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15/06/2004
 TALANTE No cabe duda que, de vez en vez, a los políticos les da por sacar algunos vocablos o expresiones del diccionario, bien sustantivados o bien adjetivados, y con suficiencia los ponen en circulación, los jalean con gran alborozo y los convierten durante un tiempo en el pan nuestro de cada día, o más bien en el hecho cultural más importante del momento. Unas veces es «puedo prometer y prometo», otras veces «sin acritú», otras «tolerancia», o «violencia de género», o «Estado» para evitar decir nación, patria o España, o «partidos constitucionalistas», sin olvidar echar mano continuamente del paradigma «democracia» por todos reverenciado y utilizado para afianzar cualquier sandez, sin dejar atrás los términos «transparencia», «diálogo», etcétera. Lo de más vibrante y excitante actualidad en estos últimos tiempos es «talante». Hay que tener talante para lo que sea: para mentir, para manipular, para insultar, para tergiversar, para claudicar, para deshacer lo hecho, para todo es preciso tener talante. Si nos aproximamos al María Moliner, podemos apreciar que como talante define la «actitud o disposición de ánimo buena o mala en que una persona está para tratar con ella». Hemos de imaginar que cuando se da tanto pábulo a esta palabra es en la intención de bondad, no de mala disposición. Sin embargo en estos días hay que tener talante hasta para entrar como elefante en cacharrería con la idea predeterminada de romper lo que se ha ido componiendo con paciencia y tesón, buscando el encaje de cada pieza, soldándola en el sitio justo y suplementando con escayola las esquirlas perdidas en anteriores roturas para que pueda llegar a tomar la forma original, pues, normalmente, y desde la antigüedad, las piezas, como los hechos, suelen responder a unos patrones depurados y las nuevas formas han de ser tomadas con discreción ya que no todo lo nuevo es bueno, ni es fácil que perdure hasta pasar al estante de lo clásico y modélico, ni puede tomarse de otra forma que como improvisación que se ha de decantar con el ajetreo de cada día, con la depuración a través de la experiencia, filtrando los residuos por tamices de diverso tamaño hasta conseguir una pureza digna de la excelencia. Claro que no hay que confundir la excelencia con medidas exactas y criterios extremadamente puros; pues puede ser más excelente una cerámica del siglo II a.C. que una pieza perfecta salida de la mejor fábrica actual diseñada y elaborada por ordenador, o puede ser más relevante una orza de cualquier alfarero de Zamora que la obra de un acreditado, alabado y encumbrado escultor modernista. La excelencia está allá donde se produce lo importante, lo sublime, aunque no alcance el rango de lo perfecto. ¿Cuántos santos han tenido orígenes poco recomendables y han terminado en los altares a fuerza de depuración? Pero volvamos al camino del talante que es el que hoy nos convoca. Porque, como hemos destacado anteriormente, si se emplea en sentido negativo, parece que la palabra no alcanza el significado que se pretende dar al ser usada: el de bondad. No parece que sea de buen talante romper compromisos internacionales contraídos en función de hechos y circunstancias puntuales. El «no a la guerra» figura en nuestro frontispicio de católicos: reprobamos la violencia en cualquiera de sus formas. Pero, desgraciadamente, a veces hay que usar la violencia para combatir y erradicar la violencia, aunque parezca una paradoja, ya que, en caso contrario, ésta puede llegar a anular lo correcto, la convivencia, los derechos irrenunciables de los otros, la libertad de los hombres como principio básico y fundamental. Si la vuelta al orden puede ser conseguida por medios pacíficos, todos debemos cantar alabanzas. Pero si es preciso tomar decisiones firmes no deseadas, el sentido de la responsabilidad dicta que hay que hacerlo. Y España, en su momento, creemos que tuvo que adoptar una postura que seguro no era del agrado de quienes la tomaron. Por ello, valerse de un «no a la guerra» para esconder torcidas intenciones es deshonesto; prometer romper acuerdos internacionales que fueron necesarios, una falta de sensatez. Ese talante no es positivo aunque se presente como tal. Pueden serlo para los interesados vociferantes, para ganar unas elecciones engañando, pero no para el respeto de los otros países del orbe, para las relaciones de todo tipo con terceros. Nuestras tropas han salido de Irak ante la mofa de los soldados de otras naciones, con el peligro que suponía que la retirada no fuera cubierta por otras tropas, como era lógico, acusados de abandono por una población que quiere vivir en paz y no lo consigue, con la petición del obispo de Bagdad de que «no se siga el pésimo ejemplo de Madrid, porque si nos abandonan será una catástrofe» y la reflexión del cardenal Martino en el sentido de que estas actitudes podrían «desembocar en una guerra civil». Si como dice el actual Ministro de Defensa, hay que «abandonar parte del material» para escapar corriendo del lugar, no es talante positivo, ni de honor para un ejército, ni siquiera para el último de sus soldados. No se puede asegurar que forme parte de un talante dialogante positivo dejar en suspenso parte de una ley sobre educación que trata de que los jóvenes adquieran una mayor formación, una cultura que se les estaba negando, unos conocimientos de los que carecen decenas de promociones, una preparación humanística fundamental para que el hombre viva y conviva en la sociedad y en sus relaciones con los demás y con lo trascendente. No es talante positivo escuchar el insulto y la difamación de titiriteros frente a lo que piensan otros que no se revuelcan en el rencor y la malevolencia. No es talante positivo de diálogo plantearse cerrar las capillas existentes en las facultades universitarias porque la Universidad es laica, que dice el rector de la Complutense de Madrid, que se confiesa de izquierdas, confundiendo, suponemos que interesadamente y no por ignorancia, que la Universidad lo que no es es confesional; o dejando de pagar a profesores de la cátedra de Teología para que desaparezca por falta de claustro. Tampoco se puede considerar como de talante dialogante que imbéciles comediantes manifiesten que la «guerra patrocinada por Bush, Blair y Aznar es nuestro terrorismo», cuando una forma de nuestro terrorismo sí puede ser la falta de solidaridad que encubre la cobardía vestida de pacifismo. Es falta de talante positivo engañar al ciudadano con mentiras, medias verdades, ocultamientos, proclamaciones que no se piensan cumplir porque saben será imposible, o no se consumará porque sólo obedecen a planteamientos electorales. No parece talante de signo objetivo actuar utilizando la palabra aviesamente contra quienes les han precedido, culpándoles de todo, incluso de aquello que han realizado magistralmente, como la orza del alfarero de Zamora, de hechos que se encuentran a la vista de la generalidad de las gentes pues están produciendo grandes beneficios, y negarlo o vituperarlo, además de ser una maldad, es una mendacidad y una falsedad. ¿Acaso puede entenderse como talante positivo el comportamiento de ciertos medios de comunicación que difunden soflamas, desacreditan a las personas, inducen al error, provocan movimientos prerrevolucionarios, y utilizan la calumnia y la patraña para llevar al ánimo de las buenas gentes hechos engañosos e irreales? Sería bueno que el ciudadano llegara a poder apreciar dónde está el talante positivo y dónde el negativo; claro que para ello sería necesario que la juventud llegara a tener una formación adecuada, cosa que intencionadamente se les niega pues es preferible que el votante carezca de la capacidad de reflexión y pensamiento que le llevaría a darse cuenta dónde encontrar lo excelso libre de recubrimientos perversos. Emilio Álvarez Frías dirige la revista de pensamiento ALTAR MAYOR. NI CON UNOS NI CON OTROS Una de las muchas razones por la que un proyecto tan atractivo como el falangismo, que auna inquietudes de carácter patriótico y social compartidas por millones de españoles, no ha conseguido adaptarse al mapa político posterior a la muerte de Franco, es su indiscutible vinculación histórica con ciertos movimientos políticos de la Europa de Entreguerras que, derrotados en 1945, se convirtieron en las grandes herejías del imaginario colectivo de nuestra época. Esta circunstancia, ha sido mal asimilada en el seno de las propias huestes azules, entre las que han abundado (y abundan) especialmente dos formas contrapuestas entre sí, y a la vez erróneas de enfrentarse con el propio pasado. De un lado, se encuentran aquellos falangistas, mayoritarios entre las corrientes del falangismo más refractario a la valoración positiva de la figura de Franco (los autodenominados auténticos e independientes), que han volcado tradicionalmente todo su esfuerzo en negar la evidencia histórica. Que José Antonio Primo de Rivera y Ramiro Ledesma Ramos emprenden su trágica y breve carrera política, al objeto de importar a España el espíritu propio de los movimientos políticos que por aquellas fechas triunfaban en Italia y Alemania. Que, igualmente, existieron durante la etapa fundacional y, posteriormente, hasta la derrota de 1945, intensos contactos y cordiales relaciones entre la Falange y dichos movimientos, sellados con la sangre comúnmente derramada en los campos de España y Rusia, en la lucha contra el comunismo. La ingenuidad de este planteamiento, bienintencionado en principio, porque trata de desmarcar al movimiento español de todo mimetismo extranjero, se pone de manifiesto siempre ante el peso indiscutible de la realidad de los acontecimientos del propio pasado. Por el contrario, y con frecuencia en los ambientes francofalangistas, existen personajes (minoritarios en esos mismos ambientes, todo hay que decirlo) que van más allá de la constatación de la verdad histórica del propio pasado, y soslayan el hecho ideológico, tan indiscutible como el histórico, de que, si bien la Falange mantuvo una estrecha relación histórica con los movimientos italiano y alemán, en el plano ideológico apuntó en muchos temas unas ideas muy diferentes a las de aquellos, que le confieren una personalidad propia y absolutamente diferenciada de sus coetáneos extranjeros. Ese soslayo, en este caso, ni es bienintencionado ni ingenuo, y esconde el propósito poco leal de ciertas personas, de aprovechar el paraguas falangista para hacer proselitismo del ideario, legalmente proscrito, del movimiento político alemán, que es el que verdaderamente enciende los corazones y mentes de estos supuestos falangistas, que en una incomprensible actitud de soberbia, se atreven a acusar de traición a aquellos otros que no comparten sus planteamientos. Ante unas posturas y otras, y muy especialmente contra la de los pardos teñidos de azul, los falangistas deben estar en guardia. Tanto desde la asunción sin complejos del propio pasado, como de la defensa inequívoca de la propia autonomía ideológica frente a ideologías ajenas. Solo así, podrá superarse uno de los muchos obstáculos que impiden a la Falange cristalizar en un movimiento coherente y organizado. Adolfo Moncada es sindicalista y colaborador en varias publicaciones culturales. LLORA LA GUARDIA CIVIL El haber sobrevivido durante 150 años de historia a decenas de gobiernos, una guerra civil y una dictadura, no ha sido suficiente para que, una vez más, la Guardia Civil haya tenido que sufrir en sus carnes las vejaciones del gobierno de turno. Asistimos impotentes, una vez más, al bochornoso espectáculo de ver como se pisotean ilusiones, derechos y esperanzas. Y, una vez más, el Benemérito Cuerpo acatará las órdenes y decisiones del gobierno de la nación. Cierto es que desde su creación, la Institución ha cambiado mucho y ha sufrido un lavado de cara importante, tan sólo hay que recordar la instauración del día libre semanal, la fijación de la jornada semanal de 37 horas y media (aunque pocas veces se cumpla), o la creación del tan cacareado Consejo Asesor de Personal, que ni aconsejaba, ni asesoraba, y muchos menos del personal. Ahora con el retorno a la presidencia de un partido socialista, el tan polémico “sindicato” AUGC (Asociación Unificada de Guardias Civiles) se las prometían muy felices, por las múltiples promesas socialistas sobre el futuro de la Guardia Civil. Pero la alegría duró poco, y si el Súper Ministro de Defensa Sr.Bono, en su discurso de investidura, ya prometió que no habría sindicatos profesionales en el ejército ni en la Guardia Civil, semanas más tarde el copropietario de la Benemérita, Sr. Alonso, Ministro del Interior (gracias a Dios no han cambiado el nombre al ministerio) anunció que el nuevo Director de la Guardia Civil iba a ser el General del Ejercito del Aire Sr. Gómez Arruche. De un plumazo y a las primeras de cambio terminaban con otras dos promesas: Creación del mando único y desmilitarización del Cuerpo. Pero este nombramiento no sólo es el enésimo incumplimiento de las promesas electorales, a las que ya nos tiene acostumbrados el PSOE, sino que supone una grave y peligrosa afrenta a los Generales Jefes del Cuerpo, que han tenido que contemplar impávidos como un General de rango inferior era puesto al frente del Instituto, teniendo como subordinados a Generales de mayor rango, más antiguos y mejor preparados que él. Aparte del significativo gesto que supone el volver a poner a un militar (y que para mas INRI no es de “la casa”) al mando de la Guardia Civil, hecho que no sucedía desde hacía mas de una década. Es claramente una bofetada del gobierno, no sólo para los que van a ser sus nuevos compañeros de profesión, sino también para el resto de los componentes del Cuerpo. Un hecho conocido por todo el mundo es que en la Academia General de Zaragoza se forman los oficiales de la Guardia Civil, lo que no es conocido por todos es que son siempre los primeros cadetes de cada promoción, los que optan por tomar la especialidad de Guardia Civil, quedando el resto de alumnos destinados a formar parte de los tres ejércitos. Es decir, si de los mejores cadetes de cada promoción se obtienen los futuros generales de la Benemérita, ¿por qué coger a un general con una más que menor capacidad que la del resto de sus compañeros de promoción? Como dije antes, el nombramiento del General Gómez Arruche, supuso el estremecimiento de todos los estamentos del Cuerpo, fue como pegar una patada en un avispero, y si no fuera por el enorme nivel de disciplina y acatamiento, y por la gran memoria histórica de todos los componentes, perfectamente se hubiera podido volver a dar el caso de un teniente coronel dirigiéndose al parlamento, arma