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09/08/2004
 Muchos niños de mi generación aprendimos los límites geográficos de España con ese lamento final. Medio siglo después los límites son los mismos, la vergüenza mayor. Porque ahora se cumplen trescientos años desde que la bandera de la "pérfida Albión" -como certeramente la llamó D.Matías Prats, padre- preside La Roca, como los británicos llaman a esa "piedra en el zapato de los españoles". Tres siglos en que monarquías de varias dinastías, repúblicas de diferentes signos, dictaduras militares o del proletariado, organizaciones nacionales o internacionales, acuerdos de la ONU, gentes de derechas y de izquierdas, paisanos y militares, por las buenas o por las malas, con bombardeos, con cercos…, con todo España no ha podido recuperar lo que le fue arrebatado con traición, y que a lo largo de estos siglos ha ido ampliando con engaños y abuso de su poderío. Pero si la Historia –inamovible-es esa, y nadie puede asegurar el éxito o la victoria en cualquier clase de enfrentamiento, lo que en esta hora del siglo XXI resulta desolador es el silencio, la sumisión y el conformismo con los que nuestra sociedad, nuestros gobiernos y nuestro Estado asumen una de las más humillantes y anacrónicas situaciones de la convivencia internacional. La sumisión y la vergüenza de Gibraltar, en el velado silencio que ahora le rodea, es señalado brillantemente por Luis Delgado en su emotivo libro "Operación 2001,Gibraltar Español" cuando cita a Francois Mitterand, el presidente francés, que en 1.992 reconocía "…que es un tema que, por simple pudor, se evita en cualquier reunión de la Comunidad Europea". Ese pudor, esa mirada desviada, ese silencio cómplice, no solo afecta ya a las naciones vecinas y amigas de Europa y del Reino Unido, a los Comités de Descolonización de la ONU, a los conmilitones de la OTAN sino que ha contagiado a muchos de nuestros políticos. El tono "bajito" de protesta ante la prepotente y reiterada presencia de buques de guerra de peligrosa dotación nuclear, las visitas de la poco ejemplarizante familia real inglesa o de los ministros del gobierno de su graciosa majestad, solo pretende cumplir un mero acto de protocolo diplomático, sin molestar demasiado. Las propias migajas que el contrabando, el blanqueo de dinero y la empresas de dudosa actividad dejan en algunos colectivos de españolitos en el ámbito colonial (porteadores, pacotilleros…) permiten a políticos locales o autonómicos reclamar al gobierno de la nación "más tacto y suavidad" en el trato con los llanitos… La humillación y la vergüenza avanzan. Los que de niños soñábamos con nuestros valientes soldados asaltando las escarpadas laderas mientras poderosos buques de la Flota bloqueaban y bombardeaban sin cesar el puerto, y nuestras escuadrillas atacaban el usurpado aeropuerto, sabemos que una acción militar es inimaginable, por múltiples motivos…salvo precisamente –en estúpida paradoja- para defender la inicua bandera de la Jack Union ante un hipotético ataque de un tercer país, obligados por nuestra humillada adhesión a la OTAN , con un socio que te coloniza. Pero frente a nuevas "trampas saduceas" como la de la inadmisible soberanía compartida, la integración europea permite una salida airosa, imaginativa, brillante, con perspectivas de un futuro prometedor que satisfaga a británicos, españoles llanitos…y a europeos en general. Se propone que el Reino Unido renuncie a la soberanía en Gibraltar, que España renuncie asimismo a recuperar la usurpada colonia, y que los gibraltareños renuncien tanto a su condición de súbditos británicos como a la aspiración de autogobierno o independencia. Todos renunciarían en favor de la Unión Europea, que dispondría así de un territorio de titularidad propiamente europea, de soberanía total. Un territorio propio, infante de una naciente e ilusionada unidad política europea, con unos 30.000 habitantes (los "llanitos") de nacionalidad estrictamente europea. Y su posible capital. Una propuesta sugerente para resolver tres siglos de desidia y humillación. Y en lo alto del Peñón una bandera de todos. Azul. Carlos León Roch es médico. En esta pasada semana tuve el honor y el privilegio de asistir a una conferencia de Gotzone Mora, profesora de la Universidad Pública Vasca (UPV) y concejal socialista del ayuntamiento de Guecho (Vizcaya). Dicha persona vino acompañada, como lo hace TODOS los días del año, de dos personas armadas y que se dedican a escoltarla y proteger su vida. ¿Que cual es su delito? Como ya dije en mi artículo anterior, esta persona tuvo la osadía de denunciar ante la universidad y la fiscalía, las irregularidades que se cometían