Blogia
La Noticia Digital

EL SECRETO DE LOS ARCHIVOS (Javier de Echegaray)

EL SECRETO DE LOS ARCHIVOS (Javier de Echegaray) EL SECRETO DE LOS ARCHIVOS

Arrecia en estos días la ofensiva contra los archivos de Salamanca que los catalanes reclaman para sí. Pero nada se dice acerca de las verdaderas causas por las que se pretende desmembrar esos archivos que contienen datos únicos sobre la llamada “Guerra Civil” española.
Cabe señalar que hay un principio científico bien conocido por los historiadores y profesionales de la investigación documental que prescribe la unidad de los archivos como base de su utilidad. Un archivo que pierda su unidad es un archivo que ha quedado incompleto y que deja de cumplir sus funciones. El rastreo documental de archivos fraccionados es un martirio que hace desistir a muchos de una búsqueda documental. Saltar de Barcelona a Salamanca y de Salamanca a Barcelona en cada uno de los tramos de una investigación plantea cortapisas que muchas veces son imposibles de salvar.
Lo cual nos obliga a preguntarnos por las causas de que se haya desatado una tal pugna (que se venía arrastrando, aunque no con el encono de ahora) por “recuperar” esos archivos para el pueblo catalán.
No hay tal recuperación: jamás han sido suyos, al menos con el sentido de propiedad que ahora pretenden y con que los reclaman. No son del pueblo catalán; y mucho menos de una parte del pueblo catalán que es la que ahora se empecina en el desfalco (mientras España ha sido una e indivisible, nadie, ni catalanes ni españoles de otras tierras, ha pretendido deshacer su unidad). Los archivos son del pueblo español en general y constituyen un patrimonio histórico que puede tener asiento en cualquier parte del territorio nacional pero que inevitablemente ha de obedecer al principio de unidad mencionado, sin el cual se destruye su propia utilidad.
Pretenden que comulguemos con la rueda de molino de que se trata de un episodio más de las reivindicaciones catalanistas, como si quisieran recuperar algo de esencial importancia para su pueblo antes de consumar el desaguisado de la secesión de una parte del territorio.
Pero no cuela: para que eso fuera verdad, sería necesario que realmente los catalanes separatistas sufrieran un ataque de erudición que les hubiese hecho volver la vista hacia las fuentes de su propia historia, reclamando un trozo de la misma que queda sepultado en áreas que son las que ellos pretenden que se conviertan en un extranjero. Estamos ya muy de vuelta de esas triquiñuelas del separatismo: ni han tenido nunca ni nunca tendrán interés alguno por la cultura que no han hecho más que destrozar y falsificar desde siempre. Y hay que ser muy zote para no percatarse de que precisamente la verdad de lo que pasó en los años 31 al 39 (muy en especial desde 1934) en España y en Cataluña, es algo que los sedicentes han tratado de ocultar desde el mismo momento en que finalizó la contienda. Como en el resto de España han hecho sus compañeros de viaje, socialistas, comunistas y demás castas de la antiespaña.
¿Cuáles son, entonces, la razones auténticas por las que parecen tener esa celera cerril que les ha llevado a poner a la cabeza de sus reivindicaciones políticas la de recuperar una parte de esos archivos, rompiendo su coherente unidad? Quien, dirá que es una de sus burdas tretas para distraer la atención del público y apartarla de temas mucho más graves. Me niego a admitir una explicación tan simplista: sabemos con certeza que la atención a esos otros temas de superior calado no se distrae con señuelos de ese jaez. Y ellos lo saben también; casi diría que no les interesa despistar al pueblo de su campaña separatista y de odio a España y a la Iglesia. Son asuntos independientes y como tales hay que tratarlos.
Como siempre, no resulta difícil desvelar esas razones y desnudarlas de sus pretendidas ansias culturales, destapando verdades que quieren disimular bajo el disfraz contumaz de sus falsificaciones.
Sucede que esos archivos han servido desde hace décadas para que eruditos de la historiografía se hayan dedicado a bucear en ellos y descubrir las evidencias en el fárrago de mentiras y patrañas que con torpe machaconería nos vienen contando sobre aquella década tan importante. Historiadores de casta científica y de investigación rigurosa, de los que se me ocurre ahora mencionar a don Ricardo de la Cierva, a don Pío Moa, a don César Vidal y a muchos otros que han sido igualmente serios y certeros en sus juicios, aunque sus obras no han alcanzado la amplia difusión de los primeros (y podemos mencionar a los hermanos, ambos generales del Ejército español, Salas Larazábal, don Ramón y don Jesús, a don Joaquín Arrarás, Burnett Bolloten y un largo etcétera) han encontrado materia más que suficiente en esos archivos para desmontar documentadamente las falsedades de los asertos pseudohistóricos de los Tusell, Tuñón de Lara, Santos Juliá, Antonio Ramos Oliveira, Paul Preston, Herbert R, Southworth, Ian Gibson y compañía y desvelar las verdades dentro del fárrago de mentiras de que nos han hecho víctimas los paniaguados de la historiografía.