reglamentaria en mano. Y me consta que esos días hubo muchas llamadas entre los despachos de los más altos dirigentes del Cuerpo, aunque en esta ocasión los alegatos iban cargados con grandes dosis de sensatez y no se urdió ningún plan estúpido. Mientras todo esto sucede, los escalones más bajos de esta gran escalera que es la Guardia Civil, es decir los guardias, lloran por lo que pudo ser y no fue, por ser víctimas, nuevamente, de las promesas socialistas. Y en definitiva, por sólo ser recordados cuando estos casi 75.000 votantes tienen la oportunidad de inclinar la balanza hacia un lado o hacia el otro. Juan Pareja es especialista en asuntos sobre la Benemérita. ¿LEGALIDAD VIGENTE? Esta Ciudad en la que vivo padeció durante el anterior período un Ayuntamiento gobernado por los socialistas en coalición con los amigos de Llamazares y —durante un tiempo— representantes del nuevo castellanismo rancio de siempre. Habíanse hecho los progresistas con el gobierno de la Ciudad de un modo totalmente sorprendente, hasta el punto de que el equipo de Gobierno debió constituirse con elementos inicialmente designados por los citados partidos con el propósito de ejercitar la oposición. Vamos, en circunstancias muy similares a las que ha tenido que afrontar Zapatero, cuyo equipo no soñaba ocupar La Moncloa ni con la imaginación artificialmente agitada.. La principal consecuencia fueron cuatro años de absoluta inoperancia que —eso sí— dejaron las arcas totalmente exánimes, so capa de no pocos gestos dedicados a la galería. Durante ese tiempo, fueron varias las muestras que estos progresistas dieron de su personal soberbia, que les hacía creerse por encima incluso de las leyes. Al poco tiempo de acceder al poder municipal, un concejal de IU adquirió una autocaravana. Dado el volumen del vehículo, tuvo que hacer obra para alzar la cubierta del tejado del garaje de su vivienda, pero “olvidó” solicitar la preceptiva licencia, lo que motivó un pequeño escándalo de ámbito local. Llegado el verano, este mismo concejal optó por disfrutar del nuevo bien en la costa cantábrica. Pero no debía contar con la posibilidad —que se materializó— de que los ciudadanos nos enterásemos de que había sido multado por aparcar y pernoctar en zona prohibida de una conocida playa. En su soberbia, este concejal —responsable del área de Medio Ambiente en la Ciudad— se permitió el lujo de dar ejemplo a sus conciudadanos declarando a la prensa: “No voy a pagar esa multa”. Ignoro a estas alturas cómo se resolvieron estos expedientes, y supongo que el lector podría aportar otros casos a este incipiente anecdotario. No obstante, parece que su gravedad se acrecienta cuanto mayor es la responsabilidad del político que comete los desafueros. Debería Zapatero recordar que en el ordenamiento político español no existe la figura del presidente electo y la designación del sucesor de Aznar exige un largo trámite, más o menos tortuoso. No era —por tanto— procedente hacer pública con antelación la composición del nuevo gabinete, aunque fuera un procedimiento para acallar las numerosas voces que en el PSOE se alzaban durante el reparto del botín. Que esto ocurriera antes de que el Rey iniciara la preceptiva ronda de consultas es muy significativo del nuevo papel que le reservan a la Corona —¡y se quejaban de Aznar!—, pero que sucediera cuando ni siquiera se había constituido el órgano con competencia en la elección del nuevo presidente fue una peligrosa muestra de prepotencia y desprecio a la soberanía nacional representada en las Cortes. Pero corto le dejaron algunos gobiernos autonómicos —entre ellos el de Cataluña, presidido por un socialista—, que inmediatamente después del 14-M hicieron pública su intención de no cumplir la Ley Orgánica de la Calidad de la Enseñanza. Ciertamente, no sería éste el primer caso en que el poder político desafía la legalidad: Atucha defendiendo a Otegui y sus colegas en el parlamento vasco, Aznar haciendo oídos sordos a la sentencia que le obligaba a desconcentrar las emisoras de Antena 3 de la Cadena Ser... No ha habido lugar para comprobar si estos poderes regionales cumplirían su amenaza, pues ésta surtió el efecto deseado en un Gobierno hipotecado hasta las últimas. Pero el reciente Decreto de paralización parcial de la aplicación de la LOCE deja ahora aparentemente en manos de los gobiernos autonómicos controlados por el PP la oportunidad de desoír al Gobierno de Zapatero, por mucho que sea éste quien haya roto el principio de jerarquía legislativa. Esta violación del ordenamiento jurídico vigente dejará abierta la espita por la que finamente desaparezca el gas constitucional que mantiene el globo de España en el aire. Al cometer esta consciente fractura de la legalidad, el gobierno de Zapatero —además de atentar, como amenaza, contra las bases permanentes de nuestra sociedad— cede argumentos a quienes —por ejemplo— animan la autodeterminación