en los exámenes y en el proceso de estudios por parte de PRESOS de la banda terrorista ETA. En su disertación expuso los peligros cotidianos a los que se tiene que enfrentar en su trabajo como profesora: desde asistir a clase hasta recibir en su despacho a los alumnos en horario de tutoría. Nos mostró fotos de pancartas y panfletos en el que el ilegalizado grupo juvenil "Segi", llamaba a la manifestación y a la protesta por el encarcelamiento de presos de ETA, muchos de ellos alumnos de la universidad, y en otro casos proferían amenazas contra varios profesores. Nos comento los enfrentamientos diarios con sus propios alumnos y como estos la amenazaban e insultaban. Y manifestó su indefensión ante tales hechos, por parte del rectorado, que en reiteradas ocasiones ha amenazado con retirar la cámras de seguridad que controlan el recinto, por considerar "la ilegalidad y la falta al derecho a la intimidad" que pueden suponer. Ahondando más en su denuncia, expuso casos como el de una terrorista, actualmente encarcelada, que recibía una subvención de la UPV cuando se encontraba en la situación de busca y captura por parte de la justicia española, y que cuando fue detenida siguió recibiendo dicha ayuda para completar sus estudios. Es curioso comprobar que muchos de los presos terroristas que se encuentran en nuestras cárceles han conseguido obtener hasta dos carreras universitarias mientras permanecen en prisión. En cierta ocasión la UPV realizó un estudio sobre esta situación, incluyendo a los presos comunes, la conclusión fue que los presos comunes eran menos inteligentes que los de la banda terrorista, pues el examen de acceso a la universidad fue aprobado por el 100% de estos últimos y suspendidos en su totalidad por los presos comunes. Otro caso que resulta llamativo son las citadas ayudas concedidas a presos y a personas en paradero desconocido. Las matrículas, los folios y el material de escritura son gratis, dos libros por cada curso que realizan tambien son gratis y el resto cuenta de libros cuenta con una subvención por la tercera parte de su coste. Los exámenes consisten en realizar ciertos trabajos de "extrema dificultad", como el de resumir los libros indicado por los profesor, y en el caso de que fuera necesario realizar un examen, no es obstaculo, pues se envía a un determinado profesor, se le pagan unas fabulosas dietas y problema resuelto: un alumno más examinado y aprobado. Pero lo más inaúdito resulta recibir una carta de ciertos alumnos encarcelados (como por ejemplo Idoya Lopez Riaño "La Tigresa"), en las que se permiten el lujo de escribir a sus profesores para indicarles las directrices sobre las materias a tratar en el curso o como van a realizar sus exámenes. Muchos creeréis que todo esto son exageraciones mías o de la delirante mente de la profesora, pero os reto a que lo comprobéis vosotros mismos, a que os personéis en la universidad y lo veáis con vuestros propios ojos, a que intentéis exponer algún tipo de conferencia en la UPV sobre valores democráticos, sobre el espíritu nacional o la unión de España, contra el fin de ETA o contra la violencia en las vascongadas. Éste sería un buen ejercicio de sanidad mental y que os ayudaría a comprender un poco mejor la situación de las vascongadas y el clima asfixiante que se respira aquí. Por que a pesar de lo que la gente cree lo peor de las vascongadas no son los atentados ni la Kale Borroka, es el día a día, es el no poder exponer libremente tus ideas en un bar con tu cuadrilla, el tener que esconder tu profesión a tus vecinos, o incluso tener que desconfiar de ellos, el tener que esperar a tus escoltas para poder salir de casa. Lo que más preocupa de todo este asunto es la indolencia que muestran tanto los alumnos de la propia UPV como el resto de la comunidad universitaria vasca y española. Parece que sólo se acuerdan de las víctimas en el momento del atentado, en esos mágicos y trágicos instantes en los que uno se impregna de la justa y colectiva indignación y rabia. En esas horas en las que uno deja de convertirse en un individuo y forma parte de esa gran masa de la sociedad que ha sido ultrajada y que está dolida por la pérdida de una vida humana. Pero todo eso desaparece al día siguiente, o a la semana siguiente, o como mucho al mes siguiente. Un buen día se levantan y todas esas emociones han desaparecido, se dedican a sus vidas cotidianas y todas esas emociones se almacenan en el baúl de los recuerdos, en algún lugar de la memoria, en ese lugar al que acuden cuando necesitan saber y reafirmarse en que un día ellos fueron solidarios. Mientras todo esto sucede, un puñado de mujeres y hombre valientes se dedican