste la tradicional atonía del PP, ¿qué tiene de extraño que nos temamos lo peor del partido político que gestionó el GAL o promovió el procedimiento de “la patada en la puerta”?
Una vez más, el PSOE ha mentido, en esta ocasión por boca del ministro Bono, cuyo afán populista le hizo acercarse en demasía al fuego de la sartén. No cuela: de momento, Bono no puede mostrarnos los hematomas —estigmas en versión laica— que le causara la agresión que no existió, salvo acaso los producidos por los escoltas que “no” le acompañaban. Supongo que no será virgen, pero de momento Bono tampoco es mártir.
Rafael Ibáñez Hernández es historiador

EDITORIAL: ¿Euzkadi libre?

EDITORIAL: ¿Euzkadi libre? Acaso siglos antes de que Colón tropezara con las costas de América pescaron gentes vascas en los bancos de Terranova. Pero los nombres de aquellos precursores posibles se esfumaron en la niebla del tiempo. Cuando empiezan a resonar por los vientos del mundo las eles y las zetas de los nombres vascos es cuando los hombres que las llevan salen a bordo de las naves imperiales de España. En la ruta de España se encuentran los vascos a sí mismos. Aquella raza espléndida, de bellas musculaturas sin empleo y remotos descubrimientos sin gloria, halla su auténtico destino al bautizar con nombres castellanos las tierras que alumbra y transportar barcos en hombros, de mar a mar, sobre espinazos de cordilleras.
Nadie es uno sino cuando pueden existir otros. No es nuestra interna armadura física lo que nos hace ser personas, sino la existencia de otros de los que el ser personas nos diferencia. Esto pasa a los pueblos, a las naciones. La nación no es una realidad geográfica, ni étnica, ni lingüística; es sencillamente una unidad histórica. Un agregado de hombres sobre un trozo de tierra sólo es nación si lo es en función de universalidad, si cumple un destino propio en la Historia; un destino que no es el de los demás. Siempre los demás son quienes nos dicen que somos uno.
En la convivencia de los hombres soy el que no es ninguno de los otros. En la convivencia universal, es cada nación lo que no son las otras. Por eso las naciones se determinan desde fuera; se las conoce desde los contornos en que cumplen un propio, diferente, universal destino.
Así es nación España. Se dijera que su destino universal, el que iba a darle el toque mágico de nación, aguardaba el instante de verla unida. Las tres últimas décadas del quince asisten atónitas a los dos logros, que bastarían por su tamaño para llenar un siglo cada uno: apenas se cierra la desunión de los pueblos de España, se abren para España –allá van los almirantes vascos en naves de Castilla– todos los caminos del mundo.
Hoy parece que quiere desandarse la Historia. Euzkadi ha votado su Estatuto. Tal vez lo tenga pronto. Euzkadi va por el camino de su libertad. ¿De su libertad? Piensen los vascos en que la vara de la universal predestinación no les tocó en la frente sino cuando fueron unos con los demás pueblos de España. Ni antes ni después, con llevar siglos y siglos hablando lengua propia y midiendo tantos grados de ángulo facial. Fueron nación (es decir, unidad de historia diferente de las demás), cuando España fue su nación. Ahora quieren escindirla en pedazos. Verán cómo les castiga el Dios de las batallas y de las navegaciones, a quien ofende, como el suicidio, la destrucción de las fuertes y bellas unidades. Los castigará a servidumbre, porque quisieron desordenadamente una falsa libertad. No serán nación (una en lo universal); serán pueblo sin destino en la Historia, condenado a labrar el terruño corto de horizontes, y acaso a atar las redes en otras Tierras Nuevas, sin darse cuenta de que descubre mundos.
(FE., núm. 1, 7 de diciembre de 1933)

EL MOMENTO ADECUADO (Javier Compás)

EL MOMENTO ADECUADO (Javier Compás) En el prólogo de su libro de 1980 La paz ha terminado, decía el gran escritor Rafael García Serrano: “Muchos pensaban ya entonces que cuanto más se agravasen las cosas antes se arreglarían, sistema que equivale a dejar prosperar el cáncer para mejor curarlo, y abundaban los españoles solitarios, sin encuadramiento, esperando que surgiese la ocasión de tornar al buen cauce o a la aparición de alguna figura capaz de tomar las riendas a tiempo de evitar la catástrofe”; se refería el insigne periodista y escritor falangista a la desintegración que, desde el mismo seno del Movimiento, se estaba produciendo en el régimen del 18 de Julio. El asesinato de Carrero Blanco y la próxima muerte del mismo Franco haría desembocar a España en la llamada transición democrática.

La caverna, el bunker, el inmovilismo, eran los “alias” que por aquel entonces se endilgaban a los más recalcitrantes del Régimen; al parecer, toda España, que poco antes se agolpaba en la Plaza de Oriente para aclamar al dictador, clamaba democracia, partidos políticos, urnas y ¡oh miseria!, autonomías. Los agoreros que veían un grave peligro en el estado de las autonomías que nacía a la luz de la nueva constitución, eran una minoría de facciosos irreductibles, catastrofistas, que auguraban el comienzo del fin de la unidad de la patria.

Y aquí estamos, casi 30 años después, con el nacionalismo catalán imparable con la ayuda del PSOE y la incompetencia del PP, con un Plan Ibarreche en Vascongadas apoyado en los asesinos de ETA, qué imagen, ese Arnaldo Otegui bajando con una sonrisa por la escalera del parlamento vasco, leyendo impunemente en la tribuna de oradores una carta de su compinche Josu Ternera; ese abrazo posterior en el pasillo de Ibarreche y Arzallus y, para que la fiesta sea completa, los Reyes Magos les van a regalar la puesta en libertad del valiente gudari De Juana Chaos.

Pues aún hay muchos españoles en su casa, esperando, algunos votando al PP con la nariz tapada, otros aguardando no se sabe qué. Hay quien, en un intento más voluntarioso que convencido, se acerca a alguno de esos partidillos minoritarios que, unas veces guiados por algún viejo iluminado trasnochado y otras por algún jovenzuelo más o menos temperamental que en cuanto encuentra trabajo estable y se casa, atempera el espíritu, se pone corbata y sigue apoyando moralmente a la causa.