del País Vasco o de Cataluña. Ante esta manifiesta debilidad del sistema político acaso sea el momento de plantearse cuestiones como la objeción de conciencia (serán muy sensibles a su vertiente fiscal) o la resistencia civil para enfrentarse a la nueva Transición, una nueva versión de aquella política que consistía en hacer legal lo que decían era normal en la calle. Una revolución política sustentada por una vieja fórmula: hacer creer que la sociedad ha cambiado para justificar el dinamitado del artificio constitucional, cuya voladura se llevará finalmente por delante cualquier vestigio de una nación que creíamos perenne. Rafael Ibáñez Hernández es historiador. INQUISICIÓN Hoy no tengo el cuerpo para escribir sobre temas serios y trascendentes, abrumado por la acumulación de noticias y, sobre todo, por su utilización frívola como tema electoral: queremos construir Europa como el que va al fútbol... Así que dejo de lado el matrimonio o concubinato (esto nunca se sabe) entre socialistas y separatistas y también en la política internacional de España, que, al parecer, no lleva de ser "auxiliares del Imperio" a jenízaros de la vecina, dulce y puta Francia... todo un panorama. Tampoco quiero ironizar sobre la "ocasión histórica" del Fórum de las Culturas de mi ciudad barcelonesa, al que están llevando, por imperativo legal, a escolares (tan hartos del curso que expira como sus profesores) para hacer subir las estadísticas de participación. Fíjense en mi estado de ánimo cuando ni me meto con la medalla de José Bono. Mi idea inicial era dejar de lado la Sociedad Política para tratar temas que interesan a mi Sociedad Civil; ya sabemos que ambas presentan perfiles separados... hasta que la tentación totalitaria seduce a los jerifialtes. Esto les suele pasar a todos, pero, cuando se dicen de izquierdas, peor. Es curioso que de las dos acepciones de la palabra "totalitarismo" los llamados demócratas siempre se inclinan por aplicar la peyorativa. Me explicaré, con permiso del sufrido lector. "Totalitario" puede ser la tentación a "totalizar", esto es, a que el Estado sea de todos los ciudadanos, no de una clase social o de un partido. También, la tentación de que el Estado intervenga en todo, incluidas vidas y conciencias. A esta segunda acepción llamaba Ortega y Gasset "impropia", porque para él, liberal auténtico, el objetivo era la participación global y completa en las tareas de la res pública. Pues bien, los tripartitos que nos rigen se inclinan peligrosamente por la primera acepción: la Sociedad Política invade el territorio de la Sociedad Civil, inmiscuyéndose en usos, costumbres, lenguaje, modas y decires. Ahí van dos ejemplos tomados de la prensa diaria: varios trabajadores del Hospital Clínico de Zaragoza han sufrido la intervención de la Policía por fumar en la cafetería del Centro, denunciados por un aprendiz de inquisidor de una asociación antitabaco; al parecer, se basa en una Ley Aragonesa de Prevención, Asistencia y Reinserción Social en materia de drogodependencia. En el mismo camino, la Generalidad catalana prepara varias medidas coactivas contra los fumadores, entre amenazas similares a las empleadas para imponer el catalán como lengua exclusiva. En otro orden de cosas, siempre dentro de la línea totalitaria e inquisitorial, la Junta de Andalucía obliga por decreto, a través de su Boletín Oficial, a emplear la maldita barra con masculinos y femeninos: ciudadanos/as, andaluces/zas, niños/as... imbéciles/as; no sabemos los alcances de quienes decretan tamaña estupidez, pero nos los imaginamos... Desconocen el valor genérico o generalizador del supuesto masculino y prefieren el lenguaje "políticamente correcto" impuesto desde el Poder. Más o menos es una norma del mismo jaez que la que obliga, por lo menos en Cataluña, a designar a las antiguas Asociaciones de Padres de Alumnos (A.P.A.) como Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos, con lo cual el resultante A.M.P.A., claro que sin "h", puede obligar a intervenir a algún grupo de "intocables" con Eliot Ness a la cabeza. Francamente, las pulgas de la pelliza de Viriato empiezan a picarme por todo el cuerpo; estoy hasta el gorro de imposiciones cretinas en mi ámbito civil, ahora que me había acostumbra a imposiciones igualmente cretinas en el ámbito de lo político. Me empiezo a sentir chispero madrileño ante los Esquilaches nada ilustrados de nuestros días. No es que amenace con echar mano de la faca (poco elegante y escasamente práctico), pero me propongo firmemente una desobediencia civil y pacífica, eso sí, plagada de ibéricos tacos, cada vez que una Autoridad o sus Agentes se propongan intervenir en mi vida civil, pacífica y sencilla. De política hablaremos otro día. Manuel Parra Celaya es Doctor en Pedagogía y Profesor de Enseñanza Secundaria. QUÉ LEJOS NOS QUEDA ITALIA Se celebraron las Elecciones Europeas, y tal como preveíamos en esta