Ahora que el empeño devastador y segregacionista toma nuevos bríos, ahora que las campañas anticlericales, los culebrones de encono contra la Religión Católica y los intentos de desmembración de España se recrudecen por doquier, usando los mismos instrumentos de propaganda que ya usaron en otras ocasiones, porque parece que la progresía de capillitas masónicas no encuentra nuevos métodos para adormecer los restos de defensa natural que quedan en este pueblo, les es imprescindible que las fuentes que nos proporcionan los valiosos datos de la verdad queden ahogadas y se mueran para siempre.
Mientras existan análisis serios en los que se desentrañan los acontecimientos del último ataque a España, muy difícil será que desaparezcan por completo los españoles estudiosos del desarrollo de los acontecimientos que alcancen a vislumbrar con claridad que estamos volviendo a las mismas, con los mismos procedimientos y con la proverbial caradura de los corifeos de la situación que han hecho de la mentira su caldo de cultivo natural. No os extrañe: ya Stalin, el prototirano del proletariado, planteó explícitamente el principio de que la mentira es uno más de los instrumentos de lucha de la revolución.
Mienten hasta el punto de que hace unos años se descubrió (porque algún bienintencionado lo publicó) que en las famosas “ikastolas” en las que se prohíbe a los niños y jóvenes hablar en español, se estaban estudiando textos en los que se decía que España invadió en el siglo XIX a Vascongadas. Pronto me propongo comentar un texto, paradigma de la más cínica mentira, que he encontrado en vascongadas con el título de “Euskalerria”.
Son contumaces en la propagación de embustes sobre la historia y sobre la ciencia (y ahora no me refiero a España, sino a toda la historia universal y a la ciencia en todo el planeta). Contra toda prudencia, las expanden y defienden una y otra vez a pesar de los mentís de profundos estudios que los derrotan con verificaciones documentales irrebatibles: llegan a la infiltración en los más altos grados de la enseñanza, incluso en cátedras universitarias en las que imparten sus interpretaciones amañadas. Y su pertinaz insistencia, propiciada por la mediática, consigue hacer verosímiles sus planteamientos aún para quienes vivieron los acontecimientos. Si consentimos en la destrucción, como pretenden, de rastros que son instrumentos de búsqueda de la verdad histórica, hasta los mejor dispuestos serían confundidos. Sin unos archivos documentales veraces quedaría desasistido todo esfuerzo por esclarecer la historia y quedaríamos a merced de sus falsificaciones, dando crédito a una concepción de Cataluña que ya recolectó los fracasos más horrendos y que ha proporcionado tantas desdichas a nuestra Patria, tantos crímenes ominosos que no podrían ser conocidos y evitados después de poco más de medio siglo. Tendríamos (como al parecer tendremos) que afrontar ahora una vuelta a los mismos errores y desmanes de entonces porque el desconocimiento de nuestra historia nos obligaría a repetirla incesantemente.
Ya contamos con demasiadas generaciones (la mayoría de las que hoy viven) que han sido educadas en el desconocimiento de nuestra historia gloriosa y de los destinos patrios, que han tragado por cultura la larga ristra de infundios que hoy inculcan las escuelas a los jóvenes, adormecidos en el silencio de las cosas trascendentes y fundamentales para la concepción del mundo actual. Nos revelamos contra este nuevo intento de desposeer de los pocos instrumentos que aún quedan a disposición de quienes pretendan una erudición documentada acerca de hechos que fueron decisivos para nuestra Nación.
Acabarán llevándose los archivos, porque es voluntad de los valedores de toda esta carroña que salgan de Salamanca; y por más que su alcalde quiera reforzarlos tapiando el edificio que los contiene, sus intenciones están ya sentenciadas por quienes tanto odio esgrimen contra la verdad.
Y ¿sabéis cuál es el destino que espera a esa fuente de cultura y de sabiduría que tantos servicios ha prestado hasta la fecha? Su desaparición, su entierro en paradero desconocido, cuando no su inmolación en la hoguera en la que tantas obras de arte y tanta cultura ancestral se ha venido sacrificando en piras de holocausto real y pérfido. Ya nunca podremos acudir a esas fuentes de sabiduría, porque habrán desaparecido y porque nadie podrá ejercer sobre ellas una sana función de erudición y de descubrimiento de verdades refrendadas por documentación fehaciente.
Estas son las causas y estos los destinos que provocan y esperan a nuestros queridos archivos de Salamanca. Y no descuidemos otras fuentes que esperan el turno de ser igualmente sacrificadas, como la Causa General.
Que mi grito descarnado y mi protesta libre sirvan, al menos, para propalar que de nuevo nos ocultan las fuentes históricas en un esfuerzo ruin de que sus mentiras puedan campar sin respetos y sin derechos por el jardín de nuestra historia. Y para que guardemos como el mejor de nuestros tesoros los libros que historiadores serios y de raíz profundamente científica nos han legado después de fértil investigación. Ponen siempre a nuestra disposición documentos que nos hablan de los hechos reales y que destruyen la ficción creada por nuestros enemigos.

Javier de Echegaray
Enero 2.005
jechagaray@siapi.es
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres