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12/01/2005

EL SECRETO DE LOS ARCHIVOS (Javier de Echegaray)

El-Archivo-Historico-de-la-Universidad-de-Salamanca-i0n103693.jpgEL SECRETO DE LOS ARCHIVOS

Arrecia en estos días la ofensiva contra los archivos de Salamanca que los catalanes reclaman para sí. Pero nada se dice acerca de las verdaderas causas por las que se pretende desmembrar esos archivos que contienen datos únicos sobre la llamada “Guerra Civil” española.
Cabe señalar que hay un principio científico bien conocido por los historiadores y profesionales de la investigación documental que prescribe la unidad de los archivos como base de su utilidad. Un archivo que pierda su unidad es un archivo que ha quedado incompleto y que deja de cumplir sus funciones. El rastreo documental de archivos fraccionados es un martirio que hace desistir a muchos de una búsqueda documental. Saltar de Barcelona a Salamanca y de Salamanca a Barcelona en cada uno de los tramos de una investigación plantea cortapisas que muchas veces son imposibles de salvar.
Lo cual nos obliga a preguntarnos por las causas de que se haya desatado una tal pugna (que se venía arrastrando, aunque no con el encono de ahora) por “recuperar” esos archivos para el pueblo catalán.
No hay tal recuperación: jamás han sido suyos, al menos con el sentido de propiedad que ahora pretenden y con que los reclaman. No son del pueblo catalán; y mucho menos de una parte del pueblo catalán que es la que ahora se empecina en el desfalco (mientras España ha sido una e indivisible, nadie, ni catalanes ni españoles de otras tierras, ha pretendido deshacer su unidad). Los archivos son del pueblo español en general y constituyen un patrimonio histórico que puede tener asiento en cualquier parte del territorio nacional pero que inevitablemente ha de obedecer al principio de unidad mencionado, sin el cual se destruye su propia utilidad.
Pretenden que comulguemos con la rueda de molino de que se trata de un episodio más de las reivindicaciones catalanistas, como si quisieran recuperar algo de esencial importancia para su pueblo antes de consumar el desaguisado de la secesión de una parte del territorio.
Pero no cuela: para que eso fuera verdad, sería necesario que realmente los catalanes separatistas sufrieran un ataque de erudición que les hubiese hecho volver la vista hacia las fuentes de su propia historia, reclamando un trozo de la misma que queda sepultado en áreas que son las que ellos pretenden que se conviertan en un extranjero. Estamos ya muy de vuelta de esas triquiñuelas del separatismo: ni han tenido nunca ni nunca tendrán interés alguno por la cultura que no han hecho más que destrozar y falsificar desde siempre. Y hay que ser muy zote para no percatarse de que precisamente la verdad de lo que pasó en los años 31 al 39 (muy en especial desde 1934) en España y en Cataluña, es algo que los sedicentes han tratado de ocultar desde el mismo momento en que finalizó la contienda. Como en el resto de España han hecho sus compañeros de viaje, socialistas, comunistas y demás castas de la antiespaña.
¿Cuáles son, entonces, la razones auténticas por las que parecen tener esa celera cerril que les ha llevado a poner a la cabeza de sus reivindicaciones políticas la de recuperar una parte de esos archivos, rompiendo su coherente unidad? Quien, dirá que es una de sus burdas tretas para distraer la atención del público y apartarla de temas mucho más graves. Me niego a admitir una explicación tan simplista: sabemos con certeza que la atención a esos otros temas de superior calado no se distrae con señuelos de ese jaez. Y ellos lo saben también; casi diría que no les interesa despistar al pueblo de su campaña separatista y de odio a España y a la Iglesia. Son asuntos independientes y como tales hay que tratarlos.
Como siempre, no resulta difícil desvelar esas razones y desnudarlas de sus pretendidas ansias culturales, destapando verdades que quieren disimular bajo el disfraz contumaz de sus falsificaciones.
Sucede que esos archivos han servido desde hace décadas para que eruditos de la historiografía se hayan dedicado a bucear en ellos y descubrir las evidencias en el fárrago de mentiras y patrañas que con torpe machaconería nos vienen contando sobre aquella década tan importante. Historiadores de casta científica y de investigación rigurosa, de los que se me ocurre ahora mencionar a don Ricardo de la Cierva, a don Pío Moa, a don César Vidal y a muchos otros que han sido igualmente serios y certeros en sus juicios, aunque sus obras no han alcanzado la amplia difusión de los primeros (y podemos mencionar a los hermanos, ambos generales del Ejército español, Salas Larazábal, don Ramón y don Jesús, a don Joaquín Arrarás, Burnett Bolloten y un largo etcétera) han encontrado materia más que suficiente en esos archivos para desmontar documentadamente las falsedades de los asertos pseudohistóricos de los Tusell, Tuñón de Lara, Santos Juliá, Antonio Ramos Oliveira, Paul Preston, Herbert R, Southworth, Ian Gibson y compañía y desvelar las verdades dentro del fárrago de mentiras de que nos han hecho víctimas los paniaguados de la historiografía.
Ahora que el empeño devastador y segregacionista toma nuevos bríos, ahora que las campañas anticlericales, los culebrones de encono contra la Religión Católica y los intentos de desmembración de España se recrudecen por doquier, usando los mismos instrumentos de propaganda que ya usaron en otras ocasiones, porque parece que la progresía de capillitas masónicas no encuentra nuevos métodos para adormecer los restos de defensa natural que quedan en este pueblo, les es imprescindible que las fuentes que nos proporcionan los valiosos datos de la verdad queden ahogadas y se mueran para siempre.
Mientras existan análisis serios en los que se desentrañan los acontecimientos del último ataque a España, muy difícil será que desaparezcan por completo los españoles estudiosos del desarrollo de los acontecimientos que alcancen a vislumbrar con claridad que estamos volviendo a las mismas, con los mismos procedimientos y con la proverbial caradura de los corifeos de la situación que han hecho de la mentira su caldo de cultivo natural. No os extrañe: ya Stalin, el prototirano del proletariado, planteó explícitamente el principio de que la mentira es uno más de los instrumentos de lucha de la revolución.
Mienten hasta el punto de que hace unos años se descubrió (porque algún bienintencionado lo publicó) que en las famosas “ikastolas” en las que se prohíbe a los niños y jóvenes hablar en español, se estaban estudiando textos en los que se decía que España invadió en el siglo XIX a Vascongadas. Pronto me propongo comentar un texto, paradigma de la más cínica mentira, que he encontrado en vascongadas con el título de “Euskalerria”.
Son contumaces en la propagación de embustes sobre la historia y sobre la ciencia (y ahora no me refiero a España, sino a toda la historia universal y a la ciencia en todo el planeta). Contra toda prudencia, las expanden y defienden una y otra vez a pesar de los mentís de profundos estudios que los derrotan con verificaciones documentales irrebatibles: llegan a la infiltración en los más altos grados de la enseñanza, incluso en cátedras universitarias en las que imparten sus interpretaciones amañadas. Y su pertinaz insistencia, propiciada por la mediática, consigue hacer verosímiles sus planteamientos aún para quienes vivieron los acontecimientos. Si consentimos en la destrucción, como pretenden, de rastros que son instrumentos de búsqueda de la verdad histórica, hasta los mejor dispuestos serían confundidos. Sin unos archivos documentales veraces quedaría desasistido todo esfuerzo por esclarecer la historia y quedaríamos a merced de sus falsificaciones, dando crédito a una concepción de Cataluña que ya recolectó los fracasos más horrendos y que ha proporcionado tantas desdichas a nuestra Patria, tantos crímenes ominosos que no podrían ser conocidos y evitados después de poco más de medio siglo. Tendríamos (como al parecer tendremos) que afrontar ahora una vuelta a los mismos errores y desmanes de entonces porque el desconocimiento de nuestra historia nos obligaría a repetirla incesantemente.
Ya contamos con demasiadas generaciones (la mayoría de las que hoy viven) que han sido educadas en el desconocimiento de nuestra historia gloriosa y de los destinos patrios, que han tragado por cultura la larga ristra de infundios que hoy inculcan las escuelas a los jóvenes, adormecidos en el silencio de las cosas trascendentes y fundamentales para la concepción del mundo actual. Nos revelamos contra este nuevo intento de desposeer de los pocos instrumentos que aún quedan a disposición de quienes pretendan una erudición documentada acerca de hechos que fueron decisivos para nuestra Nación.
Acabarán llevándose los archivos, porque es voluntad de los valedores de toda esta carroña que salgan de Salamanca; y por más que su alcalde quiera reforzarlos tapiando el edificio que los contiene, sus intenciones están ya sentenciadas por quienes tanto odio esgrimen contra la verdad.
Y ¿sabéis cuál es el destino que espera a esa fuente de cultura y de sabiduría que tantos servicios ha prestado hasta la fecha? Su desaparición, su entierro en paradero desconocido, cuando no su inmolación en la hoguera en la que tantas obras de arte y tanta cultura ancestral se ha venido sacrificando en piras de holocausto real y pérfido. Ya nunca podremos acudir a esas fuentes de sabiduría, porque habrán desaparecido y porque nadie podrá ejercer sobre ellas una sana función de erudición y de descubrimiento de verdades refrendadas por documentación fehaciente.
Estas son las causas y estos los destinos que provocan y esperan a nuestros queridos archivos de Salamanca. Y no descuidemos otras fuentes que esperan el turno de ser igualmente sacrificadas, como la Causa General.
Que mi grito descarnado y mi protesta libre sirvan, al menos, para propalar que de nuevo nos ocultan las fuentes históricas en un esfuerzo ruin de que sus mentiras puedan campar sin respetos y sin derechos por el jardín de nuestra historia. Y para que guardemos como el mejor de nuestros tesoros los libros que historiadores serios y de raíz profundamente científica nos han legado después de fértil investigación. Ponen siempre a nuestra disposición documentos que nos hablan de los hechos reales y que destruyen la ficción creada por nuestros enemigos.

Javier de Echegaray
Enero 2.005
jechagaray@siapi.es
12/01/2005 13:26 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector

CORREO POR UNA BANDERA ESPAÑOLA

besalu.gifBesalú es un precioso pueblo geronés con una gran riqueza humana y cultural.
El Ayuntamiento de Besalú (en la fotografía) está gobernado por el Sr. Lluís Guinó i Subirós, miembro de Convergencia iUnió.
Besalú es uno de tantos pueblos catalanes en los que se incumple la legislación vigente que establece que la Bandera de España debe presidir la instituciones públicas junto con las enseñas autonómicas y local.
Desde lanoticiadigital.com le invitamos a seguir nuestra iniciativa pidiendo al alcalde de Besalú que la Bandera Española ondee en el Ayuntamiento.
Puede enviar su petición al correo del Ayuntamiento besalu@ddgi.es
Entre todos hacemos España, día a día.
12/01/2005 13:03 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector

17/12/2004

EL DIA A DIA DE ESTA MI ESPAÑA DE HOY (Javier de Echegaray)

txabarri.jpgEs de pena, o de escándalo, o de risa, o de llanto. De cualquier cosa, menos de recibo. Compro la prensa diaria para hartarme de reír en ocasiones, de llorar en otras, de enfurecerme las más y de alarmarme siempre. Está uno tentado de coger el petate y, de cualquier forma, largarse a un paraíso tercermundista donde no lleguen las noticias ni me exijan impuestos confiscatorios de mis bienes y de mis ingresos que van a ser gastados alegremente en angulas navideñas, ni esté pendiente de cuándo y cómo estos señores determinarán la secesión de mi Patria en diecisiete pedazos descompuestos ni me sorprendan con constituciones facciosas, internas o europeas amañadas a la medida de un poder oculto que odia a España; o de otras que tratan de convertir en naciones a nuestras provincias desgarrando nuestra ancestral sagrada unidad.
Compro los más de los días el Mundo porque tiene aún un ápice de decencia y se aviene a algunas críticas que me permiten un ligero respiro. El ABC ha dejado todas sus líneas tradicionales y se ha convertido en un panfleto indigerible; el País (¿qué país? Será el del capo Polancone) no puedo soportarlo, sepultado como está en la defensa de lo indefendible, en el agujero negro (water) del empuje de todo cuanto mancha y destroza a España; en cualquier caso, no me da la gana ceder ni un solo de mis escasos euros (antes muchas pesetas) a sus comerciantes.
Cada lectura de la prensa es un arco iris de sensaciones, todas ellas molestas y agobiantes. En cuyo abundamiento comento algunas de las muestras que nos ofrece hoy (11.12.04) la prensa diaria. Y me refiero a El Mundo de don Pedro J. (da gusto comprar el mundo entero por un solo euro)
Los ministros ya no van a ser Excelentísimos, no podrán llevar una vida “ostentosa” ni podrán recibir regalos. ¿Qué hago? ¿Me río? ¿Lloro? ¿Pienso en ello? ¿Me abstengo de todo pensamiento? Señores ministros de hoy: ustedes no han sido jamás excelentísimos, mucho menos ilustrísimos ni tampoco señores. Sus escasas culturas, su desconocimiento tozudo de las cuestiones públicas, su insensibilidad con los problemas del pueblo (de ese que les encumbra a ustedes al poder cada cuatro años, aunque para ello tengan ustedes que cometer las más aberrantes tropelías), sus errores diarios y pertinaces, toda su ejecutoria histórica les libera a ustedes de cualquier título de dignidad; no lo han sido nunca ni lo serán jamás, por lo que desposeerles de esos atributos no es más que reconocer lo evidente, volver a la realidad de las cosas. De forma que, lo confieso, nos libran ustedes de una carga: porque nos torturaba la duda al decidir si les tratábamos de Excelentísimos por respeto a la dignidad o si se lo apeábamos por exigencias de verdades palmarias. Respecto a lo de llevar una vida “ostentosa”: el haber elevado a norma esta prohibición no viene sino a reconocer que ustedes la llevan. No saben nada de nada en cuanto al ejercicio de sus “dignidades”; pero llevan una vida “ostentosa”, es decir, se dedican a hacer gala de lujo y a ostentar las prebendas de su cargo en contra de lo que todos sabemos que debe de ser el comportamiento de personas sesudas y sabias que se ocupen de la resolución de los graves problemas de la Nación: una vida privada impoluta, en el silencio y el recogimiento que exige el trabajo concienzudo, sin estridencias ni alharacas, sin apariciones en los medios que cercenan los tiempos de trabajo, sin pasarelas de moda… Por lo demás: ¿qué es y quien va a decidir si lo es una vida “ostentosa”? ¿Se refieren a ir en un lujoso automóvil guiado por un mecánico? ¿A vivir en un palacio en los barrios multimillonarios de la ciudad? ¿A dar y a acudir a fiestas suntuarias? ¿A comprar propiedades de alto nivel? ¿Dónde empieza y donde termina la “vida ostentosa”? Todo lo que he enumerado se da en ellos como mínimos existenciales. Lo de no recibir regalos es algo que rompe moldes. ¿Es que los están recibiendo ahora y desde antiguo? Es confesión de parte la prohibición que se reglamenta, porque nadie prohíbe lo que no se hace. Y cada regalo, en esas esferas, lleva aparejada una petición, un favor, una prebenda. Y ¿Quién va a controlar que los ministros no reciban regalos? ¿Es que se hace hoy una lista de los regalos que se reciben en cada despacho ministerial o en casa de su titular? ¿O van a establecer la obligación de que cada uno de ellos haga una declaración mensual de los regalos que recibe?
Mas: El Supremo confirma la sentencia por el montaje contra el director de El Mundo. No diré si me alegro o me conturbo por esta noticia: solo que también las sentencias de la justicia se ponen hoy en tela de juicio y que producen poca seguridad al público; pero me preocupa más que eso el que la sentencia haya sido confirmada por el Supremo a los diez años de producirse el fiasco. Diez años (una buena proporción de nuestra vida, sobre todo si consideramos la vida laboral) ha tenido que estar sometido a las sospechas y correspondientes críticas y descalificaciones el buen nombre de un personaje cuya profesión depende en buena medida de su reputación pública. Y ¿dieciocho años para el conjunto de los autores de la farsa, que al parecer hicieron un montaje en el que se ponía en solfa la decencia moral de esa persona? Si eran seis, tocan a una media de tres años. ¿Tres años para castigar un ataque a la intimidad “de especial gravedad”, “especial insidiosidad” e “intensa ofensividad” (sententia dixit)? ¿Un tal ataque a la honorabilidad tiene esa sentencia que jamás será cumplida por dimes y por diretes? Me aterra verdaderamente seguir viviendo en este país, antiguamente llamado España..
Otro: Putin transmite a Zapatero su preocupación porque (el titular dice “por que”) un atentado pueda cambiar la política de cualquier país. ¿Le estaba regañando? ¿Le conminaba a que las huestes bárbaras (islamistas y vascoterroristas) que habitan y asolan España no repitiesen la jugada en otras latitudes? ¿Qué respondió a ello Zapatero? Simple perplejidad del lector. Y no hemos salido de la primera página.
Otra: GLEZ. DE CHAVARRI (perdón) DE TXABARRI así, a lo vascuence inventado, premia a un personaje que fue procesado por colaboración con ETA. Y el premio que concede “su” Diputación de Guipúzcoa es ni más ni menos que el primer Premio Derechos Humanos. Si, ya sé que no os sorprende, que estamos todos ya concienciados. ¿No fue mucho más tremenda la excarcelación del criminal Ternera porque había sido designado para la Comisión de Derechos Humanos? ¿Qué entienden todos estos paniaguados por “Derechos Humanos”? Y todos lo aguantamos a pié firme. Solo me pregunto una vez más: ¿No hay una fiscalía del Estado que debiera tomar cartas en estos asuntos?
Don Javier de Ybarra nos cuenta en la cuarta que “cuando alguien desea ser, a un mismo tiempo, banquero y empresario, suele surgir el caos de las cuentas”. ¿Nos toma por imbéciles este señor? ¿Se han visto, acaso, cuentas más caóticas que las de un banco? ¿Qué entiende el señor banquero por caos? No se referirá a las cuentas en paraísos fiscales, a los traspasos fraudulentos, a la creación de cuentas opacas fiscalmente, a los chanchullos con los inmuebles de los que se apoderan impunemente cuando están cercanos a finalizar su pago, con beneficios agiotistas… Me parece más bien que se refiere exclusivamente a dos cosas inconfesables: la pertinaz oposición a que alguien que no pertenezca a los clanes bancarios detente el control de un banco; y la reticencia a ser retirado de prebenda tan sabrosa como esa presidencia.
Isabel San Sebastián nos regala con un artículo sobre el agobio montado por el ejecutivo en torno al poder judicial. Lo titula “Montesquieu”. Es otra de las perlas con que nos sorprende el gobierno de la Nación: la separación de poderes es una de las más delicadas prendas que debe de guardar un sistema democrático para asegurar su independencia y no caer en la ruda tentación de tiranía. No es que sea un invento de los teóricos de la Revolución francesa: que algún día escribiré sobre la antigüedad que tal separación tiene en nuestro suelo, desde los tiempos de los Reyes más antiguos: San Fernando, Alfonso X,…. Enrique IV; pero aquí con separación seria y veraz, con separación real y absoluta de los poderes. Son historias celosamente guardadas en el baúl de lo “políticamente incorrecto” y que nos llevan al desconocimiento de nuestras raíces. Pero al menos deberían de guardar las formas y no añadir a la trampa de unos poderes ejecutivo y legislativo partitocráticos herméticamente fusionados, el suplemento malicioso de un control sobre la judicatura. Ahora ya podremos estar seguros de la poca fiabilidad del poder judicial y de las sentencias con que se nos regale, no solo a título privado sino (y esto produce mayor inseguridad ciudadana) a los efectos de resolución de litigios con el sector público.
¿Queréis más? En la última página está, como siempre, el artículo del engolado Francisco Umbral (no recuerdo ahora su nombre real). Es cierto que ha variado en los últimos tiempos sus posicionamientos políticos y que ha llegado incluso a ser un tanto incorrecto (de lo cual me alegro). Pero tiene una manía creciente con el tiempo: su anticlericalismo y su tozuda crítica a la Iglesia Católica, como un Peces Barba cualquiera. Su postura no para en el laicismo: se inmiscuye constantemente en los Dogmas que nada le importan porque no están hechos para él, como no lo están para cualquiera que no los acepte voluntariamente. Y llega a tomar a chufla cuestiones que para muchísimos españoles y para gran parte de los habitantes de este mundo, aún no globalizado, son sagradas. Y ofende; ofende muy gravemente. Tanto, que la mayor parte de las veces que decido leer un artículo suyo (curiosidad para comprobar por dónde pajea según pasa el tiempo) tengo que tirar el periódico al suelo porque no me sale de mis casillas soportar semejantes insultos. He llegado tan solo al párrafo en que dice (no sé si me atrevo a transcribirlo, porque, desde luego, náusea, me produce: lo hago solo porque comprueben las buenas gentes hasta qué punto podemos enfadarnos con sus diatribas): “…porque está escueto de meter goles (habla de Beckham) como San José estaba escueto de darle garlopa a su señora.” Supongo que este señor tendrá padre y madre, aunque ignoro la relación que tenga con ellos, que a lo peor ha hecho como hizo el señor Carrillo (otro excelentísimo) que renegó de su padre y se hizo hijo adoptivo (por su cuenta, claro) de Stalin, ese monstruo de tiranía. Pero conste donde convenga que le mando un recadito para ambos y que todos sabemos en qué consiste el recadito: y no llego ni a la infinitésima parte de su insulto, por lo que lo repito infinitas veces.
Este es el panorama de hoy, el pan con que nos amargan la existencia los Ilustres de la cosa pública. ¿Qué? ¿Nos marchamos?

Javier de Echegaray
jechegaray@siapi.es
17/12/2004 19:14 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector

29/11/2004

EL PODER POLÍTICO CONTRA EL PODER JUDICIAL (Julio de Santa Ana)

imgCgpj2.jpgRecientemente de un tiempo a esta parte estamos asistiendo de forma insólita, totalmente perplejos y boqui-abiertos a las injerencias, abusos y continuos desplantes y claros ataques que provienen desde el poder político hacia el poder judicial.

La independencia del poder judicial es la suma de la independencia de todos y cada uno de los jueces, siendo ello un pilar fundamental en que se apoya y fundamente el Estado de Derecho de nuestra sociedad actual.

Este pilar está siendo soslayado por la clase política, sin respeto ni decoro hacia su independencia y en aras de justificar continuos intereses partidistas intentan socavar las firmes estructuras de la judicatura que día a día contempla con más descrédito y estupor, la politización y el clientelismo a la que se la intenta condenar.

Desde el CGPJ se ha presentado cara al Gobierno y se mantiene un difícil pulso en aras de preservar la propia libertad e independencia que goza por mandato constitucional y empieza a cuestionarse.
Así hace unos días hemos conocido que el máximo órgano de los jueces no descarta acudir al Tribunal Constitucional si el Gobierno mantiene su reforma judicial y plantear un conflicto de competencias, de aprobarse el actual texto contra la reforma que cambia el sistema de mayorías para la elección de los magistrados del TS y presidentes de tribunales superiores de las comunidades autónomas.
La injerencia gubernamental afecta a las competencias que tiene encomendadas el Consejo en la legislación vigente y como se recoge en el durísimo informe que se ha aprobado recientemente tal reforma del Ejecutivo afecta a una de las competencias del órgano de gobierno de los jueces y magistrados, y en concreto, a la relativa a los nombramientos judiciales, pudiendo incurrir tal reforma en un verdadero fraude de ley ya que se pretendería invadir la competencias actuales del Consejo.
Otro asunto reciente cuyos ecos no han desaparecido todavía es la polémica suscitada por el Consejo quien días pasados también aprobó solicitar a la Comisión de Estudios un informe sobre la regulación de matrimonios gays, al entender que se trata de una reforma «de una relevancia social rabiosa, que afecta al funcionamiento de los tribunales» y se trata de un «cambio histórico» en el que entra en juego el derecho a la igualdad, a la no discriminación por razón de sexo, la adopción de menores o la patria potestad, entre otras cuestiones importantes.
La magistratura defiende y entiende que esas materias entran dentro de las competencias que la Ley Orgánica del Poder Judicial, en su artículo 108, que establece y determina cuándo es procedente y conveniente que informe el CGPJ sobre los anteproyectos del Gobierno.
No resuelto ello, el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Francisco José Hernando, se ha mostrado en contra de la reforma legislativa que eliminará del Código Penal la imposición de penas de cárcel para aquellos convoquen referendos ilegales, puesto que, a juicio, aún "subsisten las razones" que motivaron al Gobierno del PP a crear el citado delito a finales del pasado año, subrayando la importancia de que la reforma del Código Penal se realice mediante proposición, en vez de presentarse como un proyecto de Ley, puesto que las proposiciones de ley no precisan de informe preceptivo por el Consejo General del Poder Judicial.
Como se evidencia la relación no puede ser peor toda vez que en declaraciones a Europa Press, se ha explicado que tal petición se efectúa "por pura coherencia con el pasado", ya que "cuando el PSOE era oposición solicitó" que la ley que ahora se quiere derogar "fuera remitida al CGPJ para informe, por lo que por coherencia con los actos de unos y otros y teniendo en cuenta la importancia de esta materia, debería ser remitida para informe" así como que "no hay razones de urgencia que justifiquen en absoluto que se omita el informe del CGPJ y del Consejo de Estado, por lo que juzgaríamos como absolutamente negativa la voluntad de respeto hacia el Poder Judicial".
Llegados a este punto no es de extrañar que la abrumadora victoria de la Asociación Profesional de la Magistratura en las elecciones a las Salas de Gobierno del Supremo, Audiencia Nacional y Tribunales Superiores de Justicia hayan supuesto una clara muestra de que los jueces no están conformes con la política judicial –de diálogo y consenso– del Ejecutivo de Zapatero. La carrera judicial deja claro cuál es su sentir.
En medios judiciales se comentaba que este resultado, en el que Jueces para la Democracia, asociación considerada como afín al Gobierno, ha obtenido peores resultados que Francisco de Vitoria, esta última sin representación en el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) actual, es una respuesta clara de la carrera judicial que, de esta forma, pretende contrarrestar lo que parece que puede avecinar al Poder Judicial.
Fruto de estos resultados el portavoz del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), Enrique López, ha manifestado que la decisión de aprobar en lectura única en el Congreso la reforma del sistema de elección de la cúpula judicial demuestra el "interés" del Gobierno por "llegar a tiempo para interferir en nombramientos en concreto que tienen nombres y apellidos" y que la tramitación por lectura única "supone eliminar la posibilidad de debate técnico de la ley" en comisión y por tanto permite "acelerar los trámites para que se apruebe en un tiempo menor" a través de un "procedimiento arbitrario y atropellado".
La urgencia en la tramitación demuestra que el interés del Gobierno es exclusivamente llegar a tiempo para interferir en nombramientos en concreto ya que en los próximos meses y hasta finales de enero están previstos varios nombramientos, entre ellos los de las presidencias de cuatro de las cinco salas del Tribunal Supremo por la jubilación de sus actuales titulares y la reforma supone una intromisión intempestiva del Poder ejecutivo en el Poder Judicial siendo inexplicables las razones de urgencia, máxime cuando estamos ante una ley que lleva en vigor 25 años.
La última “trifulca” se avecina tras la proposición de Ley del Parlamento catalán que obligaría a que los jueces conozcan la lengua propia de la Comunidad Autónoma en la que estén destinados. El Consejo acaba de pronunciar y calificar esta Ley como constitucionalmente dudosa. Una vez más volvemos a asistir atónitos al plan instrumental de control que desde la política se quiere hacer del poder judicial.
No debemos ni queremos consentirlo. No podemos permitir más el abuso y adulteración de la clase política hacia la independencia de los jueces, ni permitir que la Justicia permanezca ciega, muda y sorda ante el rodillo del poder, sin que éste se someta al imperio de la Ley.
La exigencia de un Poder Judicial verdaderamente fuerte e independiente en el Estado es la última garantía y el último resorte de que los derechos de los ciudadanos y de todos nosotros están debidamente a salvo, asegurados y salvaguardados, frente a la intromisión, el abuso y la tiranía a que nos somete la clase política desde los poderes públicos ”.
Julio de Santa Ana es abogado
29/11/2004 19:28 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector

JOSÉ ANTONIO, ¡QUÉ INCOMODIDAD! (Falangistas de Cartagena)

20NMadrid3.jpgDesde los primeros momentos de su vida pública José Antonio resultó incómodo, desconcertante y causa de desasosiego para las personas próximas a él pero aún no deslumbradas por él. Ya en la ardorosa defensa de su padre el Dictador y una vez exiliado y muerto en París, José Antonio comprueba la tibieza de los otrora entusiastas de la Unión Patriótica paterna. Y los fugaces tres años de actividad política ya plenamente falangista producen una constante desazón entre las derechas ( teórico marco vital en el que se desenvuelve), que no saben si amarle u odiarle; y también entre aquellas izquierdas incendiarias que veían en aquel señorito “fascista” un verdadero competidor que reclamaba para el pueblo más justicia que el odio que ellos profesaban, más igualdad que la de la miseria común y más libertad que la de quemar iglesias.
Vilmente asesinado entre esperpéntica legalidad (¡recuperemos la Historia!), su “presencia” perdura durante la Guerra Civil produciendo una enorme incomodidad entre los mandos militares que le vieron como el más seguido general, que aglutinaba lo mejor de aquellas dos españas fratricidas. Como él era intangible...condenaron a muerte a su sucesor, al segundo Jefe Nacional, a Hedilla.
Durante los cuarenta años siguientes José Antonio fue también incómodo para el régimen de Franco porque la colaboración en la necesaria victoria en la contienda no apagaron las exigencias de justicia social ni de esperanza solidaria tanto entre los falangistas que habían contribuido -¡y de qué manera!- en el esfuerzo bélico, como aquellos otros que parodiando a Ortega decían ¡ no es esto, no es esto!
Y , tras la Transición, tras la practica desaparición de lo falangista de la verdadera vida política nacional, mientras los grupúsculos falangistas nos debatimos entra la miseria y la inanición, entre la división y la atomización, la figura de José Antonio, aún presente en millones de conciencias, continúa produciendo punzante incomodidad, porque cientos de miles de hombres y mujeres de la oposición y de la “posición” han mamado sus inquietudes en las siempre ilusionantes páginas doctrinales joseantonianas. Porque no están cómodos (están “incómodos”) en una mayoritario partido de derechas que no es “ ni carne ni pescado”, que permite abortar, pero “no demasiado ( “solo” unos 50.000 fetos destruidos al año), que transige con unas autonomías que consagran la desigualdad entre los españoles y que fomenta un sistema ultracapitalista que enriquece a los ya ricos y empobrece a los ya pobres. Y tampoco están cómodos los partidos de la izquierda en el poder porque desde su perpetua losa de Cuelgamuros le recrimina la permanencia del odio cainita ante lo espiritual, ante la permanencia de unos pocos valores , ante la unidad entre los hombres y las tierras y las oportunidades y el pan y la justicia...
Y nosotros, los pocos miles que aún nos sentimos iluminados por una doctrina de amor, de honor y de dignidad, por una doctrina que nos acompaña en el peregrinar, también nos sentimos profundamente incómodos cuando nos enfrentamos a otro 20 de noviembre, cuando miramos su retrato, o su austera corona de laurel. Y, sobre todo, cuando los cartageneros –otra vez en la Serreta- a la intemperie- oímos su testamento político y nos sentimos empequeñecidos ante tanta generosidad, ante tanta entrega en un joven de solo treinta y tres años que suplicaba que fuera la suya la última sangre vertida en discordias civiles.
Nuestro deber en esta hora oscura e incierta es “ producir inquietud”, espolear las conciencias para que el objeto de la actividad política y social no sea el “mal menor”, como parece serlo, sino el “bien mayor”, el acercarnos lo más posible a la “ciudad perfecta”, a la armonía entre las tierras y los hombres de España y del mundo
Mientras tanto: ¡Seamos incómodos!
Falangistas de Cartagena. 20 de noviembre de 2.004
29/11/2004 12:39 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector

10/11/2004

EL MITO DEL ESTADO LAICO ACONFESIONAL (Javier de Echegaray)

