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17/12/2004
 Es de pena, o de escándalo, o de risa, o de llanto. De cualquier cosa, menos de recibo. Compro la prensa diaria para hartarme de reír en ocasiones, de llorar en otras, de enfurecerme las más y de alarmarme siempre. Está uno tentado de coger el petate y, de cualquier forma, largarse a un paraíso tercermundista donde no lleguen las noticias ni me exijan impuestos confiscatorios de mis bienes y de mis ingresos que van a ser gastados alegremente en angulas navideñas, ni esté pendiente de cuándo y cómo estos señores determinarán la secesión de mi Patria en diecisiete pedazos descompuestos ni me sorprendan con constituciones facciosas, internas o europeas amañadas a la medida de un poder oculto que odia a España; o de otras que tratan de convertir en naciones a nuestras provincias desgarrando nuestra ancestral sagrada unidad. Compro los más de los días el Mundo porque tiene aún un ápice de decencia y se aviene a algunas críticas que me permiten un ligero respiro. El ABC ha dejado todas sus líneas tradicionales y se ha convertido en un panfleto indigerible; el País (¿qué país? Será el del capo Polancone) no puedo soportarlo, sepultado como está en la defensa de lo indefendible, en el agujero negro (water) del empuje de todo cuanto mancha y destroza a España; en cualquier caso, no me da la gana ceder ni un solo de mis escasos euros (antes muchas pesetas) a sus comerciantes. Cada lectura de la prensa es un arco iris de sensaciones, todas ellas molestas y agobiantes. En cuyo abundamiento comento algunas de las muestras que nos ofrece hoy (11.12.04) la prensa diaria. Y me refiero a El Mundo de don Pedro J. (da gusto comprar el mundo entero por un solo euro) Los ministros ya no van a ser Excelentísimos, no podrán llevar una vida “ostentosa” ni podrán recibir regalos. ¿Qué hago? ¿Me río? ¿Lloro? ¿Pienso en ello? ¿Me abstengo de todo pensamiento? Señores ministros de hoy: ustedes no han sido jamás excelentísimos, mucho menos ilustrísimos ni tampoco señores. Sus escasas culturas, su desconocimiento tozudo de las cuestiones públicas, su insensibilidad con los problemas del pueblo (de ese que les encumbra a ustedes al poder cada cuatro años, aunque para ello tengan ustedes que cometer las más aberrantes tropelías), sus errores diarios y pertinaces, toda su ejecutoria histórica les libera a ustedes de cualquier título de dignidad; no lo han sido nunca ni lo serán jamás, por lo que desposeerles de esos atributos no es más que reconocer lo evidente, volver a la realidad de las cosas. De forma que, lo confieso, nos libran ustedes de una carga: porque nos torturaba la duda al decidir si les tratábamos de Excelentísimos por respeto a la dignidad o si se lo apeábamos por exigencias de verdades palmarias. Respecto a lo de llevar una vida “ostentosa”: el haber elevado a norma esta prohibición no viene sino a reconocer que ustedes la llevan. No saben nada de nada en cuanto al ejercicio de sus “dignidades”; pero llevan una vida “ostentosa”, es decir, se dedican a hacer gala de lujo y a ostentar las prebendas de su cargo en contra de lo que todos sabemos que debe de ser el comportamiento de personas sesudas y sabias que se ocupen de la resolución de los graves problemas de la Nación: una vida privada impoluta, en el silencio y el recogimiento que exige el trabajo concienzudo, sin estridencias ni alharacas, sin apariciones en los medios que cercenan los tiempos de trabajo, sin pasarelas de moda… Por lo demás: ¿qué es y quien va a decidir si lo es una vida “ostentosa”? ¿Se refieren a ir en un lujoso automóvil guiado por un mecánico? ¿A vivir en un palacio en los barrios multimillonarios de la ciudad? ¿A dar y a acudir a fiestas suntuarias? ¿A comprar propiedades de alto nivel? ¿Dónde empieza y donde termina la “vida ostentosa”? Todo lo que he enumerado se da en ellos como mínimos existenciales. Lo de no recibir regalos es algo que rompe moldes. ¿Es que los están recibiendo ahora y desde antiguo? Es confesión de parte la prohibición que se reglamenta, porque nadie prohíbe lo que no se hace. Y cada regalo, en esas esferas, lleva aparejada una petición, un favor, una prebenda. Y ¿Quién va a controlar que los ministros no reciban regalos? ¿Es que se hace hoy una lista de los regalos que se reciben en cada despacho ministerial o en casa de su titular? ¿O van a establecer la obligación de que cada uno de ellos haga una declaración mensual de los regalos que recibe? Mas: El Supremo confirma la sentencia por el montaje contra el director de El Mundo. No diré si me alegro o me conturbo