El intento más serio que en los últimos tiempos ha aparecido en el panorama político español enarbolando ciertos valores de los que muchos echan de menos en los partidos mayoritarios, ha sido la presentación de Alternativa Española. Puesta en escena espectacular en el Palacio del Parque Ferial Juan Carlos I, esperanzadoras palabras de su secretario general Rafael López Dieguez y un público nada casposo, pero... ¿dónde está AE?. Nos consta que este tipo de partidos tienen muchos problemas de financiación, son víctimas del boicot de una prensa en manos de los partidos parlamentarios y sufren el estigma del neofranquismo.

Bien es verdad que las cosas en AE se están haciendo con precaución, con planificación y con la vista puesta en un camino largo y difícil, igualmente me consta la solvencia intelectual y humana de López Dieguez, pero quizá haya que dejar que aflore un poco el temperamento encausándolo con imaginación.

Ha sonado la hora en que la patria necesita de sus mejores hijos y a esa llamada hay que acudir sin pensar en las consecuencias o en los momentos oportunos; los enemigos son muchos y están envalentonados porque no encuentran ningún tipo de oposición.

He oído hoy día a quien, como hace años decía García Serrano de otros patriotas, dice que cuanto peor se pongan las cosas más fácil lo tendrán los que quieren una España mejor, pero quizás se encuentren que cuando quieran arreglar la casa se la ha llevado la ola gigante del separatismo, del terrorismo, del laicismo, del aborto y la eutanasia, de las familias contra natura, de la ineducación de los niños y jóvenes, de la televisión basura, de la delincuencia, de las mafias extranjeras, de los inmigrantes multiplicados por miles con sus culturas y religiones enquistadas en nuestros pueblos y ciudades, de la desaparición de nuestras mejores empresas en aras de la globalización capitalista, de la desertización de nuestros campos, vendidos a la subvención, desmontado por la Europa comunitaria, sigo, o es que aún no es el momento.

Javier Compás es Licenciado en Historia

PLAN A TORTAS (Rafael Ibáñez Hernández)

PLAN A TORTAS (Rafael Ibáñez Hernández) Aunque a algunos les parezca que se ha hecho esperar, ya está aquí, ya llegó ese gesto que otros esperábamos no ver jamás. Llevábamos veinticinco años deseando no tener razón, pero Ibarreche y los suyos se han empeñado en dárnosla, aunque el señor Rodríguez el Talantoso continúe sin enterarse. La dichosa aprobación del Plan Ibarreche supone la prueba evidente de la debilidad de todo un sistema político y jurídico nacido de un consenso que en su virtud original incubaba la ponzoñosa serpiente que hoy nos amenaza. En su momento lo dijimos, aunque la euforia de la Transición —impulsada por la maquinaria partitocrática— llevase a la masa a aprobar en tromba devastadora una Constitución cuyos defectos y debilidades son cada vez más evidentes. Y, para mayor ironía y escarnio, cuanto ahora sucede es propio del sistema que “el pueblo español se ha dado a sí mismo”, una responsabilidad difusa que sobre los hombros del pueblo en lugar de hacerlo en la cerviz de sus dirigentes.
Con la candidez del irresponsable —si no es con la responsabilidad del cómplice—, al señor Rodríguez el Talantoso le resulta imposible plantar cara al reto lanzado por los nacionalistas vascos, igual que sólo le muestra la flor que al final de su espalda porta ante la lujuriosa mirada de los nacionalistas catalanes. Incapaz de cortar el problema de raíz, denunciando la irregularidad jurídica que vicia los acuerdos parlamentarios de Guernica —donde HB mantiene su grupo parlamentario pese a las órdenes emanadas de quien puede dictarlas—, los socialistas han retirado las cortapisas penales a un hipotético referéndum sobre la soberanía de la Vasconia occidental, de modo que un acuerdo al respecto —un delito contra la ciudadanía española— podrá ser perseguido sólo por vía civil y administrativa, un sistema de defensa a todas luces insuficiente.
Tras lustros de conveniente adoctrinamiento, va a resultar muy difícil volver a poner las cosas en su sitio. Después de no haber atendido las reiteradas amenazas del criminal contra nuestra madre, ¿de qué nos va a servir su detención cuando ya la haya asesinado? En el mejor de los casos, penará su culpa, pero nuestra madre habrá muerto y nada nos la devolverá. ¿Son capaces de entenderlo quienes tienen en sus manos la posibilidad —cada vez más menguada— de impedir la inexorable secesión vasca y catalana? Ellos no lo sé, pero yo he comprendido perfectamente la explícita amenaza de Ibarreche cuando aludió a las tortas como procedimiento para solucionar el supuesto conflicto vasco. Ciertamente, la dialéctica de los puños precisa de su uso por ambas partes, y no creo que el señor Rodríguez el Talantoso esté dispuesto a marcarle la jeta al lendakari. Ya sabemos todos cuáles son las “tortas” a las que tan aficionados son los nacionalistas vascos: puramente metafóricas, porque lo suyo son las pistolas, cuya dialéctica exigiría aún un mayor compromiso a los defensores de la unidad de la nación española.
Por otro lado, no sé si la aplicación del artículo 155 de la Constitución no sería contraproducente, aunque me temo que a estas alturas de la película difícilmente supondrá una solución efectiva.
Rafael Ibáñez Hernández es historiador

AÑO NUEVO, PLANES NUEVOS (Juan Pareja)

AÑO NUEVO, PLANES NUEVOS (Juan Pareja) Como cada año, todo el mundo hace nuevos propositos y prepara nuevos planes de cara a ese nuevo año que empieza. Este plan que esta diseñado hace muchos años y que lleva ejecutándose desde otro tantos, aunque no es nuevo, sí se puede decir que este es SU año.