echegaray.jpgNo es laico, que es profundamente anticristiano, que odia con furibundia de bestia inmunda a la Santa Religión Católica, a su doctrina, a su obra civilizadora de 20 siglos.
No es aconfesional, que confiesa con descaro doctrinas krausistas, darwinistas, marxistas y cualesquiera otras que tengan arraigo en el destartalado y tanto tiempo ha vencido gnosticismo; que acepta y adopta dogmas mucho más estrictos, más autoritarios y tiránicos que la simple y sencilla doctrina cristiana, impulsora de la civilización más justa, más pura, más acabada y más perfecta que han visto los siglos desde que el hombre ocupa y enseñorea la Tierra.
No es democrático, que solo utiliza al pueblo, débil y desnortado agrupándolo en masas moldeables a través de doctrinas idiotas presentadas como la quintaesencia de la modernidad intelectual, para moverlas a su gusto y entramparlas en sanguinarias revoluciones de las que solo se pretende el aniquilamiento de una civilización, la criminal desaparición de numerosos sectores de la humanidad.
Solo le mueve el odio a la Religión (y no la apostillo porque solo la fe católica es la única Religión, que todo lo demás son meras filosofías, sistemas de pensamiento y hacemos parco servicio a nuestra fe tratándolas como iguales); y bajo la falaz concha del laicismo, de la aconfesionalidad, de la manida separación de la Iglesia y el Estado, solo se esconde, ladino, ese odio irrefrenable a nuestra fe; apenas si se adorna con las galas mendaces de tesis mil veces arruinadas que se nos presentan con atributos de religión y que no son más que otros tantos intentos de subvertir ese modelo único e inigualable que dio cultura, luz, veracidad y progreso (auténtico) al ser humano.
Se carga con sus más negros tintes cuando se aplica a Iberia, solo porque Iberia es la última unidad mediterránea que forjó su imperio en defensa y expansión de nuestro Santo Credo (aquel mismo que se formuló en Nicea y que sigue tan vivo como en su primer momento); y que asumió esa labor como único Destino de su ser, con calado eterno que trasciende a lo universal, traspasando los tiempos y los territorios, acaparando el área de la Creación entera.
Porque solo Iberia abomina de sus ininterrumpidos y siempre fracasados intentos de demolición de la civilización que creó la doctrina del cristianismo; y solo Iberia ha conseguido vencer, en desigual batalla, sus conatos.
Durante los tres últimos siglos, la machacona insistencia de sus intentos ha sido respondida con decisión por nuestro pueblo en cualesquiera circunstancias, incluso cuando previamente lo han decapitado mediante la traición felona de un rey que entrega la corona al extranjero hijo de la revolución francesa; o cuando han implantado en nuestro suelo las doctrinas, disimuladas más o menos, de su democracia y nos han puesto en manos de nuestros enemigos, al albur de sus traiciones inexcusables.
En estos tres siglos, han conseguido la expulsión de los Jesuitas, el instituto más digno, inteligente y eficaz de cuantos han surgido de la Iglesia, solo porque se formó con el designio fundamental de luchar contra sus falacias y contra las desviaciones que infiltran en las masas; han conseguido que todo un Papa de la Iglesia Católica firmase la disolución de esa misma Orden mientras comentaba que aquella firma condenaba su alma; han arruinado para siempre el único tribunal que consiguió con su firmeza evitar tanta desgracia para la humanidad; han llevado a cabo el mayor expolio de la Historia apoderándose con artes de ratero barriobajero de los bienes que el pueblo, durante siglos, había puesto a disposición de la Iglesia a mayor gloria de Dios y que, por tanto, tenían carácter de sagrados, o quemándolos cuando no han podido robarlos, borrando así las mejores obras de arte que jamás el ingenio humano alumbró y cambiándolas por mamarrachadas infantiles y torpes, sin arte ni gracia, a las que llaman arte tan solo porque sus marchantes internacionales han pagado sumas significativamente altas por ellas; han llegado a proclamar, con el apresuramiento y la improvisación del torpe, que España había dejado de ser católica, en boca de ese imbécil, blandengue y maleable Azaña cuyas indecisiones cavaron su propio infortunio, abandonado de sus corifeos tan traidores como él mismo; han asesinado a mansalva sacerdotes, vírgenes entregadas a Dios, Obispos y Cardenales, simples creyentes, en racias que llegaron al más alto de sus clímax cuando un puñado de maleantes exterminó en el término de dos o tres meses a 12.000 cristianos por el mero hecho de serlo, ante la mirada complacida del poder político o promocionado por él mismo. Machacan con su incerebral cerrilismo iterante a este Imperio que aún hoy forma el último baluarte, rayo de esperanza, para una humanidad desasistida, a punto de fenecer por los siglos; manchan cuanto tocan y convierten a la sociedad en una nueva Sodoma delirante y sucia en la que vale cuanto degrada al ser humano y sus instituciones más preciosas y destruye nuestras más caras y altas instituciones.
¿Por qué tanto encono y tanta concentración en nuestra Patria, cuando vemos que en otros parques en los que se inyecta el veneno de la democracia, no se exige con virulencia tan inusitada ese laicismo, esa aconfesionalidad y esa mustia separación de Iglesia y de Estado?
Ni aún en la Gran Bretaña, solar en que se inventa la tramoya y artificio del sistema, encontramos remedos de tanta mala fe en esta lucha. Yo os diré por qué:
Aún la corona es allí jefatura de la iglesia Anglicana y parece que eso no molesta para nada a la democracia, a pesar de lo que ésta impone al resto del mundo como ejemplo paradigmático de todas ellas. Está claro que lo decretado para los demás países democráticos acerca de esta separación, no manda para nada en la ejemplar Inglaterra; que a nadie molesta que allí no se cumplan los requisitos de una separación evidente entre ambas fuerzas. Cabe preguntarnos a renglón seguido las razones de esta distinción que hace que no sea combatido allí lo que la democracia persigue a fuego en Francia, en Alemania, en los propios Estados Unidos. Y no necesitamos ser muy agudos para encontrar la respuesta: la Iglesia Anglicana no estorba para nada los designios del poder oculto que es quien imparte las normas de obligado cumplimiento de la democracia. La victoria de los ocultistas sobre la Iglesia Católica en Inglaterra se consumó hace ya muchos años, cuando la camarilla de consejeros (todos ellos sionistas) de un gran imbécil como lo fue Enrique VIII, aprovecharon sus veleidades sexuales que le llamaban al lecho de Ana Bolena (astuta dama de Catalina de Aragón que supo atraer las aficiones sensuales del Rey y se negó después en rotundo a transigir con ellas si no fuese por ocupación del tálamo nupcial) y ante la lógica oposición de Roma a conceder una nulidad que no tenía