por esta noticia: solo que también las sentencias de la justicia se ponen hoy en tela de juicio y que producen poca seguridad al público; pero me preocupa más que eso el que la sentencia haya sido confirmada por el Supremo a los diez años de producirse el fiasco. Diez años (una buena proporción de nuestra vida, sobre todo si consideramos la vida laboral) ha tenido que estar sometido a las sospechas y correspondientes críticas y descalificaciones el buen nombre de un personaje cuya profesión depende en buena medida de su reputación pública. Y ¿dieciocho años para el conjunto de los autores de la farsa, que al parecer hicieron un montaje en el que se ponía en solfa la decencia moral de esa persona? Si eran seis, tocan a una media de tres años. ¿Tres años para castigar un ataque a la intimidad “de especial gravedad”, “especial insidiosidad” e “intensa ofensividad” (sententia dixit)? ¿Un tal ataque a la honorabilidad tiene esa sentencia que jamás será cumplida por dimes y por diretes? Me aterra verdaderamente seguir viviendo en este país, antiguamente llamado España.. Otro: Putin transmite a Zapatero su preocupación porque (el titular dice “por que”) un atentado pueda cambiar la política de cualquier país. ¿Le estaba regañando? ¿Le conminaba a que las huestes bárbaras (islamistas y vascoterroristas) que habitan y asolan España no repitiesen la jugada en otras latitudes? ¿Qué respondió a ello Zapatero? Simple perplejidad del lector. Y no hemos salido de la primera página. Otra: GLEZ. DE CHAVARRI (perdón) DE TXABARRI así, a lo vascuence inventado, premia a un personaje que fue procesado por colaboración con ETA. Y el premio que concede “su” Diputación de Guipúzcoa es ni más ni menos que el primer Premio Derechos Humanos. Si, ya sé que no os sorprende, que estamos todos ya concienciados. ¿No fue mucho más tremenda la excarcelación del criminal Ternera porque había sido designado para la Comisión de Derechos Humanos? ¿Qué entienden todos estos paniaguados por “Derechos Humanos”? Y todos lo aguantamos a pié firme. Solo me pregunto una vez más: ¿No hay una fiscalía del Estado que debiera tomar cartas en estos asuntos? Don Javier de Ybarra nos cuenta en la cuarta que “cuando alguien desea ser, a un mismo tiempo, banquero y empresario, suele surgir el caos de las cuentas”. ¿Nos toma por imbéciles este señor? ¿Se han visto, acaso, cuentas más caóticas que las de un banco? ¿Qué entiende el señor banquero por caos? No se referirá a las cuentas en paraísos fiscales, a los traspasos fraudulentos, a la creación de cuentas opacas fiscalmente, a los chanchullos con los inmuebles de los que se apoderan impunemente cuando están cercanos a finalizar su pago, con beneficios agiotistas… Me parece más bien que se refiere exclusivamente a dos cosas inconfesables: la pertinaz oposición a que alguien que no pertenezca a los clanes bancarios detente el control de un banco; y la reticencia a ser retirado de prebenda tan sabrosa como esa presidencia. Isabel San Sebastián nos regala con un artículo sobre el agobio montado por el ejecutivo en torno al poder judicial. Lo titula “Montesquieu”. Es otra de las perlas con que nos sorprende el gobierno de la Nación: la separación de poderes es una de las más delicadas prendas que debe de guardar un sistema democrático para asegurar su independencia y no caer en la ruda tentación de tiranía. No es que sea un invento de los teóricos de la Revolución francesa: que algún día escribiré sobre la antigüedad que tal separación tiene en nuestro suelo, desde los tiempos de los Reyes más antiguos: San Fernando, Alfonso X,…. Enrique IV; pero aquí con separación seria y veraz, con separación real y absoluta de los poderes. Son historias celosamente guardadas en el baúl de lo “políticamente incorrecto” y que nos llevan al desconocimiento de nuestras raíces. Pero al menos deberían de guardar las formas y no añadir a la trampa de unos poderes ejecutivo y legislativo partitocráticos herméticamente fusionados, el suplemento malicioso de un control sobre la judicatura. Ahora ya podremos estar seguros de la poca fiabilidad del poder judicial y de las sentencias con que se nos regale, no solo a título privado sino (y esto produce mayor inseguridad ciudadana) a los efectos de resolución de litigios con el sector público. ¿Queréis más? En la última página está, como siempre, el artículo del engolado Francisco Umbral (no recuerdo ahora su nombre real). Es cierto que ha variado en los últimos tiempos sus posicionamientos políticos y que ha llegado incluso a ser un tanto incorrecto (de lo cual me alegro). Pero tiene una