En unos días comenzarán las rondas de entrevistas con los distintos partidos políticos, en casi dos meses se debatirá en el congreso y posteriormente.... bueno esto ya es un tema más resbaladizo en el que no quiero entrar, y no porque tenga miedo sino porque es mas una cuestión de política ficción que de asuntos mundanos. Por todo ello no es mi intención tratar ahora sobre el fondo ni las formas del plan Ibarreche, más bien quisiera haceros llegar algunas inquietudes que me acechan en estos días. Precisamente en muchos foros de debate se ha tratado, y desde miles de puntos de vista, este asunto, pero por eso he conseguido despejar mis dudas y aclarar mis ideas. Pero me quiero quedar con la idea de un articulista que argumentaba en Libertad Digital, que este plan era inviable y que todo el mundo estaba de acuerdo en que era imposible, que dicho plan saliera delante, y que por eso deberíamos estar tranquilos, pero entonces ¿Por qué sigo teniendo esta sensación que me corroe por dentro?. Este mismo pensamiento es el que comparto plenamente y es el que me lleva a imaginar el peor de los escenarios políticos posibles, aunque todo el mundo asevere que NUNCA se llevará a cabo.

El día en que se aprobó el plan en el Parlamento regional de Vitoria miles de pensamiento y sensaciones se entremezclaban confusos, ese día estuve paseando por las calles de Bilbao y lo peor de todo era la sensación de indiferencia que se palpaba en el ambiente, no se desbordaba la euforia por las calles, ni tampoco se percibía un sentimiento de reprobación. Era esa indiferencia la que me hacía sentir miedo, la que me mareaba la cabeza. ¿No han conseguido lo que ya querían, por lo que tantos años llevan luchando?, entonces ¿no sería lógico y razonable que lo celebraran?, ¿por qué ahora esta desidia?.

No quiero ser una aguafiestas pero nos queda un año muy dificil, tan dificil que es posible que se cumpla la rima de este año 2005 que empieza. Un año que viene cargado de incertidumbre, un año en el que mucho estamos denunciado el peligro que se nos cierne, y no sólo a los que habitamos estas preciosas tierras del norte de España, sino al resto de los españoles. El problema del plan Ibarreche no sólo afecta a los vascos, sino que directamente a los catalanes y andaluces que van detrás de ellos, e indirectamente al resto de "naciones" que irian unas detrás de otra como ya ocurrió con las autonomías. ¿Y entonces que? entonces ya será demasiado tarde.

Miren ustedes, dejando a una lado las tendencias políticas, y siendo meramente objetivos se puede afirmar sin caer en la temeridad que nuestro gobierno es un gigante con pies de barro, casi hubiera preferido una victoria del PSOE por mayoría absoluta que este resultado. Esta debilidad del gobierno y no solo en la cuestión de recibir apoyos en los presupuestos, es el que hace inviable el delicado equilibrio de la gobernabilidad. La otra cara de esa misma moneda es el tripartito que impera en el gobierno vasco, esa misma debilidad pero que bien administrada se ha convertido en un arma poderosa, tan poderosa que sólo necesitaba el apoyo de tres votos proetarras para inclinar hacia un lado o hacia el otro la balanza. Haciendo un pequeño inciso me gustaría refrescarles la memoria sobre ciertas tomas de decisiones que me resultan bastante increibles: Con la entrada del gobierno del nuevo talante desaparece del código penal un artículo que penalizaba los referendums ilegales; 6 eran 6 los miembros batasuneros, y desparece el puesto de Josu Ternera justo días antes del debate sobre el plan, aunque ya se encargó Arnaldo Otegui de refrescarnos la memoria leyendo una carta de su jefe en el debate, y justo en el climax de la votación, Batasuna cambia su voto en lo que se puede calificar como el mayor esperpento y espéctaculo político que jamás se haya podido presenciar; el Fiscal General del Estado opta por no recurrir la sentencia del caso Atutxa, pese al desacuerdo del Supremo con la sentencia dictadada por el Tribunal Superior de Justicia; casualmente unos meses antes era nombrada Jueza del Supremo una reconocida "amiga" del movimiento abertzale; cambian el sistema de elección de los miembros del CGPJ, por el cual una minoría de jueces liberales pueden bloquear decisiones de la mayoría. Les aseguro que yo preparo este explosivo cocktail en mi casa y me quedó sin ella.

Resumiendo. Este plan es imposible que se lleve a cabo, pero se da el caso que tenemos al gobierno más débil, en cuanto a apoyos se refiere, de la reciente historia de la democracia española, y que dicho gobierno ha allanado el camino, consciente o inconscientemente, para que dicho plan pueda llegar tan lejos como su tenacidad les permita. Personalmente creo que el plan no se aprobará en las Cortes Generales, pero el daño ya está hecho y es irreparable. Aunque lo rechace la Cámara Alta el presidente vasco ha afirmado que lo someterá a referendum, ¿y como piensa impedirlo nuestro Presidente del Gobierno?. Lo repito se avecinan tiempos dificiles y sólo deseo para este nuevo año que empiezan Fortaleza y Valor para todos.
Juan Pareja es experto en asuntos vascos

RESPONSABILIDADES (Manuel Parra Celaya)

RESPONSABILIDADES (Manuel Parra Celaya) Los titulares de los periódicos del último día del año 2004 nos traen la noticia de la aprobación del Plan Ibarreche por el Parlamento Vasco. Dicha aprobación fue efectiva, como era previsible, gracias a los votos de tres diputados de Batasuna, llámese como se quiera. EL parlamento catalán se ha apresurado a manifestar su “respeto” por la decisión y ERC ha felicitado por el evento. EL lendakari ya ha anunciado un referéndum para la primavera y ha pedido entrevistarse con el sonriente ZP para iniciar las negociaciones.

Hasta aquí la noticia. En cuanto a sus repercusiones inmediatas, nada nuevo: lamento de pretendiente despechado del PSOE, protesta del PP porque la mayoría parlamentaria en la votación se consiguió con los votos batasunos, “a pesar de las promesas del lendakari”, con lo que éste ha quedado mal, pero que muy mal... En definitiva, “fuese y no hubo nada” que dijo don Miguel.

Empieza a notarse la urgencia de pedir responsabilidades. El asunto va mucho más allá del honor del Sr. Ibarreche en cuanto a su palabra –que a mí se me da un ardite- mucho más allá de una trampa legal, como las muchas a que nos tiene acostumbrados este “Estado de Derecho”; mucho más allá de juegos de partidos y de pactos en la sombra, de intereses económicos o de fanatismos racistas… El asunto se centra, nada más y nada menos, que en “la unidad indisoluble de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles”, como reconoce el artículo 2º de la Constitución vigente, si es que, efectivamente, aún sigue vigente y no nos hemos enterado.