a sobrevivir en sus días "normales", muchos de ellos con la ayuda de escoltas, pero cayendo casi a diario en la irresponsabilidad e irracionalidad de seguir denunciando que en la universidad vasca hay alumnos de primera y alumnos de segunda clase, en que muchos profesores sucumben ante la presión del chantaje o son directamente complices del mismo, en que dichos profesores cometen irregularidades por la extremada afinidad y connivencia con los presos y con los estudiantes radicales, con los que cohabitan a diario por los pasillos de la universidad. Hace no muchos meses fue uno de los titulares más destacados en prensa, que un preso etarra fue conducido desde la cárcel en la que se encontraba cumpliendo condena hasta la UPV, para poder examinarse en la oposición para obtener un plaza de profesor titular en la misma universidad. Esta persona al igual que el resto de los presos que se están sacandonse no una, sino hasta dos carreras, ¿Que creeis que haran cuando salgan de la cárcel?, ¿donde creeis que trabajarán?, y ¿a quienes creeis que enseñaran?. De este modo se vuelve a completar el circulo de la enseñanza y vuelve a enquistarse el problema de la educación. Recientemente el PSE-EE (partido socialista de euskadi) presentó una propuesta aprobada por el resto de partido (excepto el PP) en el que se instaba al gobierno a que permitiera el estudio de carreras universitarias, a presos etarras, en la UPV, que no se encontran dentro del catalogo de estudios de la UNED. ¿En que situación quedan ahora los vascos que quieran estudiar una carrera universitaria y por motivos laborales (por ejemplo) se vean obligados a tener que realizarlo a través de la UNED?, ¿podrán ellos acceder en igualdad de condiciones que los presos etarras a las carreras de la UPV? Personas más sabias que yo han analizado el tema de la transferencias de ciertas competencias a las diferentes comunidades autónomas, y han llegado a la misma conclusión: "La transferencia de determinadas competencias debilita al Estado, pues las autonomías no tiene la capacidad de sacar el máximo provecho a las mismas". El ejemplo es muy claro, la transferencia de la Educación a las diferentes automías ha provocado que cada una de ellas adapte y supedite su modelo de educación, al interés colectivo de su región y de su futura politica autonómica. Utilizando como herramientas la exclusión selectiva de ciertas materias y la alteración de ciertos contenidos, esto provoca un detrimento en el nivel colectivo de la educación no sólo a nivel autonómico sino a nivel estatal. Las Universidades siempre fueron un foro de librepensadores en el que todas las ideas tenían cabida, y en el que siempre ha destacado el progresismo que ha servido de impulso para el avance de las sociedades modernas. Con las actuales políticas de educación parece que la comunidad universitaria ha perdido esa fuerza y adolece de una falta de liderazgo intelectual preocupante, al encontrarse aislados los nucleos universitarios unos de otros, y convertirse en impermeables centros de pensamiento regional y/o provincial. El día en que se abran la exclusas entre dichos núcleos y cedan los tabiques del regionalismo serán los mismos estudiantes y profesores los que pongan orden es sus centros, mientras en "Euskadi" tendremos que soportar aislados y sin ayuda los excesos de la mala educaión universitaria.... vasca. Juan Pareja es especialista sobre la cuestión vasca  PABLO NERUDA Y JACINTO BENAVENTE No hace mucho asistíamos al homenaje -del todo merecido- que la inmensa mayoría de los medios de comunicación españoles dedicaban al centenario del nacimiento de quien sin duda fue un gran poeta. Nos estamos refiriendo a Pablo Neruda uno de los fundadores de la nueva poesía iberoamericana y del que dicen que era un poeta contemplativo, también un perezoso que guardaba en sí mismo una mala conciencia que quizás le inculcaron en la infancia y de la que no llegó a liberarse nunca. En 1971 se le concedió el Premio Nobel de Literatura, y mucho antes, en 1953, le había sido concedido el Premio Stalin de la Paz. Este Premio, además de la Paz, y que paradójicamente lleva el nombre de uno de los hombres que menos ha hecho por la paz del mundo y que más muertos ha llevado sobre su conciencia, no ha sido recordado, hasta donde hemos podido leer, en ninguno los artículos que sobre el poeta se han escrito con motivo del centenario de su nacimiento y, muy posiblemente, porque no quisieron recordarnos uno de los Premios con mayor contrasentido que se podía conceder a un ser humano. Ahora sí, todos los rojelios, que diría Jaime Campmany, encabezados por Víctor Manuel y Ana Belén, le dedicaron lo mejor de sus