manía creciente con el tiempo: su anticlericalismo y su tozuda crítica a la Iglesia Católica, como un Peces Barba cualquiera. Su postura no para en el laicismo: se inmiscuye constantemente en los Dogmas que nada le importan porque no están hechos para él, como no lo están para cualquiera que no los acepte voluntariamente. Y llega a tomar a chufla cuestiones que para muchísimos españoles y para gran parte de los habitantes de este mundo, aún no globalizado, son sagradas. Y ofende; ofende muy gravemente. Tanto, que la mayor parte de las veces que decido leer un artículo suyo (curiosidad para comprobar por dónde pajea según pasa el tiempo) tengo que tirar el periódico al suelo porque no me sale de mis casillas soportar semejantes insultos. He llegado tan solo al párrafo en que dice (no sé si me atrevo a transcribirlo, porque, desde luego, náusea, me produce: lo hago solo porque comprueben las buenas gentes hasta qué punto podemos enfadarnos con sus diatribas): “…porque está escueto de meter goles (habla de Beckham) como San José estaba escueto de darle garlopa a su señora.” Supongo que este señor tendrá padre y madre, aunque ignoro la relación que tenga con ellos, que a lo peor ha hecho como hizo el señor Carrillo (otro excelentísimo) que renegó de su padre y se hizo hijo adoptivo (por su cuenta, claro) de Stalin, ese monstruo de tiranía. Pero conste donde convenga que le mando un recadito para ambos y que todos sabemos en qué consiste el recadito: y no llego ni a la infinitésima parte de su insulto, por lo que lo repito infinitas veces. Este es el panorama de hoy, el pan con que nos amargan la existencia los Ilustres de la cosa pública. ¿Qué? ¿Nos marchamos? Javier de Echegaray jechegaray@siapi.es  Mi admirado Juan Manuel de Prada, escritor como la copa de un pino y sin pelos en la lengua ante lo políticamente correcto, se quejaba hace pocos días en un artículo de la ausencia del latín en los planes de estudio, aspecto con el que estoy totalmente de acuerdo. Aprovechaba para lanzar un dardo al mundillo de los políticos, añadiendo que, quizás por eso, desconocían el sentido de “patria”. En este caso, añado a mi aplauso un matiz: no basta, sea dicho con todos los respetos a la etimología de la palabra y con escaso hacia los susodichos políticos. Si “patria” significa etimológicamente “la tierra de los padres”, yo le añado el valor, todavía mayor, de “herencia para los hijos”. Y aquí estoy más cerca del gran don Miguel de Unamuno, cuando decía que España, más que nuestra madre, debía ser entendida como nuestra hija. Y ello en dos sentidos: hija en el sentido de que debemos hacerla día a día, sin conformarnos con lo que nos ha sido dado o establecido; hija, también, en el sentido de patrimonio que no se puede moralmente dilapidar porque una determinada generación –como la actual, dicho sea sin señalar- sienta ganas de echarlo todo por la borda o le importe una higa cualquier asunto que no sea su puñetero bienestar. Una patria es como una fundación en la Historia; fue constituida en un momento dado y existe la obligación de transmitirla acrecentada, no disminuida; sus fundadores –patronos- formalizaron esa fundación de cara al futuro, mediante un proyecto. Cada generación debe actualizar el proyecto, esto es, hacerlo acto, no mera potencia, en términos aristotélicos, y no dormirse sobre los laureles, viviendo de las rentas del pasado, ni rompiendo, en un momento de locura, el acuerdo fundacional. Sí que puede –y debe- incluir su proyecto en otro proyecto más amplio (universalización), pero no trocear la herencia recibida como si se tratara de un roscón de fiestas. La exigencia, por tanto es doble: de cara al pasado, no tergiversar la fundación, arte en que son duchos los nacionalismos de cepa más o menos racial o lingüística; de cara al futuro, procurar que los hijos, las generaciones venideras, la reciban en su integridad (unidad) o acrecentada espiritual y materialmente por su incorporación a una tarea más ambiciosa (proyección). ¿Y de cara al presente? Hacer frente, con plena conciencia, a quienes se permiten el lujo frívolo de dilapidar la herencia patrimonial. Siempre he dicho al respecto que tan responsables son quienes actúan como separatistas o separadores como quienes se encogen de brazos y les trae al fresco la maniobra política de fragmentar una bella construcción histórica. Hoy es más necesario que nunca institucionalizar y popularizar una patriotismo, es decir, una identificación con el proyecto llamado España; y no hablo de “populismo” o de “patrioterismos”, que no son más que sucedáneos. Un patriotismo