Los gobiernos y los regímenes políticos tienen la obligación de tomar las riendas de un Estado en un momento determinado de la historia; no importa, si me apuran, cómo las tomen, si por las urnas, por la violencia o por aclamación, porque ejemplos sobrados tienen todos los pueblos de las tres modalidades y, si nos ponemos a hilar fino, no existe “ legalidad de origen” en ningún rincón; lo que importa es la “legitimidad de ejercicio”, en decir, si ese régimen o ese gobierno ha servido fielmente a ese Estado, instrumento a su vez de una colectividad histórica llamada Patria. Así, regímenes y gobiernos deben plasmar y administrar la actualización del proyecto nacional, institucionalizado con carácter de fundación.

De modo que regímenes y gobiernos pueden acertar, equivocarse, enmendar, corregir o reincidir; lo que no pueden hacer es arrogarse la capacidad de decidir un suicidio; trocear la herencia recibida y entregar las partes a las generaciones siguientes –y a regímenes y gobiernos siguientes-, del modo que los reyes medievales dividían los territorios entre sus hijos y deudos. Dicho más rotundamente, una Nación no es titularidad de régimen, gobierno, dinastía o constitución alguna, no les “pertenece”.

El régimen de Monarquía Parlamentaria que en estos momentos rige España no parece entenderlo así. Ni el Partido Socialista que nos gobierna. Por ello, la exigencia de responsabilidades va mucho más allá de tres diputados separatistas del brazo político de ETA, mucho más allá del PNV, de ERC y de los parlamentarios separatistas vascos, catalanes o de cualquier región autonómica…

La responsabilidad alcanza a los políticos y “expertos” que introdujeron la palabra “nacionalidades”, en la Constitución del 78, sabiendo que era una bomba de efectos retardados; y, si no lo sabían, también, porque se puede ser malvado pero no idiota…

La responsabilidad alcanza a todos los partidos, de izquierda, de derecha o de centro, que han transigido con las maniobras del separatismo por estúpidas razones de número de votos o por otros motivos menos confesables…

La responsabilidad alcanza a un gobierno del PP de mayoría absoluta, que dio una de cal y una de arena, que adoptó actitudes vergonzantes o irresponsables, como el desmantelamiento de un Ejército…

La responsabilidad alcanza a otras posibles fuerzas políticas, que nunca se han conformado como alternativa por estúpidas rencillas, personalismos y gigantesca falta de visión histórica…

La responsabilidad alcanza a la Corona, como representación del Estado español y como “motor del cambio”, que se dijo hace años, y que ha llevado la expresión de que “no está sujeta a responsabilidad” de un sentido puramente legal a un sentido práctico…

La responsabilidad alcanza a una amplia mayoría de los españoles, frívolos y ausentes del interés por la cosa pública, patriotas de pandereta y de Selección de Fútbol exclusivamente, que habrán comido las doce uvas de fin de año sin advertir que España se les está desmoronando de entre las manos…

A ellos y, lo que es peor, a sus hijos.

A lo mejor ha llegado el momento de volver a gritar el “Delenda est” orteguiano, si no queremos que lo que resulte destruido sea España.
Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria
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GUERRA CIVIL RELIGIOSA (José María García de Tuñón)

GUERRA CIVIL RELIGIOSA (José María García de Tuñón) El título no es mío, es de Miguel de Unamuno cuando en julio de 1933 escribió un magnífico artículo donde se hacía eco de lo que ocurría entre el Gobierno y la Iglesia, con estas palabras: «la guerra civil que está enconando y entenebreciendo a nuestra pobre España. Porque es evidente que hay una guerra civil religiosa». Algo más de setenta años después, parece que la historia quiere repetirse porque no es normal que una vicepresidenta del Gobierno, sin ningún respeto, insulte a los curas llamándolos «unos señores tenebrosos» y que «siempre son los mismos los que ponen pegas a los avances». Añadía asimismo que con la nueva Constitución Europea «ganan los valores de la política, la laicidad, el peso del parlamento y las acciones de la mayoría».

Es evidente que desde hace mucho tiempo España es laica, pero el ambiente que se palpa en nuestra patria sigue siendo católico hoy y siempre. Por eso Unamuno su artículo también nos lo ilustraba con esta anécdota: «Y esto nos recuerda lo de aquel liberal, acatólico y hasta agnóstico a quien como le dijeran: “¡pero usted es un católico”, replicó: “no, yo soy un anti-anti-católico, que no es lo mismo”». De alguna manera, esta anécdota viene a parecerse a lo que hace bien poco leía en un periódico y que declaraba un hombre de la calle: «Soy católico porque nací en una sociedad católica y estoy educado en esa cultura, aunque no crea en Dios».

Todo esto que ahora parecen tímidas escaramuzas dialécticas no sabemos hasta dónde nos puede llevar. Hoy no se queman iglesias, pero se quiere suprimir la clase de religión cuando los frailes –vuelvo otra vez a Unamuno– «eran los pedagogos mejores y más baratos» y además «la Religión no es una medicina que haga daño», nos dice el cardenal Francisco Álvarez Martínez. Después vendrá el matrimonio homosexual, después el aborto libre en las primeras semanas de embarazo –muy recientemente en Asturias el fallo de un juez ha permitido que una deficiente embarazada de seis meses aborte, mientras la presidenta del Colegio de Médicos de Asturias dice que los médicos «no estamos preparados para matar niños ni mayores» y el vicepresidente «pide una reflexión sobre el hecho de matar un feto de seis meses»–, y después una serie de medidas contrarias a la moral católica entre las que no se descarta llegar hasta la legalización de la eutanasia porque llamar muerte digna a la eliminación de un ser humano es un perversión ética del lenguaje. Esto es, al parecer, lo que persiguen los socialistas que nos desgobiernan.