apoyatura alguna en el Derecho Canónico. Aprovechó, digo, para proponerle la separación de la Iglesia Católica y la constitución de su propia iglesia en la que el monarca de turno sería jefe nato de la misma: pudiendo entonces manejarse a su antojo y separándose así “legalmente” (entre comillas porque es mero subterfugio ajeno a la moral natural y, por supuesto, a las normas de la Iglesia) de su esposa, con lo que conseguía sus libidinosas pretensiones de yacer con la barragana que, muy a pesar de todo, no cambiaría su calificación moral íntima. Al baboso le gustó la jugada; y pronto se le pusieron a disposición las constituciones de una nueva iglesia que denominaron astutamente Anglicana (nadie es capaz de pretender que el imbécil fuese capaz de formular todo un credo y una constitución pseudoteológica), consumando así la separación de la obediencia a Roma, propósito indiscutible de sus corifeos. La cosa es más complicada y tiene connotaciones más extremas: como resulta lógico, los certeros, sibilinos y ocultos constructores de la nueva religión, se instalan en las propuestas del protestantismo (de muy superior calado que el que hoy se le concede en muchos aspectos pero, en lo que respecta a nuestro discurso, el de haber sido cuna de nacimiento de las modernas tendencias materialistas que dejan camino libre a la expansión de políticas economicistas y hedonistas, permitiendo la entrada y el asedio al que hoy estamos sometidos los países de occidente). La camarilla se afianza de tal modo en el favor continuado de la corona inglesa, que proceden a concentrar la mayor parte del pueblo judío en sus territorios y que se construye el primer punto de expansión del sionismo en el mundo (algún día trataré este importante aspecto del Reino Unido). ¿Qué importa, a partir de estos postulados, que una corona directamente controlada por el poder soterrado del sionismo, vaya pareja y asociada con una iglesia creada a medida de las necesidades de Sión e instrumento seguro de la defensa de sus planteamientos fundamentales? La desvinculación de Roma se ha consumado y cualquier otra doctrina es incapaz de estorbar el avance de los encubiertos asaltantes. No es allí, por tanto, donde debe de librarse batalla contra los efectos vivíficos que la Iglesia Católica pueda infundir a la política de cada país sino, bien al contrario, la ayuda que el sionismo recibe de su subsistencia es del todo acorde con sus pretensiones. Por lo que ahí tenemos, al pueblo inventor de la democracia e impulsor de las constituciones que obligan por encima de cualquier otra norma a la maliciosa separación, al laicismo atrabiliario, haciendo gala de no aplicarse el dogma como ejemplo.
El resto de las democracias (Francia, Alemania, Estados Unidos) sí acogen en sus normas la necesaria independencia de los poderes político y religioso; pero son preceptos descafeinados, carentes siempre de la obstinación y el encono con que se ha tratado este aspecto en la carta democrática en España.
Ninguno de los pueblos que han abrazado sistemas democráticos representan un peligro tan visible e inmediato sobre las pretensiones del sionismo: la vieja y gastada Francia, adormecida ya durante dos siglos largos con el opio de una Revolución infame y asesina, no tiene necesidad de más requisitos para cumplir los objetivos sionistas que los de la separación de Iglesia y Estado, no vaya a ser que un gobierno que acatase las normas de la Iglesia Católica (solo pensarlo da risa: ¿os imagináis al gran mallete del Gran Oriente francés adaptándose a las instrucciones de Roma?) diera al traste con una labor completa y terminada. En cuanto a Alemania, aún habiendo sido dominada por el sionismo en lo material y en lo intelectual, ha puesto de manifiesto que cualquier descuido les puede llevar a medio descubrir los arteros manejos de una invasión silenciosa y oculta y a revelarse contra ella. Pero el problema que plantea Alemania es de orden muy diverso. Su metodismo teutónico que en muchos aspectos no es más que cabezonería cerril y que tan útil les ha sido para determinados sectores de la actividad humana, les impide reconocer e identificar los arcanos del destino político de los pueblos. Y, por supuesto, tampoco del suyo propio (tal vez sea que no lo tengan y que solo se guíen por utilidades técnicas). Lo cual les lleva, irremediablemente, a la confusión. En efecto, en su última y desesperada lucha contra la opresión a que estaban siendo sometidos por parásitos infiltrados que habían hecho presa en sus fuentes económicas, en sus medios de producción, en sus circuitos comerciales y les asfixiaban con sus manejos y sus usuras, cometen nada más y nada menos que el más grave error: el abrazar una tesis racista contra las tesis racistas de sus encriptados invasores. Con la diferencia de que el racismo que subyace en los planteamientos sionistas es universal y muy elaborado, de muy amplio espectro temporal; y el racismo que abrazan los teutones como reacción, es pequeñito, de vía estrecha, de reducidas miras locales. Cuando dos tesis se enfrentan y ninguna de las dos es portadora de la Verdad Absoluta, la que es más completa es la que vence. Luego era inexorablemente previsible la ruina de la nación alemana. En este caso, insisto, para el sionismo carecen de importancia ideológica los planteamientos de Alemania: un país que dio nacimiento a las tesis protestantes, que ha sido cuna y campo de cultivo de toda filosofía del Anticristo, que toma por racionalismo una cosa que está muy lejos de la razón, no debe de ser combatido con las armas de persecuciones religiosas. Los ataques se centran allí fundamentalmente en la corrupción del pueblo (en especial de la juventud) y en la prevención del renacimiento de nacionalismos exarcebados y fanáticos que les lleven a nuevas ansias expansionistas. Y es la política que se ha llevado a efecto con ese desdichado pueblo. La rematan poniendo a la cabeza de cualquier resurgimiento nazi agentes que lo inutilizarán en el momento más crítico. O provocando ellos mismos esos resurgimientos para atraer a un corral vencido de antemano a la clientela política que aún es capaz de no sentirse avergonzada por su historia.. No tiene mayor importancia la oposición a los posibles efectos de una recaída en la obediencia católica.
Los Estados Unidos forman un cuerpo amorfo, muñeco de paja elaborado a la medida de las aspiraciones sionistas cuando el sionismo decidió trasladar su capitalidad a la Nueva York de esa gran muralla que es Wall Street. La proliferación de capillitas de distinto credo protestante y el fraccionamiento de los cultos en un mosaico multidisciplinar, resta importancia a la lucha contra la Iglesia Católica y mantiene los fines del poder mundial sin mayores distracciones. Cuando alguna vez ha surgido un peligro de expansión del catolicismo, se ha solapado mediante el asesinato directo y aún con la caradura de explicaciones apresuradas y someras que han formado un cuento que ni aún los niños tragarían.