canciones. Algo que no han hecho con Jacinto Benavente que por estas fechas algunos hemos recordado el cincuenta aniversario de su muerte. Este aniversario ha pasado totalmente desapercibido para la mayoría de los medios de comunicación españoles lo que no deja de ser sorprendente que se hayan olvidado del dramaturgo Jacinto Benavente que falleció manifestando que era católico, apostólico y romano y que deseaba ser amortajado con el hábito franciscano. Muy posiblemente la catolicidad de Benavente ha sido lo que ha llevado a la mayoría de los medios impresos y a las cadenas de radio y televisión españoles, en manos de los que dicen defender la cultura cuando es mentira, a silenciar el aniversario de la muerte del autor de Los intereses creados que llegó a ser merecedor en 1922 del Premio Nobel de Literatura y hoy tan injustamente olvidado. Indudablemente uno es libre de pensar que por encima de todo el valor informativo de ambos aniversarios ha estado en que Pablo Neruda era comunista y Jacinto Benavente no. José Mª García de Tuñón es historiador LOS OTROS Como en la película de Alejandro Amenábar, hay quien vive su realidad creyendo que los extraños, los diferentes, los fantasmas, son los otros. Ellos, creyéndose amos de la casa deambulan por las estancias, creyéndose dueños de un mundo que solo existe para ellos. Atrapados en su palacio no pueden traspasar las barreras de lo que no entienden. Muchos políticos, intelectuales, historiadores, periodistas, escritores, artistas, viven en un mundo que no solo creen que es el verdadero, sino que al quieren arrastrar a los demás, a su paraíso soñado de “democracia y libertad”. Desde su pose de marxismo progre, viven vidas de cokteles, villas lujosas, viajes exóticos, festivales solidarios, dándose premios entre ellos y exigiendo subvenciones a cargo de los contribuyentes para mantener sus tinglados. No se avergüenzan de los crímenes comunistas, los pasados y los presentes, pero no dudan en calificar de sanguinario fascista a cualquiera que disienta de sus ideales “progresistas”. Hace poco veíamos las cenizas del proletario camarada Antonio Gades esparcidas por los guardianes cubanos de la revolución en esa cuna de la libertad que es Sierra Maestra. Asistimos en estos primeros años del nuevo siglo a la conmemoración de diversos centenarios, recordando a grandes artistas y escritores, contemporáneos todos que protagonizaron una brillante etapa de la cultura española a la vez que una época convulsa en lo social y en lo político. Luis Cernuda, Alberti, el chileno Neruda, han sido y son, merecidamente, celebrados en sus centenarios como grandes figuras literarias del siglo XX. García Lorca, Miguel Hernandez, Luis Buñuel, otros, mayores, Picasso, Antonio Machado, o incluso aún vivos, como Miguel Delibes, son citados y festejados continuamente. ¿Y los otros?, el otro Machado, Manuel, Pedro Laín Entralgo, Alvaro Cunqueiro, Gerardo Diego, Torrente Ballester, Eugenio D’Ors, Agustín de Foxá, Eduardo Marquina, José Mª Pemán, Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Rafael García Serrano, Concha Espina, Edgar Neville, Joaquín Calvo Sotelo, Cesar González Ruano, Víctor de la Serna, José María de Areilza, Julio Camba, Wenceslao Fernández Flores, Enrique Jardiel Poncela, Gómez de la Serna, Alfredo Marquerie, Leopoldo Panero, Emilio Romero, Vizcaino Casas, Azorín, José Mª Gironella, Jacinto Benavente, Alfonso Paso, Pedro Muñoz Seca, etc., etc., etc.... No solo ellos, estos otros, sacados de la lujosa casa de lo culto, intelectual, progre y moderno, vagan en pena por los jardines del olvido. Hay quien aún en vida corre a llamar a la puerta de lo políticamente correcto para no quedarse fuera de tan lujosa mansión. En su rencorosa demencia los pater de lo verdadero, en el año Dalí, también quieren “fusilar” al genio catalán por fascista, a ese pobre gran genio que, si algo hay que achacarle es haber sido más listo que la mayoría de ellos amasando dólares. Paz otra vez. sobre su sien herida verdecerá otra vez la primavera vistiendo, al sol, sus olvidadas galas. Y entrará toda España en nueva vida para poder de nuevo su ribera cuidar las rosas, olvidar las balas. Antonio Aparicio; Recuerdo de España (fragmento). Que así sea. Javier Compás es escritor y empresario Hace unos días, en un programa televisivo del corazón, escuchaba cómo definía «su profesión» un «político» más conocido por sus andanzas personales que por la labor realizada durante el tiempo que ejerció «su oficio». Porque así definía su ocupación pública: «mi oficio político». Quizá tenga razón, porque la palabra oficio es de un amplio espectro. Dice la Real Academia, con una imprecisión colosal, que