anclado en la sociedad, no en la política. Un patriotismo auténticamente social, exigente y transformador de lo caduco. Cambiarán las Constituciones, los regímenes y los gobiernos. Permanecerá la Patria, quizás integrada, junto a otras Patrias, en una Patria mayor. Pero nunca disminuida, amputada, sólo por exigencias de un neocaciquismo ambicioso o por cobardía de una sociedad política vacua. Dicho y rubricado en esta Cataluña del asombro y de la dispersión. Manuel Parra Celaya es Profesor de Enseñanza Secundaria Es muy posible que el título de este artículo sorprenda a más de uno pensando que puede ser verdad, tratarse de alguna broma o que, próxima la fiesta de los Santos Inocente, trato de gastar una especie de inocentada a nuestros lectores. Pues ninguna de esas cosas, simplemente es el título de una noticia que en este mismo mes, pero hace ahora nada menos que veinticinco años, publicaban algunos periódicos españoles y cuya noticia seguía diciendo: «Falange Española Auténtica, sector de Pedro Conde Soladana, ha decidido disolverse tras la celebración del quinto congreso, celebrado en Zaragoza la primera semana de diciembre. »Pedro Conde ha declarado en rueda de prensa, mantenida en Valladolid, que “no nos importa reconocer que hemos perdido. Hemos intentado recuperar la Falange de verdad, la de José Antonio, con todos su símbolos; sin embargo, hemos caído en la cuenta de que las formas y los símbolos, después del uso que se ha hecho de ellos, son irrecuperables. Por eso el partido se disuelve, pero abandonando las formas, no el fondo. »Pedro Conde añadió que “no tenemos a José Antonio como un buda intocable porque está sujeto a revisión y a crítica, que él mismo habría hecho a sus ideas, de haber estado aquí”. »El congreso de Falange Española Auténtica ha constituido una coordinadora para encauzar la actual etapa de reflexión. Desean mantener contacto con el partido sindicalista, continuados de Angel Pestaña, y con un grupo de sudamericanos y republicanos para crear un grupo de ideología joseantoniana». Veinticinco años después, nada se ha arreglado ni parece que se vaya a arreglar mientras los que forman parte de las distintas Falanges, incluida la Auténtica, y como acertadamente decía el editorial publicado en este revista digital el pasado día veintinueve, quieran, algunos, imitar a la fenecida Fuerza Nueva; otros caminar por la senda de la izquierda y al laicismo, para compensar los pasos que otros dieron hacia la derecha, y, por último, los que caminan por senderos ya caducos sin que tengan en cuenta que el tiempo no se detiene y siempre hay que mirar hacia delante y nunca hacia atrás. José María García de Tuñón es historiador No sé si es un cuento de Navidad, pero en su espíritu lo es. Después de muchas vicisitudes, nos encontramos a Blancanieves en una casita perdida en medio del bosque, y gobernada por los siete enanitos autonómicos (SEA). La situación es muy forzada pero puede llegar a ser simpática. Todos sabemos que se trata de una etapa provisional. Provisional porque las amenazas de la Bruja (competencia globalizada y feroz) son reales, y porque los SEA tienen tantas limitaciones (entrañables pero limitaciones) que no ofrecen soluciones con futuro. En el cuento, Blancanieves llega a una situación límite y queda en una especie de coma permanente; pero llega un Príncipe que despierta de tan mal sueño y se casa con ella, lo que se supone que es un final feliz. Nuestra Blancanieves parece abocada al coma y se merece también un final feliz, es decir, una vida con futuro libre, justo y apacible. Por supuesto, el futuro incluye a los SEA, cuya contribución se inserta en un Todo que no acaba de aparecer. Mi deseo para 2005 es que Blancanieves encuentre su Todo, principio y fin de su final feliz. José Antonio Santos es economista y profesor universitario La Expedición Almogávar a Oriente, al comienzo del siglo XIV, en ayuda del Imperio Bizantino contra el Invasor Turco, es de los hechos militares más asombrosos de las Armas Españolas en toda su Historia, pero a la vez es uno de los más desconocidos. Nos encontramos ahora conmemorando el 700 Aniversario de aquella gesta y es una buena ocasión para recuperar, refrescar y extender una Memoria histórica gloriosa que nos pertenece a todos los españoles. De entre todas las batallas victoriosas de la Compañía Almogávar contra fuerzas mucho más numerosas destaca la Batalla del Monte Tauro, sucedida el día 15 de Agosto de 1304, en la que siete mil almogávares españoles, bajo el mando del General Roger de Flor y el Senescal Berenguer de Rocafort, destrozan un