¿Por qué, entonces, en las constituciones que dictan para España y en los esfuerzos no constitucionales, se acerba hasta extremos de paroxismo el anticatolicismo? Algunos de mis lectores (si es que los tengo, que jamás presumiré de que existan y menos con el rango de habitualidad) podrá recordar que en un artículo a propósito de los dicterios del tal Borrell y su arremetida contra el Santo Tribunal de la Inquisición (creo recordar que el artículo se intitulaba “La Respuesta de España”) di a conocer un texto masónico (mencionaba el lugar en que podía ser examinado) en el que después del desmantelamiento del Tribunal se daban órdenes muy concretas en 1.823 y 1.825 para que, por todos los medios que fuesen necesarios y por muy costosos que éstos fueran, se evitase de cualquier manera el restablecimiento del dicho Tribunal: y confesaban los mandilones que emitían tales órdenes que “sólo una institución como esa podría acabar en tres meses con la labor que habían desarrollado las logias durante noventa años”.
He aquí la médula del problema: Una España dirigida y auspiciada moralmente por la Iglesia Católica sería imposible de desmantelar por los planteamientos del sionismo. En España no basta con que se consiga la separación del Estado y la Iglesia: las experiencias de acción sobre nuestro pueblo les han convencido finalmente de que esa separación no tiene efectos graves sobre nuestro pueblo: porque por muy controlado que tengan el poder, por mucho que lo inunden de traidores masones y de sionistas disfrazados, el pueblo sigue fiel a su fe católica y desconfía de poderes que le llevan a la ruina moral y material. Consiente tales gobiernos si no le queda más remedio: pero se pone de espaldas a ellos y sigue obedeciendo fielmente las instrucciones que emanan del púlpito. De nada les vale el gigantesco esfuerzo que han tenido que aplicar, los enormes dispendios que han debido realizar, el costo de la compra de tantas voluntades débiles, porque al final triunfan las esencias del pueblo español y acabamos expulsándolos de los sitiales que tan inicuamente han ocupado. Pueden seguir matando desvergonzadamente católicos en España (curas, monjas, jerarquías, simple creyentes que rehúsan renegar de sus fe): se transformarán en nuevos ejemplos para el resto del mundo y su sangre será semilla que dará nueva fuerza al árbol inagotable de la fe en Cristo Dios: como han podido ver con las multitudinarias canonizaciones que S.S. Juan Pablo II ha hecho de mártires de las hordas rojas durante la República y la consecuente Guerra.
Sólo se me puede preguntar por qué en esta ocasión, en la constitución del 78 no se refleja un odio tan mortal como en las anteriores a la Iglesia y a sus instituciones. Es fácil: ni lo permitían las circunstancias ni era aconsejable con la coexistencia de experiencias históricas recientes que aún estaban en la memoria de la inmensa mayoría. Pero tiene el mismo poso y ahora empiezan los devaneos de una persecución de mayor encono que nos llevará a las mismas. Ninguna otra cosa pretende el diálogo político continuado al que asistimos en cuanto a los cambios en la Constitución: secesionismo y esa pretendida “laicidad” más torpe y exacerbada que hasta ahora son su norte y sus guías.
Sí hemos de advertir, como guía de viaje de los débiles, que las cosas vienen peor dadas en esta avalancha: las enseñanzas que recaudan en cada una de sus derrotas les hacen rectificar y atacar con nuevos trucos. Y el peor de ellos es el de la infiltración. Han calado con fuerza en sectores importantes de la Iglesia Católica las mentiras de una necesarias disyunción de ambos poderes; en unos casos por ignorancia y por convicción de la propaganda enemiga; en otros, por la infiltración de ideas laicas y vitalistas (en el sentido de su contenido económico) que vienen de la mano de doctrinas como la “Teología de la Liberación”. Y hora es ya de que empecemos a desmontar esas farsas que parecen haber tomado carta de naturaleza entre nosotros. La fuerza insistente de una censura inmisericorde sobre el pensamiento moderno y sobre los medios de comunicación se adueña hasta de nuestra ideología y llega a transformar en verdades proposiciones que son falsas y torticeras desde sus inicios y que han sido ya combatidas con fuerza y eficacia desde nuestra limpia patrística. Pero el enemigo es contumaz y, acaso falto de mayor inteligencia para idear nuevas patrañas, vuelve sin descanso sobre las mismas que ya hace más de 20 siglos expuso.
Nosotros entendemos que un Estado, que es el encargado de hacer la política de una Nación, no puede caminar a ciegas en el terreno de la moral y de la ética. Es fundamental que un credo ético y moral informe los límites de sus normas, de su legislación, de su justicia y de todos sus planteamientos, incluso de las formas de llevarlos a cabo. Y que esté siempre iluminado por la fuerza de su destino histórico, único al que debe de atender en su desarrollo. De lo contrario vivimos en la barbarie y sometemos a los pueblos al capricho, este sí tiránico, de quienes tienen en su mano la decisión de los poderes que conforman el Estado. Hasta los pueblos más primitivos tenían sus códigos religiosos a los que se plegaban todas las decisiones del poder; y sus sacerdotes, o magos, o arúspices, o lo que fuesen en cada escala de la civilización, informaban a los poderes públicos de la moralidad de sus actos. No parece que sea conciliable con esa tendencia universal que ahora vengan a despegarnos, a arrancarnos de nuestras convicciones morales y pretendan que puede campar por sus fueros el poder político sin sujeción ninguna a la norma moral. Y esto pasa y se repite en todos los pueblos de la Tierra que abrazan como sistema político la democracia: quieren actuar a su manera, fuera de cualquier planteamiento moral o de justicia; y como no pueden dictar las normas que les permitiesen esa marcha, por lo aberrante e inhumano de sus planteamientos, optan por despojar a los pueblos a los que atacan de cualquier defensa legal, jurídica o de policía.
Muy en especial tratándose de un pueblo como el español cuyo único destino histórico es el de propagar la fe católica en el mundo entero para lograr esa Paz Universal tan deseada por todos pero que tiene dos enfoques muy distintos: se alcanzará bajo la Verdad universal del cristianismo o bajo el imperio de las sombras del satanismo. Los pueblos, confundidos por el avance de las ideologías y tribus del segundo, han olvidado la distinción de ambos caminos y anhelan esa paz con el falsete de su conducción a la Gran Mentira Universal; y se la ofrecen instaurada ya, sin que medie proceso alguno de mostrar su pretendida supremacía o de la conquista natural de sus fines.