misma página, el PSOE no pudo revalidar su gran victoria sobre el PP, en el fragor de la confusión generada por la masacre del 11-M. En esta ocasión, la victoria socialista se ha producido por un margen muy estrecho de votos, siendo el PP la fuerza más votada en la mayor parte de las Comunidades Autónomas, y sustentándose la victoria global de las huestes de Zapatero, una vez más, en su feudo andaluz, donde el PP es incapaz de romper con su imagen de brazo político de la burguesía agraria más caduca. En medio de una gran abstención, que ha alcanzado cotas históricas y demuestra que los españoles ya nos vamos dando cuenta del gran timo que es la Unión Europea, todas las fuerzas políticas se han visto debilitadas, especialmente Izquierda Unida, que sigue a la deriva tras la retirada del primer plano de Julio Anguita, el que ha sido en todos estos años su único líder convincente y carismático tras la marcha, hace dos décadas, del viejo dinosaurio de Carrillo. Ninguna fuerza de carácter marginal o alternativo ha sido capaz de aprovechar la coyuntura. Los Verdes y el Partido Cannabis, sustentados en el voto de la juventud del “buen rollito”, apenas han sumado 120.000 votos entre ambas candidaturas, muy lejos del mínimo necesario para obtener representación. A gran distancia, el mosaico habitual de formaciones minoritarias. Entre ellas, el patriotismo social representado por las tres organizaciones falangistas, que han sumado conjuntamente un total de 20.000 votos, resultado paupérrimo, pero superior al espantoso ridículo cosechado por la “derecha patriótica” representada por los antiabortistas de Familia y Vida, los conservadores del PADE y los nacional-populistas de DN. Qué lejos nos queda Italia. Allí, las candidaturas del patriotismo social han sumado cerca de 700.000 votos, plasmándose en los sendos diputados obtenidos respectivamente por Alternativa Sociale y Fiamma Tricolore. Y de la “derecha patriótica”, para qué hablar. Ahí están los más de tres millones y medio de votos obtenidos por Alleanza Nazionale. Claro que allí hace décadas que salieron mentalmente de la prehistoria y se pusieron a trabajar en serio. ¿Ocurrirá en España alguna vez?  La fiel Infantería. Rafael García Serrano. Edición de Rafael Ibáñez Hernández. Madrid, Actas, 2004. Oportuna reedición, que junto a IDA Y VUELTA de Antonio José Hernández Navarro, inaugura la colección Post Nubila de la editorial madrileña Actas, en la que se pretende recoger algunos títulos perdidos de la literatura generada en el fragor de la batalla y la Victoria. Publicado originalmente en 1943, por la Editora Nacional, LA FIEL INFANTERÍA es uno de los mejores reflejos de las paradojas que acaecieron sobre la Falange en el régimen franquista. Por un lado, la novela obtuvo el Premio Nacional de Literatura, por aquel entonces denominado con el nombre de José Antonio Primo de Rivera, y por otro fue prohibida y secuestrada dos meses más tarde, a instancias de la jerarquía eclesiástica, auténtico cáncer del Régimen del 18 de julio. No volvió a reeditarse, en versión censurada, hasta 1958. Testimonio autobiográfico del coraje falangista en las trincheras de nuestra Guerra Civil, fue objeto de una adaptación cinematográfica en 1959, dirigida por Pedro Lazaga y con guión del propio Rafael García Serrano. Nuestra gratitud a Actas, por desempolvar del olvido esta magnífica obra del extraordinario e inolvidable escritor y periodista falangista, Rafael García Serrano.  Miguel Hedilla de Rojas esta casado y tiene dos hijos, es Graduado Social y Abogado del Ilmo. Colegio de Abogados de Madrid. Fue, antes de la muerte de Franco y después, durante la transición, militante Falangista, primero de los grupos de oposición falangista al régimen de Franco y con posterioridad uno de los fundadores de Falange Española de las JONS (Autentica). lanoticiadigital.com .- A un veinteañero ¿qué le dice el apellido "Hedilla" leído en un SMS de su teléfono móvil?, Miguel Hedilla .- A no ser que tenga cierta formación política, nada, absolutamente nada. Lnd.com .- De entre las facetas apenas conocidas de su padre -II Jefe Nacional de FE de las JONS- una fue su profunda convicción católica, ¿hubiera batallado por una referencia al Cristianismo en la Constitución Europea? MH .- No, creo que no. Manuel Hedilla era católico, profundamente católico, pero no demócrata-cristiano o populista. Además no era hombre de formas o palabras, sino de hechos, y toda su vida estuvo mas preocupado por como conseguir la libertad, integridad y dignidad de la persona en tanto ser portador de valores eternos, que por declaraciones formales que generalmente no cambian las cosas. Creo que mucha gente es bastante superficial en este tema, se quedan en la forma, quieren que conste la referencia, pero se olvidan que lo verdaderamente importante es el fondo, la persona, el ser humano, y esto último es precisamente por lo que no luchan la mayoría de las gentes de derechas, los del PP y los de extrema derecha. Lnd.com .