José María García de Tuñón es historiador

VOTARÉ NO (Juan José Rodríguez Calaza)

VOTARÉ NO (Juan José Rodríguez Calaza) Que para que yo vote la Constitución europea me lo tengan que aconsejar los señores Gabilondo, Butragueño, Loquillo o Cruyff (!sólo falta Rappel!) es tomarme a mí, y a cualquier persona que se respete, por el pito del sereno. Como lo es que intenten convencerme de que Europa garantiza la unidad de España. ¿Francia y Letonia, verbigracia, son garantes de nuestra unidad?. Para llegar a este grado de desprecio de la opinión pública, los políticos “eurointegristas” han tenido que basarse en que nadie ha leído la Constitución, lo cual es subsanable, deben creer, con una pedagogía para pardillos infantilizados. Ahora bien, si se profundiza en el conocimiento de los políticos respecto a los fundamentos de lo que defienden nos encontramos con un abisal pozo de ignorancia. ¿Han oído hablar Zapatero y Rajoy del “índice de poder de Banzhaf” y de la “regla SRL”?. A buen seguro que no, y sin embargo son esenciales en relación con el poder de España dentro del Consejo de ministros de la UE.
El principio básico de equirrepresentatividad impone que el voto de cada ciudadano europeo tenga el mismo peso independientemente de su nacionalidad. Los sistemas de voto en el Consejo basados en la regla de la doble mayoría 55-65 (como mínimo 55% de Estados que sumen al menos el 65% de la población) sugeridos por la Convención Europea dan un excesivo poder a los países más poblados y a los menos poblados, perjudicando a países de rango intermedio (España, Polonia, Holanda, Portugal, Suecia, etc). Matemáticamente se justifica con el modelo “Impartial Anonymous Culture” (IAC), que supone la emergencia de un sesgo en la decisión de los ciudadanos. En el modelo IAC la asignación de mandatos en el Consejo de ministros es “proporcional a la población” de cada Estado (imagínense lo que sucederá cuando entre Turquía).
Estoy de acuerdo que el susodicho principio básico de igualdad es brutalmente violado en el sistema de voto del Tratado de Niza, tan favorable a España, pero también con el sistema 55-65, que nos perjudica: Europa nace con déficit democrático por cuanto el voto de un ciudadano español pesa menos que el de un francés o un lituano. Sin embargo, puede probarse matemáticamente que el principio de equirrepresentatividad se cumple rigurosamente si el peso de cada Estado en el Consejo es proporcional no a la población sino a “la raíz cuadrada de la población”. Esto se conoce desde 1946 como la “Regla de Penrose de la Raiz Cuadrada” (Penrose’s Square Root Law, SRL). La idea de dar a cada Estado europeo un número de votos en el Consejo proporcional, “grosso modo”, a la raíz cuadrada de su población reposa en la utilización de un modelo matemático de voto, teoría de juegos cooperativos, al que se asocia el índice de poder de Banzhaf. Desgraciadamente, tal sistema de voto fue propuesto por Suecia, en el año 2000, y rechazado.
Por tanto, querido lector, si algún “eurointegrista” le pregunta por qué vota “NO” sin haber leído la Constitución puede responderle, con la mayor solvencia científica, “pues porque según la regla de Penrose y los índices de poder de Banzhaf un ciudadano español vale en el Consejo mucho menos que los de Alemania, Francia, Letonia, Luxemburgo, etc., y no puedo avalar semejante déficit democrático”. Y, por supuesto, no es argumento decir que hay que votar “sí” porque los nacionalitaristas votan “no”: ¿si ellos sólo comieran pescado nosotros deberíamos alimentarnos exclusivamente de cerdo?.

LA VICTORIA ALMOGÁVAR EN EL MONTE TAURO (Guillermo Rocafort)

LA VICTORIA ALMOGÁVAR EN EL MONTE TAURO (Guillermo Rocafort) La Expedición Almogávar a Oriente, al comienzo del siglo XIV, en ayuda del Imperio Bizantino contra el Invasor Turco, es de los hechos militares más asombrosos de las Armas Españolas en toda su Historia, pero a la vez es uno de los más desconocidos.
Nos encontramos ahora conmemorando el 700 Aniversario de aquella gesta y es una buena ocasión para recuperar, refrescar y extender una Memoria histórica gloriosa que nos pertenece a todos los españoles.
De entre todas las batallas victoriosas de la Compañía Almogávar contra fuerzas mucho más numerosas destaca la Batalla del Monte Tauro, sucedida el día 15 de Agosto de 1304, en la que siete mil almogávares españoles, bajo el mando del General Roger de Flor y el Senescal Berenguer de Rocafort, destrozan un ejército de más de cuarenta mil turcos, considerados entonces invencibles por los bizantinos.
Esta Victoria increíble también marcó el comienzo del desgraciado destino de la Compañía Almogávar en Oriente. Eliminado el enemigo turco, que ya nunca más se atrevió a plantar batalla, las puertas de la Cristiana Armenia estaban abiertas de par en par, y ningún obstáculo serio existía en el Camino hacia Tierra Santa o hacia el Tigris y el Eúfrates.
El empuje arrollador de la Hueste Almogávar estaba en su plenitud, y la decisión a tomar después de la Victoria del Monte Tauro era si se continuaba por la Senda de las Victorias o se volvía a las bases griegas de partida.
Roger de Flor, General de la Hueste, tomó la decisión de volver a rendir cuentas de la Victoria del Monte Tauro al Emperador de Bizancio, Andrónico Paleólogo, y esta decisión le costó la vida a él y a miles de almogávares, pues fueron víctimas de la traición y perfidia bizantinas que les esperaban. De esta forma tan vil pagaban los bizantinos a los almogávares los excelentes servicios prestados por liberar sus tierras del peligro turco.
La traición bizantina provocó la Venganza Catalana a la que los almogávares se dedicaron con gran furia y brutalidad, y que todavía es recordada hoy con horror y espanto en aquellas tierras.
Roger de Flor se equivocó en su decisión de dar vuelta atrás después de la Victoria del Monte Tauro. Quizá sus temores personales y sus compromisos con la Familia Imperial Bizantina le influyeron decisivamente para tomar esa decisión de retirarse.
A los amantes de la Historia Española nos queda soñar qué habría sucedido si Roger de Flor hubiera decidido continuar luchando por la Senda de las Victorias. ¡Quizá nos encontraríamos hoy ante un segundo Alejandro Magno!
Hoy, setecientos años después de aquella Victoria no aprovechada, es hora de recuperar una historia que nos pertenece, pero hagámoslo con ojos críticos.
Leamos con atención las Crónicas de Ramón Muntaner, los Relatos de Francisco de Moncada, y las pocas fuentes y libros que hay de aquella gesta, pero, insisto, hagámoslo con ojos críticos, pues si hay algo que me queda claro de todos mis estudios sobre Los Almogávares es que fueron abandonados o traicionados por todos, y en especial por la Historia, que cubrió sobre ellos el manto del olvido, el desconocimiento y la ingratitud.