oficio es «ocupación habitual», lo que nos lleva al María Moliner, donde queda mucho más claro: «Cada una de las clases de trabajo con denominación propia en que se emplea principalmente esfuerzo físico o habilidad manual y no requieren estudios teóricos especiales». Esto ya es otra cuestión. Máxime si admitimos que la política es el «arte de gobernar y dar leyes conducentes a asegurar la buena marcha del Estado y la tranquilidad y el bienestar de los ciudadano». Yendo un poco más lejos habría que preguntarse si el político ha de ejercer esa ocupación con carácter habitual, profesionalmente, o esa dedicación debe ser temporal, en casos solamente accidental, nunca como profesión inamovible ya que este supuesto puede conducir a la acomodación, a eludir responsabilidades, a evitar planteamientos novedosos que lleven al verdadero progreso, incluso al abuso y la corrupción. Podríamos introducirnos en los clásicos para hallar matizaciones, aclaraciones, definiciones o interpretaciones, o aproximarnos a cuantos a lo largo de la historia han mostrado sus puntos de vista al respecto, o a los politólogos actuales que barajan con gran soltura las cuestiones del gobierno de los pueblos, e incluso acercarnos al sabio Sancho que con los simples razonamientos de hombre sin estudios es capaz de reflexionar sobre el buen gobierno, algo que no está cerca, al parecer, de los de oficio políticos. Estos circunloquios nos deberían llevar a preguntarnos qué es un político. Mas no queremos entrar en demasiadas precisiones y disquisiciones, ni buscar respuestas de variado aspecto que justifiquen posturas de unos y otros, pues haberlas las hay. Sólo queremos ver el aspecto desde la sencillez con que lo observaría Sancho, haciendo las matizaciones que probablemente se le ocurrirían a él. De entrada parece lógico asegurar que un político no surge por generación espontánea, que no es fácil que cualquiera pueda ejercer el arte del gobierno de la noche a la mañana, como viene sucediendo con harta frecuencia. Si pensáramos un momento cuando nos presentan las candidaturas de cualquier elección, seguramente empezaríamos a tachar a desconocidos e incompetentes y con la suma de los restantes de todas ellas probablemente no se conseguiría el número necesario para cubrir los escaños disponibles. Por ello en vez de discursos grandilocuentes, mítines explosivos, promesas sin fundamento, palabras vacías, habría que pensar primero en presentar a los candidatos, saber quién es cada quién. Por este camino, sin darnos cuenta, nos vamos al planteamiento de que es preciso ir a circunscripciones más pequeñas donde los candidatos sean bien conocidos, den la cara ante el electorado y justifiquen en su momento su hacer en la cámara para la que han sido elegidos. Y por esta pista vamos directamente a la necesaria modificación de las normas que rigen los procesos electorales. Mas dejemos las cámaras de representación y vayamos a los grupos que las controlan, que dominan la voluntad electoral, que someten a su antojo a los poderes del Estado, que imponen, en definitiva, por dónde hay que ir. Aunque sean necesarios unos grupos que marque pautas, que congreguen intereses, que representen sectores de la sociedad en sus diferentes manifestaciones, no por ello se ha de caer en unos pocos entes que controlen la vida nacional, normalmente dos con algunos pequeños apéndices, que la manejen sectariamente según sus postulados, donde la «tranquilidad y el bienestar del ciudadano» no son las metas fundamentales sino que el fin sustancial es la consecución y conservación del poder para, desde él, imponer, férreamente, las ideologías más radicales en algunos casos o los intereses de grupo en otros. Y de hecho, sin permitir que otros grupos lleguen a conseguir un lugar desde el que exponer diferentes puntos de vista, planteamientos, razones o creencias. Unido esto, además, a que esos grupos mayoritarios llegan a controlar las fuentes de financiación y nadie más tiene acceso a ellas en la medida necesaria para poder realizar su campaña. Lo que nos lleva de nuevo al encuentro con la necesidad de plantear la necesidad de demarcaciones más pequeñas donde el candidato, la persona, prima sobre la campaña manipuladora. Y no viene mal ahora abrir un inciso para pedir se proceda a la cancelación de todas las deudas, créditos o cualquier otra figura económica que exista al respecto y que los partidos políticos tienen con las entidades financieras, pues es inmoral se regularicen préstamos de esta especie o se mantengan indefinidamente, mientras otros no pueden tener acceso ni a una pequeña ayuda; y también conviene aprovechar el momento para pedir que la financiación