ejército de más de cuarenta mil turcos, considerados entonces invencibles por los bizantinos. Esta Victoria increíble también marcó el comienzo del desgraciado destino de la Compañía Almogávar en Oriente. Eliminado el enemigo turco, que ya nunca más se atrevió a plantar batalla, las puertas de la Cristiana Armenia estaban abiertas de par en par, y ningún obstáculo serio existía en el Camino hacia Tierra Santa o hacia el Tigris y el Eúfrates. El empuje arrollador de la Hueste Almogávar estaba en su plenitud, y la decisión a tomar después de la Victoria del Monte Tauro era si se continuaba por la Senda de las Victorias o se volvía a las bases griegas de partida. Roger de Flor, General de la Hueste, tomó la decisión de volver a rendir cuentas de la Victoria del Monte Tauro al Emperador de Bizancio, Andrónico Paleólogo, y esta decisión le costó la vida a él y a miles de almogávares, pues fueron víctimas de la traición y perfidia bizantinas que les esperaban. De esta forma tan vil pagaban los bizantinos a los almogávares los excelentes servicios prestados por liberar sus tierras del peligro turco. La traición bizantina provocó la Venganza Catalana a la que los almogávares se dedicaron con gran furia y brutalidad, y que todavía es recordada hoy con horror y espanto en aquellas tierras. Roger de Flor se equivocó en su decisión de dar vuelta atrás después de la Victoria del Monte Tauro. Quizá sus temores personales y sus compromisos con la Familia Imperial Bizantina le influyeron decisivamente para tomar esa decisión de retirarse. A los amantes de la Historia Española nos queda soñar qué habría sucedido si Roger de Flor hubiera decidido continuar luchando por la Senda de las Victorias. ¡Quizá nos encontraríamos hoy ante un segundo Alejandro Magno! Hoy, setecientos años después de aquella Victoria no aprovechada, es hora de recuperar una historia que nos pertenece, pero hagámoslo con ojos críticos. Leamos con atención las Crónicas de Ramón Muntaner, los Relatos de Francisco de Moncada, y las pocas fuentes y libros que hay de aquella gesta, pero, insisto, hagámoslo con ojos críticos, pues si hay algo que me queda claro de todos mis estudios sobre Los Almogávares es que fueron abandonados o traicionados por todos, y en especial por la Historia, que cubrió sobre ellos el manto del olvido, el desconocimiento y la ingratitud. Guillermo Rocafort es abogado En estas entrañables fiestas para la Cristiandad, son muy frecuentes las llamadas a las actitudes solidarias de todo tipo. En el marco de esta necesaria solidaridad social que desde esta publicación suscribimos, un aspecto muy importante e insuficientemente desarrollado por las instituciones sociales públicas y privadas es el de la integración de todas aquellas personas que sufren discapacidades físicas o psíquicas, que les limitan en el normal ejercicio de alguna o varias de sus facultades. Entre ellas, los sordos, que suponen un porcentaje bastante apreciable de población, y en creciente aumento debido, tanto al envejecimiento poblacional como a los insanos y ruidosos hábitos de vida de nuestro tiempo. Entre las numerosas iniciativas que se realizan en pro de su dignificación no podemos dejar de hacernos eco de la existencia de una colección literaria, POR MÁS SEÑAS, coeditada por la Universidad Complutense, la Editorial Ramón Areces y el Centro Hervás y Panduro, dedicada a la Historia, Lingüística Gestual y Didáctica de las Lenguas de Señas, y que reflexiona desde un punto de vista científico sobre este campo de comunicación tan importante como es la lengua de signos, que permite a miles de personas en nuestro país, su mejor integración social por encima de cualquier barrera física. Sin duda, una loable iniciativa que desde La Noticia Digital aplaudimos.  El Fascio: edición íntegra del único número del semanario publicado en publicado en 1933. Rafael Viéitez de Prado (compilador). Prólogo de José Luis Jerez Riesco Barcelona, Ediciones Nueva República, 2004. 160 páginas. 