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EL MOMENTO ADECUADO (Javier Compás)

EL MOMENTO ADECUADO (Javier Compás) En el prólogo de su libro de 1980 La paz ha terminado, decía el gran escritor Rafael García Serrano: “Muchos pensaban ya entonces que cuanto más se agravasen las cosas antes se arreglarían, sistema que equivale a dejar prosperar el cáncer para mejor curarlo, y abundaban los españoles solitarios, sin encuadramiento, esperando que surgiese la ocasión de tornar al buen cauce o a la aparición de alguna figura capaz de tomar las riendas a tiempo de evitar la catástrofe”; se refería el insigne periodista y escritor falangista a la desintegración que, desde el mismo seno del Movimiento, se estaba produciendo en el régimen del 18 de Julio. El asesinato de Carrero Blanco y la próxima muerte del mismo Franco haría desembocar a España en la llamada transición democrática.

La caverna, el bunker, el inmovilismo, eran los “alias” que por aquel entonces se endilgaban a los más recalcitrantes del Régimen; al parecer, toda España, que poco antes se agolpaba en la Plaza de Oriente para aclamar al dictador, clamaba democracia, partidos políticos, urnas y ¡oh miseria!, autonomías. Los agoreros que veían un grave peligro en el estado de las autonomías que nacía a la luz de la nueva constitución, eran una minoría de facciosos irreductibles, catastrofistas, que auguraban el comienzo del fin de la unidad de la patria.

Y aquí estamos, casi 30 años después, con el nacionalismo catalán imparable con la ayuda del PSOE y la incompetencia del PP, con un Plan Ibarreche en Vascongadas apoyado en los asesinos de ETA, qué imagen, ese Arnaldo Otegui bajando con una sonrisa por la escalera del parlamento vasco, leyendo impunemente en la tribuna de oradores una carta de su compinche Josu Ternera; ese abrazo posterior en el pasillo de Ibarreche y Arzallus y, para que la fiesta sea completa, los Reyes Magos les van a regalar la puesta en libertad del valiente gudari De Juana Chaos.

Pues aún hay muchos españoles en su casa, esperando, algunos votando al PP con la nariz tapada, otros aguardando no se sabe qué. Hay quien, en un intento más voluntarioso que convencido, se acerca a alguno de esos partidillos minoritarios que, unas veces guiados por algún viejo iluminado trasnochado y otras por algún jovenzuelo más o menos temperamental que en cuanto encuentra trabajo estable y se casa, atempera el espíritu, se pone corbata y sigue apoyando moralmente a la causa.

El intento más serio que en los últimos tiempos ha aparecido en el panorama político español enarbolando ciertos valores de los que muchos echan de menos en los partidos mayoritarios, ha sido la presentación de Alternativa Española. Puesta en escena espectacular en el Palacio del Parque Ferial Juan Carlos I, esperanzadoras palabras de su secretario general Rafael López Dieguez y un público nada casposo, pero... ¿dónde está AE?. Nos consta que este tipo de partidos tienen muchos problemas de financiación, son víctimas del boicot de una prensa en manos de los partidos parlamentarios y sufren el estigma del neofranquismo.

Bien es verdad que las cosas en AE se están haciendo con precaución, con planificación y con la vista puesta en un camino largo y difícil, igualmente me consta la solvencia intelectual y humana de López Dieguez, pero quizá haya que dejar que aflore un poco el temperamento encausándolo con imaginación.

Ha sonado la hora en que la patria necesita de sus mejores hijos y a esa llamada hay que acudir sin pensar en las consecuencias o en los momentos oportunos; los enemigos son muchos y están envalentonados porque no encuentran ningún tipo de oposición.

He oído hoy día a quien, como hace años decía García Serrano de otros patriotas, dice que cuanto peor se pongan las cosas más fácil lo tendrán los que quieren una España mejor, pero quizás se encuentren que cuando quieran arreglar la casa se la ha llevado la ola gigante del separatismo, del terrorismo, del laicismo, del aborto y la eutanasia, de las familias contra natura, de la ineducación de los niños y jóvenes, de la televisión basura, de la delincuencia, de las mafias extranjeras, de los inmigrantes multiplicados por miles con sus culturas y religiones enquistadas en nuestros pueblos y ciudades, de la desaparición de nuestras mejores empresas en aras de la globalización capitalista, de la desertización de nuestros campos, vendidos a la subvención, desmontado por la Europa comunitaria, sigo, o es que aún no es el momento.

Javier Compás es Licenciado en Historia
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