El caso español es muy especial y requiere de un trato especial por parte de nuestros enemigos. La catolicidad del Estado es consustancial a la idea misma de la Patria Hispana, siendo ambos términos el uno definitorio del otro e inseparables en su esencia. Entendemos el Estado como la institución cuya finalidad única es el ordenamiento de todos los medios humanos, espirituales y materiales de la Patria a la consecución de su Destino Histórico; nunca como instrumento de procura del bienestar material del pueblo. Con la grandeza de España queda cubierto el objetivo de que nuestro pueblo tenga acceso a los medios que le son necesarios para su normal desarrollo y para el cumplimiento de sus funciones trascendentes; la abnegada entrega de individualidades, que ponen en riesgo sus propias vidas y fortunas, a tan trascendental Empresa, procura la grandeza y la riqueza a quienes se han mostrado merecedores de detentarla, únicos que deben tener acceso a los rangos sociales superiores porque su sacrificio y su valor es la única garantía de que no abandonarán la procura de sus fines.
Por eso, sólo por eso, los medios y los instrumentos de devastación de la cultura tradicional, en el caso de España, han de ser más severos que los aplicados al resto de los países de Occidente: la educación laica debe de imponerse como imperativo indispensable y con caracteres más lúgubres que en el resto del mundo –hemos de producir monstruos sin cultura desconocedores de sus raíces, desarraigados de su historia y de su pasado-; la persecución a la Iglesia debe de ser demoledora; las órdenes y los clérigos deben de desaparecer; sus bienes y los bienes comunales han de ser asaltados y la persecución es a muerte y se acompaña con la consigna de proceder a la destrucción integral de segmentos completos de la sociedad. He aquí el secreto del uso de tan extremos procedimientos en el caso de España.
Nosotros deseamos un Estado que tome base firme en la doctrina de la Iglesia católica; y una Iglesia resuelta a asistir los derechos del Estado y marcar la línea de su moralidad. Y confesamos la voluntad de que Estado e Iglesia caminen juntos por la vía de la consecución de nuestro Destino Histórico Universal. Abominamos de cuantos cantamañanas inundan nuestros oídos con la salmodia vieja y gastada de abandonar a su suerte a la Santa Iglesia Católica. Pero, ¡ay de aquel que utilice el púlpito y la cátedra de Pedro para propalar la ignominia de las mentiras y de la confusión!

Javier de Echegaray
jechegaray@siapi.es
4 de Octubre de 2.004
10/11/2004 12:04 Enlace permanente. Tema: El rincón del lector


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