15 euros. Uno de los hitos fundamentales en la historia del patriotismo revolucionario español del siglo XX fue, sin duda, la aparición en marzo de 1933, del semanario EL FASCIO, empresa periodística encabezada nominalmente por el periodista Delgado Barreto, pero auspiciada en la sombra por el mismísimo José Antonio Primo de Rivera, que busca una plataforma de propaganda en vísperas del lanzamiento meses más tarde de un nuevo movimiento político que intervendría decisivamente en la Historia de España. Junto a Delgado Barreto y el propio José Antonio, en EL FASCIO colaboraron otros pioneros de la tercera vía española como Giménez Caballero, Sánchez Mazas o Ramiro Ledesma, por lo que su valor como documento histórico resulta incuestionable. Fue EL FASCIO una empresa abortada por el autoritarismo del gobierno Azaña, que impidió la distribución del primer y único número. Los pocos ejemplares que escaparon a la censura fueron repartidos por patriotas entusiastas que hubieron de vérselas con las Juventudes Socialistas y la UGT, movilizadas para impedir la competencia revolucionaria de una nueva corriente política, inspirada en otras que en aquel momento triunfaban en Europa. Publicado anteriormente su contenido en un incómodo formato facsimilar, por fin nos encontramos con la reedición del único número de EL FASCIO en un libro, que cuenta con un ameno y militante prólogo de Jerez Riesco y un par de apéndices documentales de notable interés. Sin ningún lugar a dudas, un nuevo acierto editorial de Ediciones Nueva República en su rescate de la memoria histórica más olvidada de Europa.  En esta andanada contra los valores cristianos a la que tan irresponsablemente se ha lanzado el PSOE con algunas de sus propuestas legislativas (irresponsablemente en cuanto a las nefastas consecuencias sociales que tales propuestas traerán, pero absolutamente coherentes con sus postulados y, dígase lo que se diga, con el programa electoral socialista), y ante la reacción de sectores católicos que hasta hace muy poco no consideraban que había que movilizarse por nada, porque España con Aznar «iba muy bien», el PP sonríe, se frota las manos y, para ser justos, hasta debiera darle las gracias al bambino Zetapé. Con su obstinada actitud de frivolizar legislativamente con cosas demasiado serias, los socialistas han conseguido que en sólo unos meses los populares repesquen el afecto perdido de una parte importante de votantes católicos que se encontraban cada vez más separados de una política centrorreformista que, en lo moral, se diferenciaba muy poco de la que venía realizando el PSOE antes de que los muchachos de la gaviota aterrizaran en el poder. El atentado del 11-M y su manipulación por parte de la siempre sectaria izquierda española, junto a las torpes maniobras legislativas anticatólicas han hecho que el votante católico más comprometido, cuyo voto ha sido despreciado e ignorado por el partido popular durante los últimos años de su mandato, comience de nuevo a ver al PP como el anhelado mal menor: Virgencita, Virgencita que me quede como estoy. Dicen los voceros socialistas que no existe una persecución contra la Iglesia, y estoy muy de acuerdo con ellos; al menos, si por Iglesia entendemos los elementos personales y materiales que la componen, y por persecución, las incendiarias y criminales maneras de la Segunda República española, hoy tan bendecida. Los españolitos que tenemos la suerte de vivir en Andalucía, difícilmente podríamos concluir, sin faltar a la verdad, que los socialistas están enfrentados con la Iglesia, porque desde hace mucho tiempo estamos acostumbrados a que nuestros queridos mandamases socialistas vayan a la cabecera de todas las celebraciones religiosas católicas más populosas. Contra lo que verdaderamente van destinados sus ataques es contra los fundamentos cristianos de la sociedad española; pero en esto, no se diferencian mucho del camino que ya iniciaron sus antecesores en el Gobierno de (con perdón) España, aunque, como somos un pueblo de memoria frágil, todo se olvidará y, si me apuran, habrá alguno que ya se esté planteando la posibilidad de beatificar en vida a Aznar. Como católico de a pie que trata de ser coherente con las exigencias de su fe, da cierta pena comprobar cómo muchos católicos que hasta ahora se lo tragaban todo sin necesidad de bicarbonato, sólo han despertado de su letargo cuando se han sentido espoleados por las alarmas de la jerarquía eclesiástica, y cómo ésta sólo ha iniciado sus mecanismos sociales de defensa cuando se ha sentido atacada por asuntos como el de la financiación de la Iglesia, la minusvaloración de la asignatura de religión, la calificación de matrimonio a la unión de personas del mismo sexo, y por el ruido formado por la exhibición de una película proeutanásica. Y la verdad es que la cosa es para saltar, pero puestos a valorar gravedades en las ofensas, no se explica cómo la exterminación en el silencio de más de 70.000 criaturas cada año bajo el mandato de un Gobierno con mayoría absoluta del PP, no mereció ningún brinco ni aliento a movilizaciones por parte de conferencia alguna. Sólo los grupos Pro-Vida, y algunas iniciativas minoritarias de católicos comprometidos