Guillermo Rocafort es abogado

BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS AUTONÓMICOS (José Antonio Santos)

BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS AUTONÓMICOS (José Antonio Santos) No sé si es un cuento de Navidad, pero en su espíritu lo es.
Después de muchas vicisitudes, nos encontramos a Blancanieves en una casita perdida en medio del bosque, y gobernada por los siete enanitos autonómicos (SEA).
La situación es muy forzada pero puede llegar a ser simpática.
Todos sabemos que se trata de una etapa provisional.
Provisional porque las amenazas de la Bruja (competencia globalizada y feroz) son reales, y porque los SEA tienen tantas limitaciones (entrañables pero limitaciones) que no ofrecen soluciones con futuro.
En el cuento, Blancanieves llega a una situación límite y queda en una especie de coma permanente; pero llega un Príncipe que despierta de tan mal sueño y se casa con ella, lo que se supone que es un final feliz.
Nuestra Blancanieves parece abocada al coma y se merece también un final feliz, es decir, una vida con futuro libre, justo y apacible.
Por supuesto, el futuro incluye a los SEA, cuya contribución se inserta en un Todo que no acaba de aparecer.
Mi deseo para 2005 es que Blancanieves encuentre su Todo, principio y fin de su final feliz.

José Antonio Santos es economista y profesor universitario

FALANGE ESPAÑOLA AUTENTICA SE DISUELVE COMO PARTIDO (José María García de Tuñón)

FALANGE ESPAÑOLA AUTENTICA SE DISUELVE COMO PARTIDO (José María García de Tuñón) Es muy posible que el título de este artículo sorprenda a más de uno pensando que puede ser verdad, tratarse de alguna broma o que, próxima la fiesta de los Santos Inocente, trato de gastar una especie de inocentada a nuestros lectores. Pues ninguna de esas cosas, simplemente es el título de una noticia que en este mismo mes, pero hace ahora nada menos que veinticinco años, publicaban algunos periódicos españoles y cuya noticia seguía diciendo:

«Falange Española Auténtica, sector de Pedro Conde Soladana, ha decidido disolverse tras la celebración del quinto congreso, celebrado en Zaragoza la primera semana de diciembre.

»Pedro Conde ha declarado en rueda de prensa, mantenida en Valladolid, que “no nos importa reconocer que hemos perdido. Hemos intentado recuperar la Falange de verdad, la de José Antonio, con todos su símbolos; sin embargo, hemos caído en la cuenta de que las formas y los símbolos, después del uso que se ha hecho de ellos, son irrecuperables. Por eso el partido se disuelve, pero abandonando las formas, no el fondo.

»Pedro Conde añadió que “no tenemos a José Antonio como un buda intocable porque está sujeto a revisión y a crítica, que él mismo habría hecho a sus ideas, de haber estado aquí”.

»El congreso de Falange Española Auténtica ha constituido una coordinadora para encauzar la actual etapa de reflexión. Desean mantener contacto con el partido sindicalista, continuados de Angel Pestaña, y con un grupo de sudamericanos y republicanos para crear un grupo de ideología joseantoniana».

Veinticinco años después, nada se ha arreglado ni parece que se vaya a arreglar mientras los que forman parte de las distintas Falanges, incluida la Auténtica, y como acertadamente decía el editorial publicado en este revista digital el pasado día veintinueve, quieran, algunos, imitar a la fenecida Fuerza Nueva; otros caminar por la senda de la izquierda y al laicismo, para compensar los pasos que otros dieron hacia la derecha, y, por último, los que caminan por senderos ya caducos sin que tengan en cuenta que el tiempo no se detiene y siempre hay que mirar hacia delante y nunca hacia atrás.
José María García de Tuñón es historiador

NO ME BASTA (Manuel Parra Celaya)

NO ME BASTA (Manuel Parra Celaya) Mi admirado Juan Manuel de Prada, escritor como la copa de un pino y sin pelos en la lengua ante lo políticamente correcto, se quejaba hace pocos días en un artículo de la ausencia del latín en los planes de estudio, aspecto con el que estoy totalmente de acuerdo. Aprovechaba para lanzar un dardo al mundillo de los políticos, añadiendo que, quizás por eso, desconocían el sentido de “patria”. En este caso, añado a mi aplauso un matiz: no basta, sea dicho con todos los respetos a la etimología de la palabra y con escaso hacia los susodichos políticos.

Si “patria” significa etimológicamente “la tierra de los padres”, yo le añado el valor, todavía mayor, de “herencia para los hijos”. Y aquí estoy más cerca del gran don Miguel de Unamuno, cuando decía que España, más que nuestra madre, debía ser entendida como nuestra hija.

Y ello en dos sentidos: hija en el sentido de que debemos hacerla día a día, sin conformarnos con lo que nos ha sido dado o establecido; hija, también, en el sentido de patrimonio que no se puede moralmente dilapidar porque una determinada generación –como la actual, dicho sea sin señalar- sienta ganas de echarlo todo por la borda o le importe una higa cualquier asunto que no sea su puñetero bienestar.

Una patria es como una fundación en la Historia; fue constituida en un momento dado y existe la obligación de transmitirla acrecentada, no disminuida; sus fundadores –patronos- formalizaron esa fundación de cara al futuro, mediante un proyecto. Cada generación debe actualizar el proyecto, esto es, hacerlo acto, no mera potencia, en términos aristotélicos, y no dormirse sobre los laureles, viviendo de las rentas del pasado, ni rompiendo, en un momento de locura, el acuerdo fundacional. Sí que puede –y debe- incluir su proyecto en otro proyecto más amplio (universalización), pero no trocear la herencia recibida como si se tratara de un roscón de fiestas.