- La otra fueron sus esfuerzos ante la Sociedad de Naciones para evitar la salida de niños españoles hacia la Rusia comunista ¿no queda un hueco en la Historia Contemporánea española para este hecho? MH.- La mayoría de los hechos con relación a Falange están tergiversados. De todas formas y ciñéndome a la pregunta Manuel Hedilla tenía muchas más facetas además de la que Vds. mencionan y que es de mera humanidad; como por ejemplo su postura en defensa de los trabajadores y la reivindicación de sus derechos, o su lucha permanente para que acabasen las represalias en la zona nacional durante la guerra civil y, sobre todo, su honestidad y humildad, que para otros era un ejemplo con el que había que acabar, como así pasó, no sea que sus intereses peligrasen. Lnd.com .- Permítanos una última referencia a su padre -Manuel Hedilla- ¿qué valoración hace del libro "La Falange del silencio" (Ed. Barbarroja) que el profesor José Luís Jerez le dedica? MH .- Todo lo que sale en el libro lo dijo Manuel Hedilla, la pega está en como sale, el contexto, y lo que no sale. Les voy a poner un ejemplo. Está la famosa frase de José Antonio del discurso de la Comedia "...bien está, si, la dialéctica como primer instrumento de comunicación. Pero no hay mas dialéctica admisible que la dialéctica de los puños y las pistolas cuando se ofende a la justicia o a la patria...";. Parece claro que la mayoría al utilizar esa frase se olvidan de la primera parte, de lo de bien está, sí, la dialéctica como primer instrumento de comunicación...... Lnd.com .- Vd. vivió de cerca los años de plomo de la Transición, entonces y ahora ¿sigue siendo posible encontrar falangistas en la extrema derecha y en la extrema izquierda? MH.- No, si son falangistas no son de extrema derecha y si son de extrema derecha no son falangistas. Otra cosa es que ellos se llamen falangistas y esto, por desgracia, es un problema de difícil solución. Durante la transición quien defendía y luchaba por el falangismo y lo falangista era la Auténtica, y ahora, quién lo hace es Falange Auténtica. Lnd.com .- ¿Qué es para Vd. la unidad de la Patria? MH .- Le voy a decir lo que no es: No es una bandera ni un himno, no son botas de media caña ni correajes, no es un mero y vacío sentimiento, no es algo sensual que nos hace llorar y nos llena de melancolía ....., es,.... bueno tal vez aquí hay que leer de uno de los textos más hermosos que escribió José Antonio y a el me remito: La Gaita y la Lira (F.E. nº 2 de 11 de enero de 1.934 ; Obras Compeltas páginas 111 y 112). Hay gente que se llama falangista que no ha leido absolutamente nada de José Antonio, se acercan a Falange por la camisa azul, el himno, etc.. , si luego profundizan estupendo, si no peligro. De todas formas hay algo que quisiera comentar. Y es la extraña e ignorante contradicción que se da en bastantes personas que se dicen falangistas. Por un lado se declaran antiborbónicos furibundos, sin embargo por otro son partidarios acérrimos del centralismo borbónico, para ellos hay que machacar lo catalán, lo vasco y lo que sea, son más peligrosos que los separatistas, son los separadores, que se olvidan que cuando España fue grande, verdaderamente grande, estaba descentralizada, y era base de su sistema político el respecto a los fueros, tradiciones, costumbres y lenguas que conformaban lo español. Lnd.com .- ¿Cuál será su actitud política el día después de que el Parlamento Vasco apruebe el Plan Ibarreche? MH.- De profundo rechazo. Si eso pasa será un día triste, pero no hay que rendirse, hay que luchar porque puede ser peor: Que no sea el parlamento vasco solo el que lo apruebe, sino que también lo haga el español. Lnd.com .- ¿La razón del desencuentro entre falangistas está en la incapacidad de encontrar un proyecto común entre quienes -paradójicamente- suscriben la definición orteguiana de España como proyecto sugestivo de vida en común? MH .- ¿Desencuentro?, en realidad nunca ha habido desencuentro. Hay Falangistas que son los que están en Falange Auténtica; luego los hay que están en su casa, unos haciendo cosas y otros sin hacer nada, también están los que hacen cosas un tanto a su aire y de buena fe, y luego están los que dicen que lo son pero no lo son. Yo no veo ningún desencuentro. La búsqueda de un punto de encuentro, por otra parte inexistente, ha hecho siempre perder energías y tiempo, lo digo con conocimiento de causa. Por otro lado dudo que la gente de extrema derecha que se llama falangista suscriba, e incluso sepa, de la definición orteguiana, y el significado, de España como proyecto sugestivo de vida en común. El que se sienta falangista o el que crea que lo es, lo que debe hacer es integrarse, o sin hacerlo apoyar a Falange Autentica. Lnd.com .- ¿Se atrevería a formular una medida original de un hipotético gobierno azul? MH.