que han ido surgiendo en estos últimos años, junto a algunos pequeños grupos y partidos (todos ellos muy ignorados e incluso muy mal vistos por gran parte de esa jerarquía, y no digamos, por los gerifaltes católicos más representativos del partido popular) han sido capaces de mantener la denuncia encendida contra la terrible política genocida, antes del PSOE y después del PP. El aumento de la precariedad en el empleo y de los contratos basura, el precio disparatado de la vivienda, la extensión de las bolsas de pobreza, el aumento del consumo de droga entre la juventud, el incremento de la política antinatalista, la aprobación de la píldora abortiva, el inicio de la experimentación con embriones humanos, la subvención pública a películas como «Mar adentro» (que aunque fuese estrenada en los primeros días del Gobierno de ZP, fue obviamente rodada durante el Gobierno de Aznar), la proliferación de programas basura tanto en las televisiones públicas como privadas, la equiparación de las uniones de personas del mismo sexo con el matrimonio (que si bien es cierto que el PP no las hubiera aprobado con ese nombre, al otorgarles los mismos derechos, venían a ser lo mismo, y sería cuestión de uno o dos años su total homologación), o el hecho de meternos en una guerra tan torpemente planteada como injusta para conseguir las palmaditas en la chepa del primo de Zumosol (sí, ya sé que la demagogia progresista es insoportable, y sus manifestaciones contra la guerra, un grosero ejercicio de manipulación, pero eso no legitima nuestra participación en ella) y, en una palabra: la descristianización progresiva de la sociedad española durante los años del gobierno de Aznar, no pareció movilizar los ánimos de ningún conferenciante. Si para quienes creemos en una concepción cristiana de la sociedad y de la familia, y en el derecho a sentirnos orgullosos de ser españoles sin complejos, la única esperanza que nos queda consiste en que regresen al poder los ahora anaranjados chicos del PP, lo llevamos claro. Será cosa de ir pensando en hacernos andorranos, andosapos o andoloquesea... Pero que no nos engañen más, ni nos asusten de nuevo con que viene el lobo socialista, porque muy poco tiene que reprocharle a ningún lobo, aquel que gozando de una mayoría absoluta en su Gobierno, no sólo no ha tenido ni un gesto para frenar la sangría de los inocentes, sino que ha multiplicado, durante la mayoría absoluta de su mandato, el número de seres humanos exterminados. Es más, no sé quién es más lobo: si el que viene con cara de feroz, aullando y anunciando a las claras sus gastronómicas intenciones, o ese otro de aspecto elegante, moreno de rayos uva, que se sienta a la vera de la pobre abuela, y comienza a zampársela muy exquisitamente y disculpándose tras cada bocadito. Que le cuenten a la vieja eso del voto útil y del mal menor, que lo mismo la cogen en un día tonto, y cuela. Miguel Ángel Loma es abogado ¿Cuánto vale la dignidad de una persona?, ¿y la de un pueblo?, ¿y la de toda una nación?. Reflexiona, valora, cuantifica, sopesa. Pues siempre he creido que la Dignidad y Libertad de una persona son innegociables, su valor es infinito y no se le puede poner precio a la esencia del ser humano puesto que no es mercancía que se pueda comprar y vender, aunque el pensamiento único del mundo capitalista en el que vivimos así lo asegure, cargándose otro valor inalienable como es la Justicia, e impregne de su dogmática falaz a todos los partidos con representación parlamentaria, desde la consabida derecha a la izquierda más ridícula e incoherente. Bien amigos, pues según se vislumbra, y a la vista de los indicios que saltan entre líneas a los medios controlados por ese pensamiento único del capital (rojito o azulado), que son prácticamente todos, otra vez traicionándose a sí mismos y lo que es más importante a todo un pueblo que confió en ellos para ayudarles a deshacer una injusticia, parece confirmarse que el P$OE sí ha cuantificado en barriles de petróleo lo que vale todo un pueblo que se arrastra por el desierto pidiendo a gritos ¡JUSTICIA!, me refiero, como ya habrás adivinado tú que eres de pensamiento libre y despierto, al pueblo saharaui, ese pueblo hermano que por una tropelía coronada se vió de la noche a la mañana de ser ciudadanos de pleno derecho bajo la casa común que es España a verse envuelto en una guerra de supervivencia, a abandonar sus casas para malvivir en tiendas de campaña en el inclemente desierto, a ver como sus viviendas y ciudades eran ocupadas por gentes extrañas y sus aguerridos defensores eran encarcelados y torturados