La exigencia, por tanto es doble: de cara al pasado, no tergiversar la fundación, arte en que son duchos los nacionalismos de cepa más o menos racial o lingüística; de cara al futuro, procurar que los hijos, las generaciones venideras, la reciban en su integridad (unidad) o acrecentada espiritual y materialmente por su incorporación a una tarea más ambiciosa (proyección).

¿Y de cara al presente? Hacer frente, con plena conciencia, a quienes se permiten el lujo frívolo de dilapidar la herencia patrimonial. Siempre he dicho al respecto que tan responsables son quienes actúan como separatistas o separadores como quienes se encogen de brazos y les trae al fresco la maniobra política de fragmentar una bella construcción histórica.

Hoy es más necesario que nunca institucionalizar y popularizar una patriotismo, es decir, una identificación con el proyecto llamado España; y no hablo de “populismo” o de “patrioterismos”, que no son más que sucedáneos. Un patriotismo anclado en la sociedad, no en la política. Un patriotismo auténticamente social, exigente y transformador de lo caduco.

Cambiarán las Constituciones, los regímenes y los gobiernos. Permanecerá la Patria, quizás integrada, junto a otras Patrias, en una Patria mayor. Pero nunca disminuida, amputada, sólo por exigencias de un neocaciquismo ambicioso o por cobardía de una sociedad política vacua.

Dicho y rubricado en esta Cataluña del asombro y de la dispersión.

Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria

POETA DE LA GENERACIÓN DEL 27 ASESINADO EN LA GUERRA CIVIL (Javier Compás)

POETA DE LA GENERACIÓN DEL 27 ASESINADO EN LA GUERRA CIVIL (Javier Compás) Pues no, no me refiero a García Lorca, sino a otro poeta andaluz, asesinado en Málaga por milicianos republicanos en 1936, precisamente diez días después del granadino.

Se cumple este año el centenario del nacimiento de José María Hinojosa, poeta y hombre de campo, que vio la luz en el malagueño pueblo de Campillo en 1904. Curiosamente comparte nombre y apellido con El Tempranillo, famoso bandolero del siglo XIX que galopó por las sierras andaluzas.

De familia acomodada, defendió sus convicciones políticas durante la IIª República española, llegando a ser Secretario de la Federación Provincial de Sindicatos Agrícolas de Málaga, desde donde abogó por la libertad de trabajo para los agricultores malagueños en contra de un decreto promulgado por el socialista Largo Caballero que abocaba a los trabajadores de los pueblos de tierras más pobres a no poder trabajar en otras localidades más fértiles.

Su dedicación política acabó por hacerle abandonar su faceta poética tras haber sido uno de los escritores más vanguardistas de su época.

Hinojosa conoció y trató a Lorca, a Dalí, a Rafael Alberti, entre otros. Como poeta, fue el autor de la primera obra surrealista que se escribió en España, La Flor de Californía, de 1928. Fue en los primeros años veinte, mientras estudiaba en la universidad de Granada, cuando consolida su amistad con Lorca. Colaboró en la edición de la revista “Litoral” con Emilio Prados y Manuel Altolaguirre y, junto con el mismo Altolaguirre y José María Souviron, dirigió la revista de breve existencia “Ambos”.

Salvador Dalí ilustró su primera obra, Poemas del Campo, donde dibujó un retrato del autor. Primera obra de apariencia sencilla y popular, desde donde evolucionó a escritos como Orilla de la luz, La sangre en libertad, pasando por la mencionada La Flor de Californía.

Su amor al campo de su tierra malagueña se refleja en los siguientes poemas:

Encina
hija
de la tierra virgen.
De brazos,
desmesurados
y sublimes.
Gesto,
serio
y triste.
Tronco
añoso
y firme.
El peso
de los años muertos
te redime.
La Flor de Californía es obra de vanguardia, muy diferente al realismo rural que hemos leído en el texto anterior; se aparta de esa estética juanrramoniana para entrar de lleno en los ensueños surrealistas:

“... La mujer morena salió de la capilla de zinc y fue saltando con velocidad vertiginosa de una lámpara a otra, de un altar a otro, de una nave a otra.
Y no cesaba de oír por todas partes con euritmia de péndulo exhausto de cuerda:
- José María, José María,
Coge la flor de Californía. ...”.

Intimó con Alberti, ambos frecuentaban la Residencia de Estudiantes de Madrid; vivió la bohemia parisina junto a pintores españoles. Junto a José Bergamín y su esposa viajó a la URSS en 1928 para conocer los logros de la revolución soviética, de donde volvió tremendamente decepcionado.

A partir de 1931 colaboró afanosamente para crear un proyecto político en Málaga que se opusiera a las fuerzas de izquierda, acercándose en un principio al Partido Nacionalista Español de Albiñana y después a la Comunión Tradicionalista, por fin, fundó la sección malagueña del Partido Agrario Español.

El 22 de Agosto de 1936, dentro del terror desatado por los republicanos en Málaga durante los primeros meses de la guerra civil, José María Hinojosa, con tan solo treinta y dos años, fue fusilado junto a su padre y su hermano y su casa incendiada por milicianos rojos, fueron tres más de las 2.607 víctimas de la represión brutal que se desencadenó en la capital malagueña tras el 18 de Julio de 1936.

La Flor de Californía ha sido reeditada por la Fundación José Manuel Lara en edición de Alfonso Sánchez Rodríguez, poeta, profesor y especialista en la Generación del 27.

Javier Compás es Licenciado en Historia

PAZ, PIEDAD Y PERDÓN (José María García de Tuñón)

PAZ, PIEDAD Y PERDÓN (José María García de Tuñón) Todo el que haya leído a Manuel Azaña recordará que estas palabras que titulan este artículo las pronunció en Barcelona, el 18 de julio de 1938, el que fue presidente de la II República: «...que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón». Estas palabras, la izquierda de este país nos las ha venido recordando con mucha frecuencia como una especie de llamada de conciencia a los que habían ganado la guerra, y, también, como muestra de reconciliación que anidaba en Manuel Azaña Sin embargo la izquierda y la derecha se olvidan de las palabras que, mucho antes de éstas que pronunció el ex presidente de la República, había pronunciado un militar español y camisa vieja. Me refiero al general Juan Yagüe. Fue en Burgos, el 19 de abril de 1938 fecha en que se cumplía el primer aniversario de la unificación de falangistas y requetés.