- Si, trataría de lograr como primera medida alguna formula que permitiese la participación progresiva y paulatina del trabajador en la gestión y beneficios del sistema económico. Por otro lado creo que es imprescindible una Reforma democrática de la Constitución, orientada a una posterior legislación que persiga varios objetivos: * Nuevo sistema educativo. Más valores y menos televisión. * Nuevo sistema autonómico. Verdadera descentralización. Poder para los ayuntamientos. * Nuevos sistemas de protección para los colectivos más necesitados, y en especial para los inmigrantes, que por encima de su nacionalidad o de cualquier otra condición son personas. * Nueva forma de Estado. La Republicana. Lnd.- Por último, a un valenciano como Vd. ¿cómo la he sentado la desactivación del PHN? Yo no soy valenciano más que de origen materno. He vivido muchos años en Valencia y le tengo un especial cariño a Valencia y a lo valenciano. También soy santanderino de origen paterno pero no por eso soy de Santander. He nacido en Madrid y no tengo ningún sentimiento de "patria chica",soy y me siento español. No me veo en condiciones y preparado para hablar del tema con rigor. De todas formas creo que la política "con minúsculas",la que no es servicio, o sea la dominante, se ha cargado una posible, no se si la única, solución al problema del agua para Valencia, Murcia, y parte de Andalucía. ¿Insolidaridad regional?.  RAICES Y FRUTOS La Constitución europea, como estaba previsto, ha obviado cualquier referencia al Cristianismo a la hora de definir este enésimo intento de configurar el Viejo Continente como algo más que un mosaico de naciones a la greña; nacerá así, una entidad política, con prurito de convertirse en “proyecto sugestivo de vida en común”, como algo falsificado en su reencuentro histórico e intrahistórico. La Gran Secta lo ha ordenado y los Hermanos obedecen como buenos, actuando como “rodillo” inmisericorde. También la constitución española del 78 silenció cualquier referencia a las raíces cristianas –en nuestro caso y más concretamente, católicas- de España, y procuró que no apareciera el nombre de Dios por ninguna parte, quizás para no molestar precisamente a los Hermanos, que ya estaban convenientemente situados por aquellas calendas. Esa fue una de las serias razones que impulsaron a un servidor a votar “no” y a integrar honorablemente aquel –creo recordar- 2.6% de perdedores; la otra razón fue el dislate jurídico-político y lingüístico de la palabra “nacionalidades”, pero ése es otro tema que aquí no viene al caso… La cuestión es que ni España ni Europa, en sus respectivas constituciones, asumen su historia, tradición, raíces y elemento básico constituyente. El gran filtro de la masónica Revolución Francesa actúa como deformador; la historia oficial queda, así, enfrentada a la real, pero con conciencia de que sea aquella la que predomine. De ahora en adelante, cualquier escolar europea reconocerá el mundo que le rodea sólo desde Voltaire y sus muchachos, con el añadido de que, anteriormente, sólo existió una especie de prehistoria nebulosa, fanática e indefinible. El único “valor” en el que se basará la “nueva” Europa es, precisamente, la volteriana “tolerancia”, que se me hace a todas luces incapaz de hacer frente –o de tratar, por lo menos, de tú a tú- a otras definiciones más claras, sólidas y consecuentes con la propia historia, que van entrando, a cuentagotas o a chorro, en esta Europa estúpida de los Giscar d’Estaing y demás Hermanos. ¿O es eso lo que se pretende? Europa es la conjunción de Clasicismo, Romanidad, Cristianismo y Germanismo. A partir de este punto, se pueden admitir todas las influencias que se quieran, como aportaciones menores y aun anecdóticas, y una evolución histórica de la que el Racionalismo y la Guillotina forman simplemente una etapa, asumible, como todas, pero también superable. Europa sólo podrá hacerse a partir de esa superación, porque los viejos clixés se han mostrado incapaces y nocivos para construir sólidamente comunidades; sólo han servido para aunar los intereses de los privilegios o para edificar utopías enemigas de la libertad, precisamente en nombre de la libertad, al igual que la gran paradoja de la trilogía masónica: nunca los seres humanos han sido más desiguales, nunca menos libres y nunca menos solidarios, ya que no fraternos. La Europa capitalista –neoliberal y socialdemócrata- no llegará nunca a consolidarse como Nación de naciones; y no se lo impedirá el enemigo exterior –hoy, como anteayer, concretado en el Islamismo emergente y quintacolumnista, sino que lo obstaculizarán las propias contradicciones internas del Sistema vigente, que se ha mostrado suficientemente incapaz de hacer “más felices y más prósperos” a los hombres y a los pueblos. Manuel Parra Celaya es Doctor en Pedagogía y Profesor de Enseñanza Secundaria.
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