sin que ningún organismo internacional sepa nada de ellos ni de sus condiciones de vida, ni si están vivos o muertos. Eso parece haber negociado nuestro dialogante ZP con el dictador rey de Marruecos, al que por cierto ya le hizo una visita antes de alcanzar la presidencia y en la que demostró que la Dignidad, Independencia, Libertad y Justicia del pueblo se la trae al fresco mientras consiga sus intere$$es, y si no que se lo digan a los canarios que ven a las patrulleras marroquíes pasearse entre sus islas sin que nadie les diga que están fuera de sus aguas jurisdiccionales y, para colmo de bajada de pantalones, posa sonrisa en ristre con S.M. el dictador de Marruecos ante un mapa en el que se dibujaban unas Islas Canarias marroquíes. Ya entonces anunciaban la traición al pueblo saharaui al aceptar el plan Baker II (el tío Sam protege los intereses de sus amigos marroquíes) que proponía una autonomía dentro del reino de Marruecos, aunque seguía dejando abierta para un futuro la puerta de la autodeterminación, jugando al juego de Hasan de vencer por agotamiento y suspender el referendum de independencia sine die hasta que no se celebre o si alguna vez se organiza una farsa auspiciada por la ONU (USA) ya estén muertos todos los votantes reconocidos en el último censo español realizado en el Sahara, y que es el único legalmente aceptable, o que, en su defecto, voten todos los que ocuparon las casas que tuvieron que dejar los saharauis en su huída y que Hasan II lanzó en la marcha verde aprovechando el momento de inestabilidad en España, es el modus operandi de nuestro “amigo” del sur. Pues tal parece, porque “la vuelta a Europa” ha supuesto apoyar las tesis de Francia, que al respecto es incondicionalmente partidaria de la anexión sin más por parte de Marruecos del Sáhara, según han denunciado Argelia y el Frente Polisario, aunque Moratinos intente convencer a su homólogo argelino, Abdelaziz Beljadem, de lo contrario. Dicho Ministro de Exteriores argelino volvió a reiterar que España apoyó la treta de Francia y Marruecos para liquidar el problema en una reunión a cuatro, con Argelia, al margen de la ONU y vulnerando toda legalidad de la forma más indigna e injusta. No olvidemos que a ojos de la ONU y de la legalidad internacional España sigue siendo la potencia administradora del territorio. ¿Qué lectura se puede hacer de la decisión de nuestro gobierno de restringir el tráfico aéreo frente a las costas saharauis por un período de cuatro meses por maniobras militares de Marruecos?, ¿acaso han encontrado ya la solución final?. Recordemos que la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) atribuye el control aéreo del Sahara Occidental únicamente a España. Otros datos preocupantes son que España ha reanudado la venta de armas a Marruecos y que el 18 de octubre abanderó la abstención de la Unión Europea en el Comité de Descolonización de la ONU cuando se votaba una resolución de apoyo al plan Baker II. Debemos recordar que la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) está ya reconocida por muchos países y el último ha sido Suráfrica, cuyo Presidente Thabo Mbeki manifestó que “la gran vergüenza es que la autodeterminación del pueblo del Sahara Occidental, siga sin resolverse, una vergüenza tan grande como lo fue en su tiempo la existencia del apartheid”, después de la protesta manifestada por Marruecos que ha llamado a consultas a su embajador en Pretoria. La guinda nos la ha puesto hace pocos días nuestro simpático presidente del gobierno cuando el Presidente de la nación saharaui no ha sido recibido con honores de Jefe de Estado, como sería de Justicia al igual que se hizo con el malogrado Presidente de Palestina Arafat, sino que se le llevó casi escondiéndolo con vergüenza a la sede del P$OE para que su excelencia el Presidente del Gobierno “democrático” de España se dignara recibirlo. Os recuerdo que el pueblo español siempre ha ayudado a los saharauis por justicia, ergo en Democracia ... En mala hora se descubrió petroleo en el Sáhara y sur de Marruecos, ya las petroleras de Francia, Estados Unidos y España están optando a las respectivas concesiones de explotación, para más enriquecimiento del opulento dictador de Marruecos que mantiene en la miseria a su pueblo, haciendo que los respectivos Gobiernos de los países de esas compañías vendan a su madre por un puñado de petrodólares. Dios o Alá cojan confesados al muy noble pueblo saharaui y a los respectivos gobernantes la Justicia se lo reclame. Juan Pedro de Tena es Arquitecto Técnico
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