FET había organizado un acto que presidía el general Jordana, vicepresidente del gobierno de Franco y ministro de Asuntos Exteriores. Había mucha expectación cuando los burgaleses se enteraron que hablaría Yagüe. Este dijo que estaba allí como consejero nacional de FET y de las JONS y como tal dirigiría unas palabras: «Vengo a pedir perdón para los que sufren, a tratar de sembrar amor y a restañar heridas». Grandes aplausos impidieron que pudiera pronunciar más palabras. Cuando cesaron los aplausos Yagüe siguió diciendo: «Justicia social, humanidad y caridad cristiana con los enemigos, exaltación del trabajo, ofensiva contra los zánganos y los convidados». De nuevo es interrumpido con aclamaciones que no le dejan seguir hablando. Cuando poco a poco se van silenciando esas aclamaciones, Yagüe volvió a tomar la palabra para decir : «Para darle a la unificación calor humano, para que ésta sea sentida y bendecida en todos los hogares, hay que perdonar. Perdonar es todo...». Este discurso que fue bastante más largo apenas un puñado de periódicos se hizo eco del mismo. Solamente una excepción, que sepamos, lo publicó íntegro. Fue «La Voz de Galicia» que por aquel entonces dirigía Francisco Bravo ex jefe de Falange en Salamanca y autor de los libros: «José Antonio ante la justicia roja», «Historia de Falange Española de las J.O.N.S» y «José Antonio, el hombre, el jefe, el camarada».

Así pues, que se enteren todos, en especial esta izquierda rencorosa y vengativa que tenemos ahora llegada de la mano ZP que sólo nos habla de recuperar la memoria histórica. Que traten de recuperar también las palabras de un hombre que debajo de su guerrera de militar vestía la camisa azul falangista y que por pronunciarlas fue separado del servicio durante varios meses. El discurso estaba en la línea de otro anterior de Manuel Hedilla, sucesor de José Antonio, que fue víctima de la persecución de Franco, quien lo encarceló, sometió a consejo de guerra y le condenó a dos penas de muerte. El día en que Hedilla fue detenido, el general Yagüe le puso este mensaje: «Hoy más que nunca, a tus órdenes».

José María García de Tuñón es historiador

DE BAUTIZOS Y COMUNIOS LAICAS (Manuel Parra Celaya)

DE BAUTIZOS Y COMUNIOS LAICAS (Manuel Parra Celaya) Leo la “perla” en las páginas del antaño serio diario barcelonés “La Vanguardia”, que dedica todo una página al tema: “Llegan los bautizos civiles”, afirma el redactor en su titular.

Empiezo, académicamente, por la definición: “Son ceremonias que se celebran en los ayuntamientos para dar la bienvenida al recién nacido y, de forma simbólica, adherirlo a los valores fundamentales de la sociedad democrática. Suponen, asimismo, el compromiso de los padrinos de acompañar el desarrollo del niño y suplir a los padres cuando estén ausentes”. Un prurito de precisión me lleva a una serie de reflexiones previas: a) ¿El bautismo civil confiere “carisma” (en este caso “democrático”) como el religioso? b) ¿Existe la previa condición de que los padrinos hagan profesión de “fe democrática”? c) ¿Qué ocurre si el niño, cuando es talludito, se aleja de la “democracia” y se hace racista, xenófobo, homófono, nazi-fascista, franquista, falangista, del Partido Comunista del Niño Jesús de Praga o del Instituto Nacional de Previsión, pongamos por caso? Y una pregunta más ingenua: ¿cómo se acompaña el “desarrollo” de un niño?

Al parecer, la idea procede de una “acogida civil” que inventó el Ayuntamiento de Igualada y de la experiencia del de Alella, sólo que ahí la llamaban “ceremonia civil de imposición del nombre”. Ahora se lleva a cabo en San Boi de LLobregat, pero el periodista nos informa que “la concejalía de Derechos Civiles del Ayuntamiento de Barcelona consideró la idea en octubre de 2000, pero el alcalde Joan Clos decidió abortarla… temeroso de la reacción que pudiera tener la Iglesia católica” (me imagino que enviando familiares de la Inquisición a la Plaza de Sant Jaume…).

En Sant Boi votaron a favor de la medida PSC, ICV, ERC y, claro está, PP, que está empeñado en demostrar, de la mano del Sr. Piqué, que es más “progre” que nadie; sólo se opuso Convergencia i Unió, que tiene poco que perder…

El redactor de “La Vanguardia” ha estudiado históricamente los antecedentes que avalan la medida; por supuesto, están en la Revolución Francesa de 1789, la misma que entronizó la Diosa Razón y la Religión del Estado. Pero uno tiene más información y encuentra antecedentes en la propia historia española del siglo XX, cuando el Frente Popular prohibió la Navidad y los Reyes Magos; creó entonces la “Semana del Niño”, summun de la cursilería; por lo visto, los actuales mandamases han heredado esta cualidad, tan querida de la progresía, Partido Popular incluido.

Uno se imagina que los nombres que se imponen en los “bautizos civiles” estarán, como en aquellos tiempos, en consonancia con la idea: las bebitas ostentarán los de “Libertad”, “Autonomía”, “Constitución”, “Anarquía”… y los bebitos los de “Progreso”, “Estatuto”. “Lenin”, “Potenkim”,… Algún nombre mitológico dará su nota culta (“Júpiter”, “Ator”, “Juno”…), pero entonces habrá que explicar el origen para que todos lo entiendan.

En el fondo, todo es una cuestión de esnobismo.
¿Cómo resistir el ceremonial religiosa y pasar de modelitos, invitaciones y otras tentaciones consumistas? ¡Hasta ahí podríamos llegar! ¡Que se jiben los carcas!

Bien decía García Serrano que el problema de estas gentecillas no es nada relacionada con Satanás; ni siquiera con sectas masónicas o fanatismos laicistas. Lo dicho: es que son rematadamente cursis.

Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria
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