de las campañas electorales, de los partidos políticos en general, y también de los sindicatos, sean controlados rigurosamente por los organismos que corresponda. Demos un salto más y enfrentémonos con otra situación en la que han de darnos pánico los de «oficio políticos», en gran número de ocasiones espontáneos, en no pocos indocumentados, que no garantizan el arte del buen gobierno por incompetencia o sectarismo. Así, es frecuente asistir asombrados al espectáculo insólito de la improvisación, a la ruptura de compromisos de Estado, a la vulneración de las leyes, al rompimiento de pactos, a no tener en cuenta lo necesario y conveniente para la buena marcha de la cosa pública, a impedir el derecho de los hombres a la libertad verdadera en aras de unos señuelos engañosos, a quebrar la armonía natural del comportamiento humano, a ensalzar lo sucio y lo degradante sobre lo correcto y lo moral, a rebajar la condición noble del individuo por bajo de las leyes que rigen incluso al reino animal, a provocar enfrentamientos innecesarios e injustificados. Espanta ver lo que dice cualquier monterilla de uno u otro sexo, asistir a la toma de decisiones sorprendentes, escuchar con asombro el talante con que se pronuncian, incluso contemplar sus caras bobaliconas o llenas de rencor, odio, desprecio y amargura aparentemente de siglos. Tras estos razonamientos hechos con la misma simpleza que los hubiera balbucido Sancho, llegamos al corolario de que no estamos contentos, que el mundo precisa una transformación, empezando por lo más próximo, España, que cuanto más tiempo pase será más grave la enfermedad... salvo que se cumplan los pronósticos de algunos oráculos: que se está llegando a lo más hondo y por ende en no poco tiempo se ha de producir el revulsivo. Ahí nos encontraremos. Emilio Álvarez Frías dirige la revista de pensamiento ALTAR MAYOR El buen gobierno exige que las reformas de la administración que ejecuta sus políticas estén orientadas a mejorar el servicio público. Los ciudadanos somos ocasionalmente votantes, periódicamente contribuyentes, pero casi diariamente clientes (no meros usuarios) de los servicios que presta la administración. Clientes, además, cada vez más y mejor informados de unos derechos que nos asisten frente a esa administración. De vivir bajo el paternalismo estatal hemos pasado a exigir unas estructuras administrativas ágiles, transparentes y eficaces. Por tanto, si las administraciones regionales deben dotarse de una agencia tributaria o de una policía propias, es cuestión a resolver desde su contribución efectiva a la mejora del servicio público. En España se ha impuesto un argumento falaz en el ámbito de la gestión pública. Se atribuye a las CCAA un carácter infalible en el cumplimiento de sus funciones. El profesor González Páramo escribía en estas mismas páginas y en la revista «Altar Mayor» de esa pretendida infalibilidad. Como consecuencia de este apriorismo, cualquier competencia cedida desde la Administración Central a la Regional se desempeñaría siempre más eficazmente. Hablando en términos rigurosos, la gestión pública, como disciplina científica no respalda esa bondad intrínseca. Por otra parte, se argumenta también la necesidad de las agencias tributarias regionales como prolongación lógica de una mayor autonomía fiscal de la que las CCAA disfrutan desde enero de 2002. Actualmente y como media, dos tercios de la financiación de las regiones de régimen común (todas menos las tres provincias vascas y Navarra) proceden de los distintos tributos cedidos, mientras que el tercio restante procede de las transferencias. Tampoco aquí el razonamiento conduce necesariamente a la reforma de la Administración Tributaria, pues una única Agencia Tributaria puede gestionar la totalidad de los impuestos tanto propios como cedidos a las administraciones regionales, incluyendo la gestión de aquellos tributos cedidos sobre los que aquéllas gozan de capacidad normativa. Todo ello sin que la autonomía fiscal regional se vea resentida. Por esta segunda razón, si lo que las CCAA buscan es hacer un ejercicio efectivo de su autonomía fiscal para dotarse de recursos adicionales con los que mejorar la calidad de los servicios en los que son competentes, o ampliar la cobertura de los mismos, han de utilizar su muy notable capacidad normativa en impuestos de máxima relevancia con una tendencia diferente de la que hasta ahora han mostrado. Tendencia, en último término, conducente a la rebaja de la presión fiscal mediante el establecimiento de beneficios fiscales (deducciones principalmente) a los ciudadanos con residencia fiscal en su territorio. Por ejemplo, para 2004, los ingresos de la Junta de Andalucía procedentes de los tributos que ella misma gestiona han crecido menos que los procedentes de los tributos gestionados por el Estado. La explicación de tal comportamiento radica en el uso de la autonomía fiscal del gobierno regional para reducir la imposición. Paralelamente, el recurso al establecimiento de tributos propios es muy limitado. También para 2004, los ingresos procedentes de tributos propios apenas representan el 1,6 por ciento del total, teniendo en cuenta que para este año se incorporaban los ingresos procedentes de la recién implantada fiscalidad ecológica (cuatro nuevos impuestos más una tasa). En el resto de CC.AA. la situación es muy similar, bien es cierto que la Administración Central ha venido recurriendo ante el Tribunal Constitucional los tributos establecidos por las regiones. Los ciudadanos no necesariamente están interesados en las reformas administrativas que, finalmente, se llevan a cabo. En ocasiones, la clase política induce una demanda social previamente inexistente para justificar su papel institucional. Creemos que éste es un ejemplo claro de demanda inducida. La Administración Regional dispone de instrumentos financieros suficientes para mejorar la calidad de los servicios que presta a los ciudadanos que residen en su territorio. Además, el uso de su autonomía sólo para introducir beneficios fiscales supone un planteamiento de escaso recorrido ante un eventual recorte en los ingresos procedentes de los fondos estructurales. Téngase en cuenta que la cuantía de estos fondos sólo está garantizada hasta 2006. Más preocupante resulta saber que la estrategia de los beneficios fiscales es incompatible con una nueva reforma de la financiación autonómica, complaciente con las demandas del influyente nacionalismo periférico (esencialmente insolidario) que amenaza directamente al funcionamiento del Fondo de Suficiencia y al Fondo de Compensación Interterritorial. Ambos fondos garantizan actualmente, las transferencias niveladoras entre las regiones de diferente renta per cápita. Las CCAA no pueden fijar su agenda de reformas, por ejemplo en materia tributaria, exigiendo organismos cuya contribución al mejor servicio público es un interrogante y que, paradójicamente, nacen a rebufo de la imitación nacionalista, en mitad de una sociedad que no los demanda y de espaldas a la verdadera amenaza que viene impuesta por el egoísmo nacionalista. Juan Manuel Muñoz es economista FUTURISMO Y FASCISMO Colectivo Mafarka (ed.) Barcelona, Ediciones Nueva República, 2004. Entre las diversas vanguardias que impulsaron el proceso de “deshumanización del arte”, usando una referencia orteguiana, en el tránsito del siglo XIX al XX, el Futurismo resulta por méritos propios, una de las que tuvo mayor impacto en la cultura de su tiempo, en buena parte porque en él pesó tanto la elaboración teórica como los factores puramente estéticos. Aunque tuvo una dimensión internacional, y prueba de ello es su influencia en artistas de la revolución bolchevique como Maiakovski, el Futurismo fue un fenómeno fundamentalmente italiano, y ligado a un personaje central, auténtico líder espiritual del movimiento como fue Filipo Tomasso Marinetti. Arte político, y esa es otra de sus originalidades, el Futurismo italiano tuvo una íntima relación con el Fascismo, como nos desvela con detalle el amplio estudio introductorio de la obra que comentamos, escrito en los años ochenta, pero de plena vigencia intelectual. Sin embargo, en ella el ingrediente fundamental es una excelente antología de textos del propio Marinetti y de diversos manifiestos del movimiento futurista, que nos hacen comprender mejor el espíritu de una corriente cultural, a cuya influencia no fueron ajenos insignes figuras españolas como Giménez Caballero y Ledesma Ramos, cuyo espíritu influye poderosamente en los que hacemos esta publicación.  Llenos de ardor por el diálogo, de talante democrático, ansiosos de libertad, etc., como los socialistas que nos gobiernan y los socialistas que gobiernan la Comunidad andaluza, reproducimos la carta que hemos recibido de un concejal del Ayuntamiento de Ardales denunciando el comportamiento de sus dirigentes comunitarios y de sus propios compañeros de consistorio. Suponemos que, lamentablemente, de esto habrá mucho por España. ¡Pobre España que ha de padecer cíclicamente de tan deplorables gobernantes! Por Francisco Ortiz Lozano Concejal de Ardales por Falange Auténtica Señor Director: Personal enviado por la Consejería de Medio Ambiente procedió días pasados en Ardales a colocar estacas para deslindar la cañada pecuaria. La anchura copada es de 75 metros. Pero he aquí que esa vía tiene en realidad 10 metros. Los otros 65 se los están arrebatando (esta es la palabra correcta) a pequeños y medianos agricultores (en muchos casos humildes agricultores), que son los legítimos propietarios de las tierras colindantes del camino. Y son legítimos propietarios de esas tierras porque las compraron con su dinero, porque las tienen escrituradas a su nombre, porque así están asentadas en el Registro de la Propiedad, porque pagan su contribución rústica y porque las vienen faenando, arbolando, cosechando, dejando sus sudores y poseyendo pacíficamente y sin impedimento de nadie desde hace muchísimos años, como los anteriores propietarios, y los anteriores de los anteriores. Efectivamente, hace siglos, en tiempos de la Mesta, de Juana la Loca, de las antiparras de Quevedo, de Mariquilla la Pelá o de los hidalgos del peluquín, estas cañadas tenían su sentido, porque por ellas transitaban entre la campiña sevillana y la capital malagueña grandes rebaños de ovejas y manadas de toros bravos y de vacas castellanas. Pero eso quedó obsoleto hace más de un siglo. Cuando ya no hizo falta tanta anchura, la cañada se achicó y ningún ayuntamiento ni gobierno lo impidió. Quedó en los 10 metros actuales que son de sobra suficientes para el tránsito de vehículos agrícolas, de los escasos ganados y hasta para la «muchedumbre» de senderistas y caballistas que algún soplapitos dice que van a pasar. Pero lo único cierto es que los agricultores, los campesinos, que lo han dado todo por esas tierras, vida, trabajo y dinero, nada más que hacen recibir palos. Y ahora esto. La palabra la tienen los políticos socialistas del Gobierno y de la mayoría parlamentaria, que pueden, si quieren, aprobar una enmienda a la Ley, para que los Ayuntamientos achiquen las medidas de las cañadas en casos justificados como éstos; y también los políticos socialistas que gobiernan la Junta de Andalucía que pueden paliar desde Medio Ambiente el rigor y la sinrazón de una norma tan obsoleta e innecesaria; y los políticos socialistas de la Diputación de Málaga, que algo podrían hacer, ¿no?; y la mayoría socialista del Ayuntamiento de Ardales, que en el pleno del día 22 rechazaron la moción que presenté recogiendo el sentir de los agricultores, sin dejarme siquiera leerla y dejándola fuera del orden del día. Francisco Ortiz es concejal por Falange Auténtica en el Ayuntamiento de Ardales (Málaga) ¿UN "THINK TANK" AZUL? Con frecuencia, el debate político viene marcado por las propuestas que llegan a los partidos de sus gabinetes de expertos. La FAES en el PP, la Fundación Pablo Iglesias -entre otras- en el PSOE o la Fundación de Estudios Marxistas en el PCE -IU- reproducen el conocido modelo británico de los "think tank". Naturalmente el modelo no sólo es válido en el ámbito político. Influyentes sectores económicos y profesionales amadrinan y financian un amplísimo elenco de fundaciones que acogen el pensamiento de quienes ponen sus conocimientos en la propaganda a favor de las fusiones bancarias, la liberalización de tal o cual sector económico, la necesidad de regular esta o aquella actividad, etc. Ni que decir tiene que, en ocasiones es el mecenas el que pone los objetivos y los cerebros a sueldo construyen el discurso. En un mundo de grises no es difícil encontrar argumentos al servicio de cualquier causa. En otras ocasiones son los espíritus inquietos, conmilitantes de las mismas preocupaciones y devociones, los que deciden coordinar sus esfuerzos en pro de lo que les une. La antigua Ley de Fundaciones española facilitaba tanto su creación que parecían reproducirse por esporas. Recuerdo haberle preguntado a Stanley Payne en la Universidad Internacional de Andalucía por la Fundación a la que voy a referirme y haber recibido de él la fría, pero no menos inexacta respuesta de "En España hoy todo el mundo tiene una fundación". La nueva Ley de Mecenazgo es mucho más rigurosa y cabe esperar que la población de fundaciones se claree bastante. En mitad de este tiempo ha supervivido la Fundación José Antonio Primo de Rivera cuya génesis debe mucho al periodista Gustavo Morales. Durante los últimos ocho años, la Fundación José Antonio ha venido desarrollando unos interesantes cursos de verano pero su actividad apenas se extendió más; acaso con la salvedad de la publicación de un par de libros. Ahora, presidida por José Gárate, la Fundación aspira a participar en la vida pública nacional desde el legado del fundador de Falange Española. Habrá que estar pendiente de sus obras y juzgar su interés en función de su calidad y opotunidad. José Manuel Cansino es Profesor de Universidad
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